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La liturgia celestial en el Apocalipsis de Juan


En Ap 4-5 encontramos una descripción detallada de la liturgia celestial, y lo que es más notable de una serie de himnos que se entonaban en las alturas (y presumiblemente en las comunidades cristianas). Los himnos, estrechamente relacionados entre sí, son cinco: 4,8; 4,11; 5,9–10; 5,12; y 5,13. Cada uno de ellos incluye términos culticos y de alabanzas, implicando a toda la creación en la adoración divina. Y es que, a iniciativa de Dios, toda la creación es llamada (Ap 4) y reunida delante del trono (5,13) a través de la salvación a partir de la cruz (5, 9-10). Esto implica no sólo el exaltar la soberanía divina a través de estos himnos, sino que también la transformación del creyente a través de la adoración del creador. Estos himnos se ordenan en una estructura tríadica:

1. Dos himnos a Dios mismo (Ap 4,8 [A], 11 [B])

2. Dos himnos al Cordero en sí mismo (Ap 5,9b–10 [C], 12 [D])

3. Un himno de toda la creación a Dios y al Cordero juntos (Ap 5,13 [E]).

El vidente comienza (4,2b-7) describiendo el trono de Dios rodeado de rayos de luz, voces y de diversos grupos angelicales. Además de atender la liturgia celestial, observa las cuatro creaturas que rodean al trono, los 24 ancianos, todos los ángeles y finalmente toda la creación. Esta descripción del área posterior al trono termina con el primer himno a Dios entonado día y noche por las cuatro bestias:


“Santo, santo, santo el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir” (Ap 4,8).

Este himno, conocido por la comunidad cristiana, conecta la liturgia celestial y la terrena. Luego de este canto viene la descripción de la alabanza que recaía sobre aquel que estaba sentado en el trono (Dios mismo) entonado por las bestias y los 24 ancianos diciendo:


“Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas” (Ap. 4,11).


Luego viene la descripción de la misión y del propio Cordero (5,1-5. 6-7), que antecede una nueva adoración, en el corazón del mundo celestial, de los 24 ancianos y de las cuatro bestias por medio de una nueva canción al Cordero en sí mismo:


“Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap 5,9b-10).


Más allá de este núcleo se encontraban millones y millones de ángeles que también cantaban un himno al Cordero:


“El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza” (Ap 5,12).


Más allá de los ángeles, toda la creación se une exclamando un himno a Dios y al Cordero juntos:


“Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás” (Ap 5, 13).


Toda esta sorprendente liturgia termina de nuevo en el circulo más intimo, en el corazón del santo de los santos, cuando las bestias responden “Amen” a los himnos y los ancianos se postraban en tierra (5,13). Entonces la narración continua cuando el Cordero que había tomado el libro de las manos de Dios (Ap 5,8) lo abre (Ap 6,1) dando lugar a la redención prometida por Dios. Es interesante constatar que en 5,5 uno de los ancianos se relaciona a Jesús como “el león de la tribu de Judá” haciendo referencia al carácter real de Jesús; mientras que 5,6 hace habla de Jesús como el “Cordero” haciendo referencia a su rol sumo sacerdotal. Aunque no explícitamente lo que está de fondo es la transformación de Jesús resucitado. Como sea, según los himnos mencionados Dios es el único que determina el tiempo y el espacio de la salvación, las fuerzas profanas que reinan la tierra no tienen ningún poder sobre el destino definitivo del hombre. Este es el contexto adecuado para entender el por qué de las calamidades que se extenderán una después de la otra en la tierra. Dios es el que lleva las riendas, no os preocupéis, Dios es el único que está sentado en el trono. Para más detalles: Heavenly Realms and Earthly Realities , p. 67-84.