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El viaje celestial en la Ascensión de Isaías

La Ascensión de Isaías es la suma de tres obras. La primera ocupa los capítulos 1-5 y se la conoce como El martirio de Isaías. Es el texto más antiguo de los tres. Su datación es controvertida, fijándose entre el siglo II a.C., en torno a la persecución de Antíoco IV Epífanes, y el siglo I d.C. Los capítulos 3,13-4,18 son conocidos como el Testamento de Ezequías o El apocalipsis cristiano. Su fecha podría estar entre finales del siglo I y comienzos del II. Los capítulos 6-11 son conocidos como La visión de Isaías y suele fijarse en la primera parte del siglo II. Estos dos últimos textos, que recogen material apocalíptico judeocristiano, están compuestos en griego en la zona norte de Siria. Más polémica todavía resulta esclarecer la época en que estas obras se refundieron en una sola. Es probable que ocurriera en algún momento del siglo III o IV.


La Visión de Isaías (6-11) es un texto de carácter apocalíptico. Describe cómo Isaías fue arrebatado para ascender a los cielos: Y mientras hablaba por el Espíritu Santo, y todos le escuchaban, enmudeció, cayó en éxtasis y no veía ni siquiera a los hombres que estaban ante él. Aunque sus ojos estaban abiertos, su boca callaba y pensamiento corporal había sido arrebatado a lo alto (6,10-11). Como en la mayoría de los viajes celestiales hay un ser angelical que lo toma a su cargo y le guía: El ángel enviado a mostrársela no era de este firmamento, ni uno de los ángeles gloriosos de los seis cielos que hay sobre este mundo, sino que había venido del sétimo cielo (6,3). La descripción que se hace de este ángel resalta su gloria: He visto un ángel glorioso, rodeado no de la gloria de los otros ángeles que suelo ver, sino de una inmensa: tal era el resplandor en él que no puedo expresar la gloria de este ángel (7,2).

El relato describe el viaje de Isaías hasta el séptimo cielo. Antes de llegar al primero, Isaías contempla la guerra que libran los ángeles, ve cómo Sammael conduce las huestes de ángeles caídos, y le es revelado que la guerra terminará cuando el Hijo venga y venza (7,9-12). Este desorden, que es reflejo del de la tierra como imagen de un espejo, impide que podamos contemplar la gloria de Dios (7,10). Ahora bien, a medida que sigue su ascensión alejándose de primer cielo puede ir contemplando los tronos de Dios. Hasta el quinto se repite el esquema: en cada cielo contempla un trono más glorioso que el anterior, con una multitud de ángeles a la derecha y a la izquierda alabando el trono. Se dice que los ángeles de la derecha son más gloriosos que los de la izquierda, y que las alabanzas de todos ellos van dirigidas al trono del séptimo cielo (7,13-36). En el sexto, en el que la gloria es más grande y la luz más brillante que en todos los demás, no se ven ni ángeles a la izquierda ni trono alguno. En éste todos los ángeles son iguales y alaban a una voz a la Santísima Trinidad (8,18). Este cielo se rige directamente por la presencia gloriosa del séptimo cielo (8,7).

En este último cielo Isaías tiene la típica reacción de los visionarios: “me asusté y me eché a temblar” (9,1). Otro rasgo común es la transformación que experimenta Isaías en el tercer cielo: y nota que su rostro ha sido transformado en gloria (7,25). Más tarde, la trasformación tiene su expresión en los ropajes que ha de vestir para contemplar a la Trinidad: Permitido está subir al santo Isaías, pues aquí está su vestidura (9,2). Lo mismo se dice de la transformación experimentada por algunos justos como en el caso de Enoc: a Enoc y a todos los que estaban con él, despojados del ropaje carnal. Los vi en sus excelsas vestiduras y eran como los ángeles que allí tenían gran (9,9). Esta desnudez sin sus vestidos de carne se refiere, como en el evangelio de Tomás, al estado previo al pecado, cuando el hombre y la mujer estaban desnudos y no sentían vergüenza. Así, el vidente vuelve por su mutación al estado primordial del hombre. Como experiencia religiosa la transformación del vidente es lo máximo a que puede aspirar, es realizar la verdadera vocación humana y, al mismo tiempo, le da autoridad ante su comunidad y legitima su visión ante su gente.

En el séptimo cielo Isaías contempla los misterios de la Santísima Trinidad, la Encarnación, la Redención y Ascensión del Amado. Todas estas creencias y valores son importantes en la constitución de la historia y memoria de la comunidad. Además Jesús mismo invita a Isaías a alzarse y colocarse entre los demás justos, que llevan vestiduras celestes y esperan la encarnación de Jesús (9,2.10). En este cielo Isaías, trasformado en ángel (9,30), adora a Cristo (9,31). Abre el libro y adora, en primer lugar, a la Gran Gloria (9,37; 10,16; 11,32), al Inefable, al Glorioso, al Altísimo, al Padre del Señor (10,2.7). Adora también adora al Señor, al Hijo, y finalmente, al Espíritu Santo (9,35) dándonos una idea jerarquizada de la Trinidad.