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La naturaleza caída del hombre en Pablo

En los primeros capítulos de su Carta a los Romanos Pablo hace referencia a Adán como prototipo de la humanidad caída. En las conclusiones a los primeros cinco capítulos de la Carta (5, 12-21) Pablo hace referencia a Gn 3 y a Sab2,23-24. Así, por ejemplo, leemos en Rm 5,12-14: Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa cuando no hay ley. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir. Varias cosas salen a la luz a partir de estos versículos: la muerte no es un hecho natural para Pablo, sino consecuencia del pecado. La muerte ha  reinado desde Adán hasta hoy sobre los que siguen pecando e incluso sobre aquellos que no han pecado al modo adámico. Entonces la muerte tiene una doble causa, el pecado de Adán y el pecado del hombre que ha continuado su dinámica. Del pecado se predican características personales: “entró al mundo”, “se extendió a todos los hombres”, “reina a través de la muerte”. Esto hace del pecado una fuerza o poder cósmico  con personalidad propia. Por último, notamos que la experiencia universal del pecado representado por Adán también se extiende al pueblo de Israel específicamente por el rol que juega la ley mosaica. Así en Rm 5,20-21: Y la ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor.