"El combate de Adán" y la teoría de los dos adanes

Dentro de la basílica del santo sepulcro en Jerusalén se han excavado restos de una capilla muy antigua que se erigía en un lugar conocido como “cueva de Adán” o “cueva de los tesoros”. Según la tradición apócrifa atestiguada en la obra “El combate de Adán” (o Libro de la Penitencia) en esta cueva se refugiaron Adán y Eva cuando fueron expulsados del paraíso, aquí también fueron llevados los dones de mirra, incienso y oro que Adán ofrecería a Dios para ser salvado luego de su muerte, y aquí es donde fue enterrado Adán por Eva y Set siguiendo los ritos requeridos. En esta obra se narra además la salida de la primera pareja del paraíso, su llegada a la cueva de los tesoros, su peregrinación por el valle que circunda el jardín de las delicias, los ataques del diablo, la visita de los tres ángeles, la transformación de los cuerpos de Adán y Eva, el holocausto de Adán, y su matrimonio con Eva. Leemos en este texto que cuando los primeros padres pecaron “descendieron por el impulso de los vientos a través de las montañas del Paraíso y encontraron una cueva en la montaña. Entraron a cobijarse en ella. Al entrar Adán y Eva eran célibes. Adán quiso tener trato carnal con Eva y entonces tomó oro, mirra, e incienso de las orillas del Paraíso, los puso dentro de la cueva de los tesoros y la bendijo y la santificó para que fuese la casa de oración de él y de sus hijos. La llamó la “cueva de los tesoros”. (Cap. V, 15-19). Más adelante Adán da instrucciones sobre el lugar donde quiere ser enterrado: “En cuanto muera, embalsamadme con mirra, incienso y estoraque y ponedme en la cueva de los tesoros. Ha de suceder que aquel que permanezca de entre todas vuestras generaciones en otro tiempo, cuando tenga lugar vuestra salida de las estribaciones del Paraíso, tomará mi cuerpo con él, lo transportará y lo pondrá en el centro de la tierra porque allí se cumplirá para mí y para todos mis hijos la redención” (Cap. VI 11-12). En el códice etíope (Col. 371) leemos que Dios promete convertir esta cueva en un lugar santo: “Y yo convertiré este sitio en un lugar santo…y favoreceré con grandes gracias a quienes vengan aquí”. Luego se nos dice cómo fue enterrado Adán por segunda vez luego del diluvio universal: “Sem tomó el cuerpo de Adán y a Melquisedec y por la noche salió de la casa de los hijos de su pueblo…Cuando llegaron al Gólgota, que está en el centro de la tierra, el ángel le señaló a Sem aquel lugar. Y cuando Sem puso el cuerpo de nuestro padre Adán sobre aquel lugar, los cuatro puntos cardinales, uno a uno, se separaron y la tierra se abrió en cruz. Inmediatamente después de que Sem y Melquisedec pusieran allí el cuerpo de Adán, los cuatro puntos cardinales corrieron, se pararon unos frente a otros y abrazaron su cuerpo…Sem dio orden a Melquisedec y le dijo: “Sé tú el sacerdote del Dios Altísimo, porque Dios te ha elegido sólo a ti para que sirvas ante él puramente en este lugar….No tomarás mujer, no te cortarás el pelo, la sangre nunca se derramará en este lugar y aquí no ofrecerás fieras ni aves, sino que ofrecerás pan y vino” (XXIII 13-22).

¿Puede esta idea del pan y el vino ser una interpolación cristiana alusiva a la práctica de la eucaristía? Muy posiblemente. De hecho, la santidad de esta cueva tiene estrecha relación con las tradiciones cristianas, las cuales no tardaron en relacionarla con el lugar donde Jesús, el segundo Adán, murió. Las interpolaciones cristianas al texto son evidentes como cuando leemos la respuesta de Dios a una petición de Adán: “El agua de la vida que tú solicitas no se te concederá hoy, sino el día en que yo derramaré mi sangre sobre tu cabeza, en tierra del Gólgota, porque mi sangre se convertirá para ti en aquel momento en la verdadera agua de Vida y también para todos tus descendientes que creerán en mí” (Versión etíope Col 313). En otra columna leemos lo que dice Adán: “En el país que nos dirigimos el Verbo de Dios descenderá, y sufrirá, y será crucificado en el lugar donde va a ser colocado mi cuerpo, de tal suerte que mi cráneo será regado con su sangre”. Efectivamente, tempranas tradiciones judeo-cristianas relacionaron la cueva de Adán con el lugar donde fue crucificado el Señor derramando su sangre. De allí se explica la existencia de esta antigua capilla en el lugar donde se creía había estado la cueva de Adán. El Gólgota sería así el centro del mundo por cuanto coincide el sitio donde el primer Adán esperó la redención que el segundo Adán realizó. Ya en el siglo II leemos en el Comentario a Mateo XXVII, 33 de Orígenes: “El Calvario era el lugar en donde debía morir aquel que moría por todos los hombres; porque una tradición me enseña que el cuerpo del primer hombre fue sepultado en el lugar en el que Jesús fue crucificado”. Para más detalles: García Bazán, F. El Gnosticismo: Esencia, Origen y Trayectoria, Guadalquivir, Madrid, 2011, p.141-147