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El Templo de Jerusalén y el Jardín del Edén

El templo de Jerusalén es un espacio que reproduce la aspiración más profunda del judaísmo: el regreso al paraíso. Un ejemplo de esta conexión entre paraíso y templo se encuentra en la creencia que el Edén se encontraba geográficamente en la tierra de Israel o sobre el Monte Moria, el sitio donde se ubicaba el templo. En el Apocalipsis de Moisés o Testamento de Adán  el entierro de éste se realiza en las regiones del paraíso en el lugar desde donde Dios había encontrado el polvo (40,5), esto es, en donde se levantaría el templo. Lo mismo sucede en la Vida de Adán y Eva  (latina) donde el primero expresa a sus hijos el deseo de ser enterrado en el Este, en el gran lugar donde descansa Dios (45,3), que no es otro sino donde se levantará el templo. En la tradición rabínica adjudican el lugar donde Adán pronunció su último discurso en el monte Moria, donde más tarde se levantaría el santo de los santos (midras al Sal 92,6; Pesiq Rab 43,2; Pirque R. El. 23; 31,; etc). En el tárgum de Gn 2,9 intensifica el hebreo “en el medio” que ubica el lugar donde se encuentra el árbol de la vida en el Jardín por “en el medio del medio” dando a entender el santo de los santos. Lo mismo explicita la Peshitta siriaca a Gn 2,9 que ubica el árbol de la vida en la parte más íntima del paraíso. Mencionemos también al libro de los Jubileos que relaciona al santuario con el Edén. En el capítulo sobre Noé este apócrifo identifica el Edén con el santo de los santos y la residencia del Señor (8,19).  El Jardín donde Dios habita se compara con el monte Sinaí y con el monte Sion, ambos creados como lugares santos, uno mirando al otro (8,19). No olvidemos tampoco que el templo de Salomón era decorado con motivos de un jardín, las murallas estaban cubiertas con palmas, las columnas rodeadas de granadas. Para más detalles: Peter Thacher Lanfer, Remembering Eden, p.135-139.