La Transformación del Vidente en la Exégesis del Alma


La exégesis del alma es un tratado gnóstico de difícil difinición. El creyente que adhería a este escrito sentía que su alma estaba desvalida, lejos de su casa espiritual, en el prostíbulo de la realidad material. En la primera parte de esta obra se nos cuenta cómo en un origen el alma vivía como un andrógeno virgen con su Padre. Entonces descendió dentro de un cuerpo, se prostituyó, y se alejó de su verdadero origen e identidad: Mientras estaba sola con el Padre era virgen y tenía figura andrógina. Pero cuando se precipitó en un cuerpo y accedió a esta vida mundana, cayó en poder de muchos bandidos, personajes violentos que se la fueron pasando del uno al otro y la…Algunos abusaron de ella por la fuerza, mientras que otros la persuadieron con el engaño de un regalo. Dicho con simplicidad, la mancillaron y ella …su virginidad…Cada vez que se entregaba a adúlteros violentos e incrédulos para que abusaran de ella, gemía intensamente y se arrepentía. Pero al apartarse de aquellos adúlteros corría de nuevo hacia otros (127,22- 128,10); y los vástagos que ella parió de los adúlteros eran mudos, ciegos y enfermizos, y su mente estaba adulterada. Pero cuando el Padre que está en el lugar superior la visita, baja su mirada hasta ella y ve cómo se lamenta con sus pasiones y su torpeza y cómo se arrepiente de la prostitución que habría obrado y comienza a invocar su nombre para que la socorra (128, 21-35). Ante esta dolorosa situación el primer paso del creyente es el arrepentimiento y la contricción: cuando (el alma) adquiere conciencia de las penalidades en que se halla, llora ante el Padre y se arrepiente, entonces el Padre se apiada de ella y gira su matriz desplazándola del lugar exterior y volviéndola de nuevo hacia el interior, y el alma recibe su particularidad (131, 19-24). Este arrepentimiento ha de responder a una verdadera actitud interior ante la gracia de Dios: Conviene, pues, orar al Padre e invocarlo con toda nuestra alma, no con labios, externamente, sino con el espíritu que se halla en el interior, que asciende de lo profundo, mientras gemimos y nos arrepentimos de la vida que llevamos y confesamos nuestros pecados, mientras nos damos cuenta del error vacío en el que nos hallábamos y de la hueca preocupación, llorando por encontrarnos en la oscuridad en medio del oleaje, afligiéndonos por nosotros mismos, para que él se apiade de nosotros y odiándonos por nuestro estado actual (135, 3-18). La respuesta del Padre esta llena de misericordia. Con compasión torna su útero dentro de su cuerpo, fuera del dominio externo, alejándola del pecado y los peligros de los deseos sexuales. Cuando esto sucede ella es bautizada y limpiada de su contaminación recuperando su primera naturaleza y destino (127,22-132.1). En este sentido se leen alegóricamente textos como Mt 5,4-6; Lc 14,26; Mc 1,4; Is 30,15.19-20; Odisea I, 48; IV, 261. 555. Este arrepentimiento y vuelta a la casa del Padre tiene relación con la práctica del bautismo que se realiza con algún tipo de vestiduras: Cuando la matriz del alma, por el querer del Padre, se vuelve hacia el interior, recibe un bautismo, y queda inmediatamente purificada de la contaminación externa que la había marcado, como vestidos sucios colocados sobre…y sacudidos hasta eliminar la suciedad y quedar limpios (131, 28-35).

En la segunda parte de la obra el alma llora como una mujer en parto. Siendo mujer, ella no puede generar un hijo por sí misma. Entonces su Padre le envía un hermano que le sirve como novio. El origen de esta idea no es meramente griega. También encontramos paralelos en el judaísmo como es el caso de la relación entre Enoc y el Hijo del Hombre en 1Enoc 70-71 o de Moisés con el hombre entronizado en Ez el dramaturgo (ver Andrei Orlov). Como sea, el alma y su hermano entran en la cámara nupcial y tienen una relación espiritual. Entonces ella genera del él una descendencia que es la semilla, espíritu dador de vida, y trae a la vida los hijos espirituales. Es en este sacramento donde el alma de regenera a sí misma, recibe la naturaleza divina de su Padre, y asciende al lugar desde donde ella había venido (se alude al Génesis, a salmos y a Jn 6,44). Esta idea también tiene un concreción sacramental que es el un matrimonio espiritual con su contraparte intelectual masculina, su verdadero esposo: el Padre le envió desde el cielo a su esposo, que es el hermano de ella, el primogénito. Entonces el novio descendió hasta la novia (132, 9-12); se purificó en la cámara nupcial, la lleno de perfume y se sentó en ella aguardando al verdadero novio. Ya no deambula por la plaza para copular con quien le apetezca (132, 15-19); entonces, el novio, según el querer del Padre, descendió hasta ella y entró en la cámara nupcial ya preparada. El novio fue el adorno de la cámara nupcial (132, 24-28); pero si se unen el uno al otro, se vuelven una sola vida. Por eso dijo el profeta respecto al primer hombre y a la primera mujer serán una sola carne (Gn 2,24) (132,39-133,5); el mencionado connubio los reunió de nuevo el uno al otro, y así el alma se unió con su verdadero amante, a su señor natural, tal y como está escrito El señor de la mujer es su marido (Gn 3,16) (133, 6-10). La reunificación de la parte irracional y pasional del alma con su componente celestial e intelectual, que es su marido y maestro, de quien su encarnación la ha separado, es la interpretación, como un reverso, de la separación primordial de Eva de Adán (Gn 2,24; 3,16; 1Cor 6,15; 11, 1; Ef 5,23). A este proceso se le llama rejuvenecimiento o resurrección: Y recibió del Padre el don divino del rejuvenecimiento a fin de regresar al lugar donde se hallaba al principio. Ésta es la resurrección de entre los muertos, éste es el rescate de la humanidad, ésta es la ascensión, el camino hacia el cielo, éste es el camino que asciende hasta el Padre (134, 9-19); al rejuvenecerse el alma ascenderá al Padre y al hermano por el que fue rescatada. De esta manera, el alma será rescatada por medio de la regeneración.Esto no tiene lugar gracias a expresiones ascéticas ni por medio de artes ni por prescripciones escritas, sino que por la gracia…el don (134, 25-33).