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¿Cómo regresar al Jardín del Edén?



El Jardín del Edén se refleja, como en un espejo, con el mundo venidero del fin de los tiempos. Ambos representan la condición humana ideal. A esta se llega (o se recupera) a través de tres maneras. La primera es a través de la acción redentora del mesías. Varios textos apuntan en este sentido. Es el caso del Testamento de Levi que al hablar del mesías sacerdote dice que él va incluso abrir las puertas del paraíso; él va a sosegar la espada que amenaza a Adán y le va a dar a los santos de comer del árbol de la vida (18,9-11). También el 3Baruc anticipa el arribo del Arcángel Miguel quien va abrir las puertas del cielo. Y es que no es posible entrar a través de ellas [las puertas] hasta que Miguel, el propietario de las llaves del reino, venga (11,2).  Fijémonos también en una interpolación cristiana al Apocalipsis de Elías, donde Jesús se une a los arcángeles Gabriel y Uriel conduciendo a los justos a la tierra santa donde se les dará de comer del árbol de la vida (5,2-6). En el Apocalipsis de Juan aquellos que han soportados las tribulaciones con Jesús  y se han lavado con las aguas del bautismo (22, 14) van a tener acceso al árbol de la vida y entrarán por las puertas de la ciudad santa.

La segunda manera de recuperar el paraíso perdido es a través del martirio. Ejemplos de  fuentes judías que nos hablan al respecto son 2Macabeos 7 o la Vida de Adán y Eva. En este último caso leemos que cuando vosotros salgan del paraíso, si os guardáis de todo mal, prefiriendo la muerte al mal, en el tiempo de la resurrección Yo os resucitaré de nuevo, y entonces se os dará del árbol de la vida y seréis inmortales para siempre (28,4). En el Tratado sobre la Resurrección también se dice algo al respecto: Él se transformó [el Salvador] en un eón imperecedero y se resucitó a sí mismo, habiendo engullido lo visible por lo invisible, y dándonos un camino hacia nuestra inmortalidad. Entonces, como el apóstol dijo, “nosotros sufrimos con él, y seremos resucitados con él, e iremos al cielo con él (1,45).

Por último, la tercera manera es a través de los acontecimientos escatológicos finales. Es el caso del Testamento de Adán o Apocalipsis de Moisés donde leemos que (el óleo de la misericordia) del árbol de la vida no vendrá a ser vuestro ahora, (sino que en el final de los tiempo). Entonces toda carne de Adán desde entonces hasta nuestros días será resucitada, de tal manera que constituirán el pueblo santo, entonces les será dado todo gozo del paraíso y Dios habitará en medio de ellos. Para más detalles: Peter Thacher Lanfer, Remembering Eden, p.108-118.