jueves, 15 de noviembre de 2012

Vestidos del Sumo Sacerdote en la Carta a Aristeas


En dos entradas hemos descritos los vestidos del sumo sacerdote en el templo de Jerusalén (ver: los vestidos del sumo; dos, ). Ahora comenzaremos a profundizar en el significado teológico de estos y en las consecuencias que tienen en el estudio de la primera cristología. 

El primer documento a estudiar es la Carta de Aristeas, escrita en circunstancias de la embajada del Rey Tolomeo II Fidafelfo (285-246 a.c.) al sumo sacerdote Eleazar en Jerusalén.  En esta carta, después de describir los vestidos del sumo sacerdote, se comenta que la aparición de este portento impone respeto y desconcierta tanto que pensarías que has pasado a otro mundo distinto de este. Y estoy seguro que todo aquel que se acerque al espectáculo que hemos descrito experimentará una maravillosa e inexplicable consternación conmovido en los más profundo de su ser (99). Un poco antes el autor había descrito con más cuidado los vestidos del sumo sacerdote Eleazar:   Se apoderó de nosotros una gran consternación cuando contemplamos a Eleazar en el servicio litúrgico, su vestidura y el resplandor que despide al ponerse la túnica que viste y por las piedras preciosas que la circundan. Pues tiene campanillas de oro que cuelgan de su túnica hasta los pies, emitiendo un tintineo peculiar, y granadas de variopintos bordados de preciosos colores junto a cada una de ellas (96). Iba ceñido con un magnífico y extraordinario tejido con los más bellos colores. Sobre el pecho llevaba el llamado «oráculo», en el que estaban engastadas doce piedras preciosas de diferentes tipos incrustadas en oro: los nombres de las doce tribus, según el orden original,  desprendiendo cada una de ellas el indescriptible color que la caracteriza (97).  Sobre su cabeza llevaba el llamado «turbante», y sobre éste la mitra inigualable, la diadema santificada con el nombre de Dios en relieve y con los caracteres santos sobre una lámina de oro, en medio de sus cejas, todo resplandor. Pues se le ha creído digno de este atuendo en las funciones litúrgicas (98). 

¿Por qué los vestidos del sumo sacerdote producen tal reacción en los fieles que se ha congregado en el templo? Al igual que otros autores antiguos como ben Sira, Filón o Josefo, los vestidos del sumo sacerdote para el autor de Aristeas constituyen la gloria del Sumo Sacerdote. Cuando Aristeas habla del turbante como mitra le está reconociendo un carácter real a la gloria del sumo sacerdote. El sumo sacerdote tendría atributos reales…un aspecto importante para entender a Jesús resucitado: rey y sacerdote. El reconocimiento real del sumo sacerdote no es exclusivo de Aristeas, también ben Sira hace lo mismo en relación al sumo sacerdote Simón el Zadokita (50,5-15). Esta doble naturaleza, real y sacerdotal, explica la reacción de la gente cuando ve aparecer al sumo sacerdote. Maravilla, consternación, y desconcierto. Es como si se tratase de un personaje venido de otro mundo….como si fuese un ángel. Precisamente esta naturaleza cuasi divina del sumo sacerdote, manifestada a través de sus vestidos, es la que explica uno de los motivos teológicos más importantes de la carta: el silencio . Y es que el autor de la carta considera el servicio litúrgico del templo por sobre cualquier realidad terrena. Sería algo así como una revelación en la tierra de lo que sucede en el mundo celestial. Por eso el énfasis siempre esta en lo que es visto, frente lo cual la respuesta evidente es el silencio. Lo único que se escucharía en la liturgia son las campanitas que suenan desde los vestidos del sumo sacerdote…expresión de la gloria real y sacerdotal del mismo Dios.