El Himno del Jardín (1QH 16) y los Cuatro que entran el Pardes

En una entrada anterior  puse un comentario sobre la historia de “Los cuatro que entran en el pardes” como un temprano relato de viaje celestial que sirve como modelo para explicar alegóricamente las distintas aproximaciones a la Tora. La mayoría de los estudiosos está de acuerdo que este relato se encuentra en el origen de la mística judía. De acuerdo a J.Davila, en la literatura del Qumrán encontramos un relato que guarda ciertas semejanzas con esta historia. Se encuentra en los himnos Hodayot (1QH Col 16) y este autor lo titula como el “Himno del Jardín”. Como ya se podrá adivinar acontece en el Jardín del Edén, el cual es explícitamente señalado, en donde el sabio que narra este himno es colocado por Dios.

Te doy gracias Señor,
porque me has puesto en la fuente de los arroyos en una tierra seca,
en el manantial de las aguas en una tierra árida,
en los canales que riegan un jardín [de delicias en medio del desierto
]” (1QH XVI, 4).

Allí aparecen varias figuras hostiles que tratan de dañar la eterna plantación del Jardín, mientras que aguas turbulentas amenazan por ahogar al el sabio:

Y yo me he convertido en la burla de torrentes turbulentos,
Que arrojan sobre mí su barro
” (1QH XVI, 14-15).


Mi alma en mí está desfallecida hasta la destrucción,
Pues el vigor abandona mi cuerpo,
Mi corazón se derrama como agua,
Mi carne se derrite como cera,
El vigor de mis lomos se ha cambiado en desmayo,
Mi brazo se ha roto dese el codo,
Sin que yo pueda agitar la mano
” (1QH XVI, 32-33).

Pero Dios envía a los ángeles para proteger los brotes y envía una corriente de aguas vivas desde la boca del sabio quien riega el Jardín:

Pero tú, oh Dios,
Tú proteges su fruto con el misterio de héroes poderosos,
De espíritus de santidad,
De manera que la llama del fuego abrasador
No [alcanzará] el manantial de vida,
Ni con los árboles eternos
Beberá las aguas de santidad,
Ni producirá su fruto con [la ayuda ] de las nubes
” (1QH XVI, 11-13).

Pero tú, Dios mío,
Tú has puesto en mi boca como lluvia temprana para toda […]
Manantial de aguas vivas
“ (1QH XVI, 16).

Este texto es una alegoría, con elementos míticos-realistas como los ángeles. El sabio que canta el himno puede ser el líder de la comunidad, que vela sobre los brotes (la comunidad misma), que se encuentra en el Jardín del Edén porque no olvidemos que la comunidad es el templo espiritual de Dios que se encuentra en el macrocosmos del santo de los santos (el Jardín del Edén) con los ángeles (1QS 9, 4b-10; 11, 5b-9ª) (4Q418 frag.81):

“Árboles de vida en la fuente secreta,
Escondidos en medio de los árboles de agua.
Ellos han de hacer crecer un retoño
En plantación eterna”
(1QH XVI, 6).

Los enemigos humanos y espirituales se oponen a la comunidad (dañan las plantas), pero son derrotados por los ángeles de Dios.