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El amor a los enemigos en el TestJos y TestBen



El apócrifo judío (con interpolaciones cristianas) Testamento de José, parte del Testamento de los doce patriarcas contiene elementos interesantes al momento de incertar al naciente cristianismo dentro de las corrientes de pensamiento ético de la época. Estos son especialmente iluminadores al contrastar con textos como Mt 5,38-48. Reconociendo que sus hermanos no se han comportado bien con él, José no trata de vengarse, al revés, siempre vela por el honor de los suyos. Ved, hijos míos, cuanto soporté  para no cubrir de vergüenza a mis hermanos. Vosotros, pues, amaos unos a otros y ocultad mutuamente vuestras debilidades con magnamidad (17,1-2). Más adelante, y siempre hablando de sus hermanos, confienza: Sus hijos eran los míos, y mis hijos, como siervos suyos. Su alma era la mía, y cualquier dolor suyo, como si fuera mío; toda  debilidad de su parte era como enfermedad mía. Mi tierra era la de ellos, y mis propósitos, los suyos. No me ensoberbecí orgullosamente de entre ellos por gloria mundana, sino que fui entre ellos como uno de los más pequeños (17,6-7).  Más adelante insiste, si alguno quiere haceros daño, rogad por él con afan de hacer el bien, y el Señor os librara de todo mal (18,2). Estos mismos principios éticos estan presentes en el Testamento de Benjamín donde se define a la persona buena diciendo, aunque tramen algo malo con él, vence al mal obrando el bien, protegido por la bondad; y a los justos ama como a sí mismo. Si alguien recibe alabanzas, no siente envidia. Si alguno se enriquece, no siente celos. Si alguno es valiente, lo alaba, cree y ensalza al prudente, tienen misericordia del pobre, se compadece del enfermo, entona himnos a Dios (4,3-5).