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La Ley y el Espíritu (2Cor 3, 7-11).

En otras entradas he explicado el rol que juega la Ley para Pablo, especialmente en relación a una antropología adámica (aquí,  aquí,  y  aquí ). Hoy me gustaría ver un texto que contrasta la idea de la Ley mosaica con el Espíritu. Se trata de 2Cor 3, 7-11: Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, de tal manera que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés por causa de la gloria de su rostro, que se desvanecía (7), ¿cómo no será aún con más gloria el ministerio del Espíritu? (8) Porque si el ministerio de condenación tiene gloria, mucho más abunda en gloria el ministerio de justicia (9), Pues en verdad, lo que tenía gloria, en este caso no tiene gloria por razón de la gloria que lo sobrepasa (10). Porque si lo que se desvanece fue con gloria, mucho más es con gloria lo que permanece (11). Este texto es un comentario a Ex 34, 29-32  que habla de la gloria que acompañó la realización de la alianza mosaica en el Sinaí.  Ocupando el argumento rabínico del menos al más Pablo quiere enfatiza el cuanta más gloria acompaña la segunda alianza. Las causas de esta mayor gloria se pueden resumir en tres elementos: el ministerio del Espíritu es superior al ministerio de la muerte; el ministerio de la justificación es superior al de la condenación; y el ministerio que es para siempre es superior al que es temporal. Y es que todos estos argumentos parten de la premisa que la Ley condena y mata (o que es impotente frente al pecado) (Rm 7,10), mientras que el Espíritu es dador de vida. De allí que la primera alianza se haya escrito en piedra.  La cuestión es, ¿acaso Pablo desconoce uno de los elementos más distintivos de la ley mosaica, precisamente el dar vida? Recordemos Lv 18,5: "Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy el SEÑOR. Por otra parte, surge una pregunta igualmente importante, ¿por qué Pablo tiene una visión tan preponderantemente ética de la Ley mosaica? Para más detalles: Colin G. Kruse, “Paul, the Law and the Spirit”, en:  Paul and his Theology, Brill, p. 110-112.