Feliz Navidad!!


No recuerdo si fue a fines de los 70 o a inicios de los 80. La cuestión es que daban una serie de televisión que me impresionaba mucho. Yo tenía más o menos 10 años. Se llamaba Miguel Strogoff (la famosa novela de Julio Verne) , y por supuesto iba sobre las desventuras del correo del Zar. Cualquiera que haya visto esa serie a temprana edad estará de acuerdo conmigo en que por lo menos impresionaba bastante. El héroe en cuestión tenía que viajar desde Moscú a Irkutz para entregar una carta del Zar a su hermano. Las desventuras se sucedían unas a otras como un rosario interminable. Si no recuerdo mal en algún momento perdía la vista. Y hasta se le congelaban algunos miembros. Por supuesto, el telón de fondo era el impresionante invierno siberiano. No sé si estaré exagerando o simplemente inventando, pero la impresión que se me grabó en la mente era la de una crudeza extrema. Ahora que la vida me ha puesto en las huellas de Miguel Strogoff puedo mirar la realidad de otro modo. En Tomsk, después de la misa del sábado, me encuentro con Jura, un arquitecto de mi edad, para irnos juntos a las reuniones de nuestra comunidad del Arca. Jura es un buen amigo y un tipo de una gran calidad humana. Me gusta mucho cómo me habla de Siberia y del frio. Me invita a darme cuenta que cuando hace mucho frío todo se ve mucho más blanco. Y el blanco de Siberia es tan blanco que cuando está nublado uno no sabe cuando comienza el cielo en el horizonte. Y el silencio, me dice, cuando hace mucho frio hasta se escucha. Todo es tan puro. Y es verdad. Es como si el silencio fuese una presencia física que se ha sentado en el lugar. Siempre es una alegría, me comparte, cuando llega el invierno. La experiencia de descubrir el otro lado del invierno en Siberia me recuerda que la mejor manera de enfrentar nuestros miedos es mirando a la realidad tal como te la muestran las demás personas. El frio es frio, y es durillo, pero tiene una belleza muy especial. A todos ustedes, amigos y benefactores, muy feliz navidad.