El Bautismo de Jesús (IV): diversas interpretaciones.


Cada experiencia religiosa tiene dos dimensiones. Por una parte es personal en el sentido que es experimentada por la persona o el grupo de una manera única e íntima. Es lo que sucede en el corazón de cada sujeto cuando, de una u otra manera, se encuentra con lo que considera como divino. Por otra parte, es comunitaria, en el sentido que tal experiencia sólo se comunica y se entiende a través de las creencias, valores y categorías del grupo social al que pertenece el sujeto. Así, es el grupo el que hace que una experiencia determinada (el sueño o el trance por ejemplo) se defina como religiosa, como demoniaca, como un trastorno, o como algo sin significado.

El bautismo de Jesús, como experiencia religiosa, fue interpretada de diversas maneras en el cristianismo primitivo. A continuación estudiaremos dos ejemplos lo que nos permitirá imaginar hasta qué punto la pluralidad estaba presente.

El primero es el que encontramos en nuestros evangelios y que se basa en la premisa del redentor que redime. De acuerdo a esta premisa, el bautismo de Jesús revela el modo cómo Jesús va a salvar al mundo: la voz del Padre que se escucha del cielo es una interpretación del Salmo 2,7 y de Isaías 42,1 que describe a Jesús como el Hijo de Dios, como el esperado mesías davídico y como el ungido (por el Espíritu) siervo sufriente de Yavé, que salvará principalmente a través del sufrimiento vicario y la pasión. En otras palabras, el grupo cristiano tiene una manera de interpretar a Jesús como el Hijo de Dios y como el siervo sufriente (redentor que redime), que justifica atribuyéndole un determinado contenido a su experiencia del bautismo. Así, la manera de entender el bautismo de Jesús, como experiencia religiosa, es congruente con la manera de entender su identidad y su ministerio público, es decir con las creencias y valores del grupo.
El segundo modelo lo encontramos en otros escritos que siguen el modelo del redentor redimido. Según está manera de entender el ministerio de Jesús, éste necesitó ser redimido por Dios para poder redimir a los hombres. Es algo análogo a lo que sucede con la figura de Buda: este necesitó ser iluminado para poder señalar el camino de la iluminación al mundo. De acuerdo al Evangelio de Felipe, fue en el bautismo que Jesús descubrió su naturaleza espiritual, extraño a la realidad material y mutable del mundo, haciendo “lo que está abajo como lo que está arriba y lo que está fuera como que está dentro, a fin de reunirlos en el lugar” (67,27-35). En el bautismo Jesús se sumerge en las aguas (mundo material, mutable, relativo, muerte), y emerge al mundo invisible, espiritual y eterno. Así, siendo redimido en el momento del bautismo, Jesús le muestra al hombre su verdadero origen y destino. Esta manera de entender esta experiencia religiosa está en consonancia con las creencias y valores de los grupos cristianos que la sustentaban.

Al final de cuentas, qué sucedió con Jesús al momento de su bautismo no lo sabremos con certeza. Sin duda fue una experiencia religiosa decisiva en su vida. Sin embargo, el cómo se interpretó varió de acuerdo a las creencias y valores de los diversos grupos cristianos. Nuestra misión es considerar cuál de estas interpretaciones da más sentido a nuestras vidas humanas.