El Tratado sobre la Resurrección


¿Qué se entendía por resurrección en los primeros siglos de cristianismo? Ya he colocado varias entradas respecto al tema. Si no existía un consenso entre las distintas corrientes judías, menos podría existir cuando el cristianismo comenzó a ser fuertemente influenciado por tendencias griegas. En el Tratado sobre la resurrección esta se relaciona con el reposo, esto es con la asuencia de pasiones y emociones disturbadoras. Este ideal de apatía, en el sentido griego del término, se alcanza cuando la persona presisamente busa conocer sobre la resurrección, esto es aquellas personas que buscan ante todo su reposo; nosotros lo hemos recibido
de nuestro salvador, nuestro Señor Cristo. Lo recibimos cuando conocimos la Verdad y reposamos sobre ella
(43, 35-44,5). Habiendo dado el contexto general de lo que entiende por resurrección, el autor se extenderá sobre cómo la resurrección espiritual absorbe a la psíquica del modo que esta absorbe a la carnal (45, 39-46, 2). ¿Qué quiere decir con esto? Para entender esto hay que referirse a las naturalezas de Jesús. Este tenía una naturaleza divina (Hijo de Dios) y humana (Hijo del Hombre). La relación entre ambas naturalezas se entiende de la siguiente forma: por una parte, la naturaleza divina absorve a la humana. Por otra, existe una apreciación de la naturaleza humana de Jesús por cuanto el autor cree que sólo encarnándose Jesús pudo mostrar el camino de vuelta a casa a los elegidos y así restaurar el pleroma. Y el hijo de Dios, Regino, era hijo de hombre (naturaleza humana) y abrazaba a ambos, teniendo la humanidad y la divinidad, para que, por una parte pudiera vencer a la muerte por medio del que es hijo de Dios y, por otra, por medio del Hijo del Hombre, el restablecimiento pudiera producirse del Pleroma” (44, 22-35); El Salvador absorbió la muerte pues abandonó el mundo que es destruido. Se convirtió en un eón indestructible y se levantó por sí mismo, absorbiendo lo manifiesto por lo invisible; y nos procuró el camino de nuestra inmortalidad (45, 15-22).

Ahora bien, éste es el caso de Jesús. Pero, ¿qué pasa con los hombres? Con nosotros sucede algo analogable. El espíritu del gnóstico es substancialmente idéntico con el Espíritu divino. Esto implica que preexistía en el Pleroma. Sin embargo lo hacía no en forma individualizada sino más bien colectiva, como un conjunto con otros espíritus. La acción de entrar en el mundo tiene como sujeto al alma. Esto supone la doctrina de la preexistencia de las almas y de su trasmigración. Antes de nacer nuestros espíritus existían colectivamente y substancialmente al modo del Espíritu divino. Esto hasta que nuestra alma entra al mundo y llegamos a existir al modo presente. En ese sentido el alma, como principio superior, da vida (o anima) a la carne, como principio inferior. Pues si tú no existías en la carne, recibiste carne cuando entraste en el mundo. ¿Por qué no recibirás carne cuando subas al eón? Lo que es superior a la carne es lo que representa para ella la causa de la vida (47, 8-12). El espíritu (lo superior) opera en la carne dando vida. Ahora bien, el espíritu es superior a la carne, la anima y la redime de la corrupcipon y lo mutable al conducirla a su verdadero sentido, esto es a una realidad apática y estable. En ese sentido la carne redimida pasa a pertenecer al hombre como algo propio que no tiene por qué ser perdido con la resurrección. El corión del cuerpo es la vejez; y tú eres corrupción. Tienes el desgaste como una ganancia. En efecto, no entregarás lo mejor cuando te vayas. Lo peor tiene disminución, pero hay gracia para él (47,19-23). Esto quiere decir que el resucitado arrastrará consigo lo esencial de la vida corporal. Lo que abandonará es una carne envejecida (el corión) y lo que salvará es la efigie persistente bajo el desgaste. De este modo la carne también recibe gracia. De allí el autor invita a considerar las manifestaciones de algunos resucitados: Pues si recuerdas, leyendo en el evangelio, que Elías apareció , y Moisés con él, no pienses que la resurrección es una ilusión. No es una ilusión, sino es verdad. Es más apropiado decir que el mundo es una ilusión más que la resurrección, que llegó a ser a través de nuestro Señor el salvador, Jesucristo….Los ricos se hicieron pobres y los reyes han sido derrocados; todo cambia. ¡El mundo es una ilusión!...Pero la resurrección no tiene tal carácter, ya que es la verdad lo que se mantiene firme…Pues la incorruptibilidad desciende sobre la corrupción y la luz se vierte sobre la oscuridad, absorbiéndola (48, 8-49,3). Esto se traduce en una conducta que nuevamente nos devuelve al contexto de la apatía: “mas huye de divisiones y ataduras e inmediatamente posees la resurrección…¿por qué no te consideras tu mismo resucitado y conducido a esto? Si posees la resurrección, pero continuas como si fueras a morir (de todos modos también sabe aquél que ha muerto), ¿por qué, entonces, desdeño tu inexperiencia? (49, 11-30).

Además en este texto se echa mano de distintas imágenes para explicar qué se entiende por resurrección. Una de ellas es la muerte, la que está íntimamente unida a la vida en el sentido que la primera (muerte) es un nacimiento, un partir hacia, una puesta de sol; mientras que la segunda (la vida) es como un embarazo, como un lugar, y como un día. La muerte íntimamente conectada con la vida nos habla que la resurrección como un nuevo nacimiento y una partida.
La resurrección, como la muerte, es el partir hacia arriba.

Otra imagen importante es el del cuerpo como un vestido. En ese sentido la resurrección es como el vestido del cuerpo material con el que nos cubrimos una vez muertos. Así, la resurrección es algo que sucede cuando el cuerpo externo (material) muere, aunque como proceso comienza mucho antes a través, probablemente, de algunas prácticas ascéticas o de rituales purificatorios. Esto se explica a través de la antropología que subyace en esta obra y que entiende en el hombre dos cuerpos que se dividen entre lo interno y lo externo, lo invisible y lo visible, lo imperecedero y lo perecedero. Cada uno de estos cuerpos tiene carne, pero de diferente tipo, una asociada a este mundo, mientras que la otra al siguiente. La nueva carne que emerge del cuerpo espiritual tiene que ser cuidada o desarrollada durante esta vida para que así pueda ascender en un estado perfecto una vez que la muerte afecte al cuerpo material. Para más detalles: Metamorphoses p. 203-205