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La contrapartida celestial de Enoc y Jacob


La teología cristiana que desarrolla el concepto del mellizo, o del doble celestial, establece una relación recíproca entre el cristiano y la luz divina o el Jesús viviente. Conocerse a sí mismo es conocer el doble divino y gracias a él conocer a Dios. Seguir a Jesús era conocerlo e integrarse en Él. Esta idea se expresa en un paradigma de salvación basado en la relación gemelar, como mellizos, entre Tomás y Jesús, que reproducen el cristiano y Jesús. Se suele identificar la idea del doble con un origen platónico (La República, libro X). Sin embargo, existen otros antecedes más directamente relacionados con el judaísmo que nos hablan que la idea de la contraparte celestial no deriva exclusivamente del pensamiento griego. Veamos algunos ejemplos.

En el libro de las Similitudes el arcángel Miguel lleva a Enoc al santo de los santos, o el Trono de Dios, en medio de aquella luz, como una construcción de piedra de escarcha, y en medio de estas piedras había lenguas de fuego vivo... vi innumerables ángeles, miles y miriadas, que rodeaban aquella casa, y Miguel, Rafael, Gabriel, Fanuel, y los santos ángeles de arriba del cielo entraban y salían de aquella casa...(71,5.8; Diéz Macho, p. 94). Sentado en el Trono de Gloria se contempla al elegido o al Hijo del Hombre (62,5; 69,29) quien no es otro sino el doble celestial de Enoc: llego a mí aquel ángel, me saludó y me dijo: Tú eres el Hijo del Hombre que naciste para la justicia; ella ha morado en ti y la justicia del "Principio de días" no te dejará (71,14;Diéz Macho, p. 95).

En el 2Enoc también vemos como el héroe, un ser humano creado justo como vosotros, se transforma en ese otro Enoc angelical que está delante del rostro del Señor (8,7; Diéz Macho, p. 171). Más tarde Enoc le dice a sus hijos: Escuchad hijos míos, pues no hos hablo hoy por mi propia boca, sino por la del Señor...Pues vosotros estáis percibiendo las palabras de mis labios , de un hombre que ha sido creado igual que vosotros, pero yo se las he oído al Señor de su propia boca de fuego ya que la boca del Señor es como un horno ardiente y sus ángeles son como llamas que salen (de él). 5 Vosotros, hijos míos, estáis viendo mi rostro, el de un hombre que ha sido creado como vosotros, pero yo he contemplado la faz del Señor semejante a un hierro candente que, al sacarlo del fuego, despide centellas y 6 Vosotros estáis viendo mis ojos, los de un hombre que ha sido creado igual que vosotros, pero yo he visto los ojos del Señor como un haz de rayos del sol que infunde pavor a los ojos humanos. 7 Vosotros, hijos míos, contempláis la diestra de quien os está ayudando -un hombre hecho igual que vosotros-, pero yo he contemplado la diestra del Señor, que cubre el cielo entero, en trance de ayudarme...(13,5ss; Diéz Macho, p.182). En este texto vemos la contrapartida del Enoc terrenal (un ser humano creado justo como vosotros) en uno celestial (un ser que ha visto el rostro de Dios). La contrapartida celestial de Enoc es el Sar ha-Panim, quien es despojado de sus vestiduras terrenales por Miguel y ungido con el buen aceite y vestido con sus (de Dios) vestidos de Gloria. Enoc es el sumo sacerdote celestial.

En la Escalera de Jacob encontramos otro ejemplo de una contrapartida celestial de un héroe veterotestamentario. La imagen de Jacob, grabada en el Trono de Gloria, es el doble celestial de este personaje terreno. Esta tradición no solo está presente en esta obra apócrifa eslava, también la encontramos en Targum Neofiti I: Génesis; The Fragment-Targums of the Pentateuch; Targum Pseudo-Jonatan: Génesis. Lo interesante de alguna de estas tradiciones es que la contrapartida de Jacob no siempre es su imagen grabada a fuego en el Trono, sino que se identifica ni más ni menos que la Gloria Divina que aparece sentada sobre el Trono de Gloria. Algo parecido a lo que veíamos más arriba con el doble celestial de Enoc que también, al estar cara a cara con Dios, refleja su Gloria.

Me da la impresión que es en estas ideas donde podemos rastrear lo que posteriormente bajo influencia griega se clasificó como pre-existencia de Cristo. Para más detalles: Orlov, A., "The Face as the Heavenly Counterpart of the Visionary in the Slavonic Ladder of Jacob", Of Scribes and Sages, (Ed. C.Evans), T&T Clark, London, 2004, p. 59-76.