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Pablo y el Templo: el cuerpo como templo de Dios

En otras entradas hemos visto la importancia que tenía el templo de Jerusalén para Pablo (ver: Pablo y el templo: el sacerdocio y el ministerio a los gentiles.Pablo y el Templo: La comunidad donde habita la Santidad de DiosEl matrimonio mixto, la pureza sexual, y el templo ). Hoy queremos ver otro texto que apunta al mismo sentido. Se trata de la pregunta de 1Cor 6,19: ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  Las primeras palabras “¿O no sabéis?” (ἢ οὐκ οἴδατε ὅτι ) nos recuerdan a 1Cor 3,16-17 que también comienza con una pregunta retórica que supone un conocimiento ya adquirido por la comunidad: somos el templo donde habita el Espíritu de Dios.  El contexto, sin embargo, es distinto. Ya no se trata de una polémica en contra de quienes quieren dividir la comunidad alegando pertenecer a Apolo, Pedro, o Pablo mismo. El contexto ahora es, por una parte, la conducta sexual escandalosa (para Pablo) de algunos miembros de la comunidad cristiana: uno duerme con la esposa de su padre (1Cor 5, 1-8), otros duermen con prostitutas (1Cor 6,15); y por otra,  diferentes consejos que responden a preguntas concernientes al matrimonio (1Cor 7,1-16). Al final, la frase que explica este contexto de 1Cor 6, 19 es: Todas las cosas me son lícitas, (1Co 6:12). Esta frase, seguramente repetida por los miembros de la comunidad,  es interpretada por algunos como la posibilidad de poder hacer cuanto me plazca por la libertad (que relativiza todo) ganada por Cristo.  Pero, ¿es esto verdad? ¿Puedo hacer lo que verdaderamente me de en gana por cuanto todo se ha relativizado en Cristo? 


La respuesta de Pablo apunta a una dimensión social (como en 1Cor 3,16-17) como personal: la comunidad y el individuo son templo del Espíritu de Santidad que es propio de Dios.  Efectivamente, Pablo habla del “cuerpo” (σῶμα), término que no sólo se refiere a un sujeto determinado, sino que refiere a una realidad colectiva, la comunidad, compuesta de diferentes miembros (1Cor 12,12.14. 26-27). Es por lo mismo que Pablo pregunta en 1Cor 6,15: ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, acaso, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De ningún modo! Y es que lo que yo haga con mi cuerpo tiene repercusiones en el templo que es la comunidad. Lo que está detrás de esta sentencia es Gn 2,24, pero entendido no sólo desde una perspectiva individualista, sino también comunitaria. Lo que yo haga, como miembro de un cuerpo mayor, afecta al templo que es la comunidad entera. Este planteamiento también está presente en el castigo propuesto para el hombre que se acostaba con la mujer de su padre: entregad a ese tal a Satanás para la destrucción de la carne (εἰς ὄλεθρον τῆς σαρκός ), a fin de que el espíritu (τὸ πνεῦμα) sea salvo en el día del Señor Jesús (1Cor 5,5). Como veis en este anunciado se habla de la “carne” y del “espíritu” sin preposiciones. Esta ambigüedad abre la puerta a una doble interpretación que no se contradice: se trataría del “cuerpo” del sujeto y de la comunidad (que es un cuerpo formado por varios miembros) y del “espíritu” en las mismas acepciones individuales y colectivas (ver: El cuerpo de Dios (I)...aproximaciones generalesEl Cuerpo de Dios (II)....visiones y erotismo). La inmoralidad de la persona en cuestión atañe al templo del individuo y de la comunidad. Lo que está en juego es el concepto de la Santidad, tan importante cuando estudiamos el templo de Jerusalén. La Santidad implica pureza, la separación desde lo profano para hacerse apto a lo divino. De ahí entendemos una frase como la de 1Cor 6,13: el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo.  Para más detalles: John R. Levison, “The Spirit and the Temple in Paul´s Letters to the Corinthians”, en: Paul and his Theology, Brill, p. 200-207.