El profetismo en la Ascensión de Isaías

La “Ascensión de Isaías” es una obra paradigmática del primer cristianismo porque nos muestra el rol que jugaban los profetas en la estructura eclesial y cómo se relacionaban con experiencias religiosas visionarias como son los viajes celestiales. R. Hall señala que la figura de Isaías en el documento es la imagen idealizada de una escuela o comunidad profética cristiana. Así como muchos profetas van a escuchar a Isaías, a ser enseñados por él y a recibir la imposición de las manos (6,4-5), así esta comunidad cristiana de influencia proto-gnóstica se entiende a sí misma como la heredera y portadora de la profecía. Leamos un poco como se relacionan estos elementos: “El año vigésimo del reino de Ezequías, rey de Judá, Isaías, hijo de Amós….Cuando Isaías comenzó a intercambiar con el rey Ezequías  palabras de fe y verdad, todos los príncipes de Israel se sentaron, lo mismo que los eunucos y los consejeros reales. Había allí cuarenta profetas e hijos de profetas. Habían llegado desde las aldeas, las montañas y los campos, cuando escucharon decir que Isaías había venido de Galgala a la casa de Ezequías. Habían concurrido para saludarlo y para oír sus palabras, y para que les impusiera las manos y que ellos pudieran profetizar y él escuchara la profecía de ellos” (6,1-5).


En medio de un contexto de polémica en relación al culto al emperador (4,1-18), la comunidad cristiana, como Isaías, tiene las fórmulas adecuadas para abrir las diferentes puertas que van comunicando los distintos cielos (6,6), y que permiten la comunión con el Espíritu que habita en lo más alto. Por ejemplo: “Y cuando Isaías hablaba con Ezequías palabras de verdad y de fe, todos oyeron una puerta que alguien abría y la voz del Espíritu” (6,6); “Por otra parte, en tanto que él hablaba en el Espíritu Santo y que todo el mundo lo escuchaba, guardó silencio, y su espíritu se transportó hacia lo alto y tampoco veía a los hombres que estaban de pie ante él. Sus ojos permanecían abiertos, pero su boca callaba y el espíritu de su carne había sido transportado hacia lo alto. Pero su soplo estaba en él, pues veías una visión. Y en ángel que había sido enviado para hacerle ver no era de este firmamento y tampoco de los ángeles  de gloria de este mundo, sino que había venido del séptimo cielo” (6, 10-13). Esta sería, pues, una comunidad que tiene a los apóstoles por profetas (3,21), que vaticinan el ascenso y descenso de Jesús (3,18). Al mismo tiempo, critica la situación a de la Iglesia de entonces: los cristianos han abandonado la profecía de los apóstoles (3,21) y los profetas (3,31), para seguir a los ancianos que no obedecen al Espíritu Santo (3,25-26) sino al Espíritu del error (3,28) y que no hablan lo que a sus ojos parece correcto (3,30).  Fijémonos en el siguiente ejemplo: "tampoco en estos días habrá muchos profetas, ni gente que diga cosas sólidas, salvo uno y otro, acá o allá, a causa del espíritu del error, de fornicación, de vanagloria y de amor al dinero, que residirá en los que serán llamados servidores del Bienamado y los que lo recibirán. Y habrá entre ellos un gran rencor de los pastores y presbíteros entre sí; en efecto, habrá una gran envidia en los días postreros, pues cada uno dirá lo que agrada a sus ojos. Y menospreciarán la profecía de los profetas que me han precedido y también mis visiones y las anularán para preferir los eructos de sus corazones (2, 27-31). Leemos más adelante: “Isaías después que tuvo esta visión, la transmitió a Ezequías y a Yasub, su hijo, igual que a los otros profetas que habían concurrido; pero los príncipes, los eunucos, y el pueblo no oyeron nada, salvo Sebna, el escriba, y Joaquín y Asaf, los memorialistas, pues también ellos eran operarios justos y el buen aroma del Espíritu estaba en ellos; pero el pueblo no oyó nada” (6,16-17). Por otra parte, se trata de una comunidad que, aunque en contacto con el mundo exterior (6,7.14.17), claramente se distingue de los de fuera, especialmente porque los que realizan los viajes celestiales son los propios miembros de esta comunidad o escuela profética (6,14.17). Para el autor, el contenido de estos viajes probablemente haya sido la visión del descenso y el ascenso de Jesús. Para más detalles: Hall, Robert, “The Ascension of Isaiah: Community Situation, Date, and Place in Early Christianity”, Journal of Biblical Literature, CIX/2, (1990), 293-296.