Sanar a un enfermo en Sábado (Mc 3,1-6)

Para los fariseos y los saduceos de Jerusalén la interpretación de la Torá siempre está dada por un dialogo entre ésta y las realidades concretas que se presentan. Finalmente son los sabios quienes tienen la última palabra, siempre por un tiempo determinado y velando por la convivencia de la comunidad. Entonces, por ejemplo, ¿qué pasa con la observancia extricta del sábado? Sabemos que la ley contempla exepciones al descanso sabático, como el servicio en el templo o el preservar una vida. ¿Qué pasa si una persona concreta necesita un tipo de sanación que no necesiaremente es vital para preservar la vida? Veamos un ejemplo de jurisprudencia (Torá Oral) de la Misná. Se puede ungir y hacer fricciones en el vientre, pero sin que se llegue a la fatiga y sin rascar. No se puede descender al lugar pantanoso y hacer uso de medios artificiales para provocar el vómito. No se puede enderezar a un niño ni recomponer algo que está roto. El que se dislocado la mano o el pie, no puede ponerlos en agua fría, pero sí puede bañarlos en la forma habitual, y si cura con ello, queda curado (Shab 22,6).A partir de estos textos se resuelven varias situaciones concretas: un herido se puede lavar en el sábado siempre que no se comprometa en una actividad extenuante; no se puede sanar la herida de nadie, incluso de un niño, salvo que se trate de un lavado normal; también quedan prohíbidas prácticas como el vómito, comunes en la época, que se daban durante el lavado y las sanaciones. Esta jurisprudencia nos recuerda algunos pasajes del NT donde se ve que algunos fariseos son contrarios a las sanaciones de Jesús en el Sábado por considerarlas una labor. En estricto rigor, los fariseos no se oponen a que se pueda hacer sanaciones, siempre que no comprometa una labor extraordinaria. De allí que se apruebe el lavado ordinario de un herido. Lo que es interesante es que en el caso de Mc 3,1-6 cuando Jesús sana al hombre de la mano seca, y Lc 13,10-17 cuando  sana a la mujer hemorrágica, Jesús no se compromete en ninguna labor extraordinaria. Por el contrario, Jesús sólo sana a través de su palabra.