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El Evangelio de Judas critica a la Iglesia

El Evangelio de Judas es una obra gnóstica de carácter setiano que ha despertado el interés del público general y un interesante debate entre los especialistas. Es un texto polémico desde su génesis, entre otras cosas, por el interés del autor por denunciar a las autoridades eclesiásticas de la época por descarriar a los cristianos. Estas autoridades no son sino los herederos de los doce apóstoles que son caracterizados como servidores de un dios falso e ignorantes de la verdadera identidad de Jesús. Y él (Jesús) estaba en Judea con sus discípulos. Un día los encontró sentados, congregados, ejercitándose en lo divino. Cuando [se aproximó] a sus discípulos congregados, sentados, realizando la acción de gracias sobre el pan, se rio. Y los discípulos le dijeron: “Maestro, ¿por qué te ríes de nuestra acción de gracias? ¿Qué hemos hecho? Esto es lo correcto”. Él respondió y les dijo: “No me río de vosotros. Vosotros no hacéis esto por vuestra voluntad, sino que a través de esto vuestro dios [recibirá] alabanza”. Dijeron: “Maestro, tú […] eres el hijo de nuestro dios”. Jesús les dijo: “¿De qué modo me conocéis? En verdad os lo digo: ninguna generación de las personas que hay entre vosotros me conocerá [aquí hay que entender el verbo conocer con toda la riqueza que se le adjudica en los círculos gnósticos]” (33, 22-34,17). Como consecuencia de esta ignorancia nace las reacciones pasionales que tanto aleja a las personas del ideal gnóstico. Cuando sus discípulos oyeron esto, empezaron a irritarse. Y se encolerizaron y blasfemaron contra él en sus corazones. Cuando Jesús vio su ignorancia, les dijo: “¿Por qué la turbación de la cólera? Vuestro dios, que está dentro de vosotros, y sus […] se irritaron con vuestras almas” (34,18-35,1). La ignorancia y las pasiones de las autoridades eclesiásticas tienen como víctimas a los cristianos que se dejan conducir por ellos. En otras palabras, los cristianos están adorando a un dios falso.  Jesús les dijo: “Vosotros (sois) los que aportáis las ofrendas al altar que habéis visto. Ese es el dios al que servís, y los doce hombres que habéis visto sois vosotros; y el rebaño que es llevado son las ofrendas sacrificiales que habéis visto, a saber, la multitud que vosotros extraviáis ante ese altar”  (39,18-40,1). Por último, estos mismos apóstoles son los que lapidan a Judas, de acuerdo a una visión que éste tiene: Me he contemplado en la visión: los doce discípulos me apedreaban y me perseguían […] (44, 24-45,1).