Sumo Sacerdocio y Yom Kippur en Hebreos


Una de las claves para estudiar la Carta a los Hebreos es su insistencia en la superioridad de Jesús sobre los ángeles, Moisés y Meliquizedek. Esto se hace sin dejar de reconocer el rol que juegan en el cosmos y en la historia de salvación. De hecho el sacerdocio de Jesús no es contrapuesto al de Melquizedek, sino que está en concordancia con su linaje. Esto se demuestra explotando las semanjanzas entre ambos personajes. Aprovechando las especulaciones nacidas de los silencios de Gn 14, el autor de Hebreos, en la parte donde habla sobre el oficio de Sumo Sacerdote del Hijo (5,11-10,39), y más específicamente sobre Melquizedek como Sacerdote Real (7,1-10), señala que éste no tiene padre, ni madre, ni genealogía, no teniendo principios de días ni fin de vida (7,3). Un poco antes (7,1-2) el autor había enfatizado la importancia de Melquizedek al señalar que había bendicido a Abraham y que éste le había pagado un tributo. En otras palabras, se resalta la importancia de Melquizedek quien es sacerdote para siempre semejante al Hijo de Dios (7,3). Ahora bien, partiendo de este reconocimiento se sigue el resaltar la superioridad de Jesús como Sumo Sacerdote.

De acuerdo a la siguiente sección, Jesús eterno sacerdote al modo de Melquizedek (7,11-28), éste al proceder de la tribu de Judá no es sacerdote por nacimiento (7,14). Su sacerdocio, como plenitud del de Melquizedek, se basa y se desarrolla partir de la fuerza de una vida indestructible (7,16), esto es en su resurrección. Esto se confirma a través del uso del Sal 27 en Heb 1,5, en el contexto de discusión de la superioridad de Jesús sobre los ángeles, a partir de su resurrección porque durante su vida fue hecho inferior a los ángeles por un poco (Heb 2,9).
En otras palabras, Jesús es transformado en sumo sacerdote , más excelso que cualquier ángel, Melquizedek o Moisés, a partir de su resurrección, una vez que ha aprendido de la obediencia a partir del sufrimiento. La transformación en sumo sacerdote sigue a la par a su reconocimiento como Hijo (Heb 1,5; 5,5-6) siguiendo posiblemente una antigua liturgia atestiguada en el Sal 110. Tal como se dice en la siguiente sección (Santuario y Alianza 8,1-13), el sumo sacerdocio de Jesús es también superior porque no es de este mundo, sino del eterno y Tienda verdadera, eregida por el Señor, no por un hombre (8,2).

En 2,7 se nos dice que el proposito del sumo sacerdote era hacer expación por los pecados del pueblo. Jesús como sumo sacerdote recibe diversos títulos o epítetos. Se habla de él como el eterno y excelso Hijo, el Hijo sufriente, el Salvador. También se le llama misericordioso y fiel sumo sacerdote (2,17). Estos nombres nos llevan invariablemente a los ángeles que sirven como sacerdotes en el Templo celestial. El sumo sacerdote terreno actuaba en nombre del pueblo para ofrecer a Dios dones y sacrificios para expiar por las culpas (5,1-2) derivadas de su propia imperfección (5,2-3) como las de la nación. En 8,3 se nos dice que todo Sumo Sacerdote está instituido para ofrecer dones y sacrificios; de ahí que tuviera que necesariamente también él tuviera que ofrecer algo. Lo que se tiene en mente como trasfondo es la liturgia del Yom Kippur, tal como lo desarrolla en la sección decisiva expiación a través de la sangre de Cristo (9, 11-28). En 9,7 se menciona la parte del Yom Kippur cuando, una vez que entra en el santo de los santos, el Sumo Sacerdote inciensa el trono de misericordia y ofrece sangre (del cabrito sacrificado) por sí mismo y por los pecados del pueblo esparciéndola . La sangre del animal simboliza la vida que se ofrece a partir de la muerte del animal. Ahora es Jesús quien penetró en el santuario (se refiere al santo de los santos) una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna (9 12). Este sacrificio es notablemente superior al Yom Kippur porque se realizó de una vez y para siempre en el Templo celestial (9,13-14.24), en oposición al santuario mosaico que es sólo una copia o modelo del primero. La pasión de Jesús en la cruz no es inútil, pero se ha de reconocer que su oficio como sumo sacerdote comienza una vez que ha ascendido a los cielos donde su sacrificio se convierte en verdaderamente eficaz y eterno. Esto es tan así que a través de la expiación realizada por Jesús, sumo sacerdote, el mal y la muerte han sido derrotadas (2,14-15; 10,11-12). El sumo sacerdote Jesús y Dios quedán unidos en el Trono tal como Melquizedek con Dios de acuerdo al rito reflejado en el Sal 110,4. Pero en el caso de Jesús esa unión es de una vez y para siempre porque ha sido entronizado eternamente. Desde ahora el antiguo sistema sacrificial con su sacerdocio ha de abandonarse para siempre.
Para más detalles: "The Perpetuity of Christ's Sacrifice in the Epistle to the HebrewsAuthor(s)"; Walter Edward BrooksSource, Journal of Biblical Literature, Vol. 89, No. 2 (Jun., 1970), pp. 205-214.