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La gloria de Adán en el Apocalipsis de Adán y en el 3Baruc

Uno de los temas que más se repiten en la temprana mística judeo-cristiana es la perdida de la gloria divina de Adán tras el pecado y que el judío o cristiano está llamado a recuperar. A este tema le he dedicado varias entradas. En el apócrifo de La vida de Adán y Eva, en el corpus paulino, en el Evangelio de Tomás, y aquí

Ahora me gustaría incluir otro texto donde se expresa la misma idea: a través del pecado, Adán perdió la capacidad de reflejar la gloria divina. Se trata del Apocalipsis de Adán, un texto de carácter gnóstico con gran influencia judía. Leemos en él: "Cuando Dios me creó de la tierra junto con tu madre Eva, yo andaba con ella en la gloria que ella había visto en el eón del que procedíamos...y éramos semejantes a los grandes ángeles eternos, pues éramos superiores al dios que nos había creado y a las potencias que le acompañaban, a las que no reconocíamos" (1, 2-3). La pérdida de la gloria divina se describe como la consecuencia de la acción del demiurgo: "Entonces el dios príncipe de los eones y de las potencias nos dividió con ira....y la gloria que había en nuestro corazón nos abandonó a mí y a tu madre Eva, junto con el conocimiento primero" (1, 4-5). La perdida de la gloria y el conocimiento se traduce en la ignorancia y la adoración del demiurgo: "A partir de aquel momento aprendimos, como hombres, las obras muertas. Entonces reconocimos al dios que nos había creado...y le servimos con temor y esclavitud. Después de eso nuestro corazón se llenó de tinieblas" (1, 10,11).

A través de la obra el Dios verdadero envía mensajeros para rescatar de la ignorania a los descendientes de Adán. En este proceso la salvación se presenta, entre otros ejemplos, como el recobrar la gloria perdida.
Por ejemplo después de la segunda manifestación de la Gnosis se habla de la aparición de la raza de Set en términos que nos recuerdan a la gloria divina: "Entonces ellos serán como la nube de la gran luz. Vendrán aquellos hombres que habían sido enviados desde el conocimiento de los grandes eones y de los ángeles, y se mantendrán en pie ante Noé y los eones" (3, 11-13). Más adelante se menciona el destino de la descendencia de Set: "Habitarán allí seiscientos años en el conocimiento de la inmortalidad. Estarán con ellos los ángeles de la gran luz. No habrá en su corazón ninguna obra vergonzosa, sino solamente el conocimiento de Dios" (3, 18-20).  Más adelante, en la tercera revelación, encontramos un reconocimiento universal de la gloria de la descendencia de Set: "vivirán por los siglos de los siglos porque no se corrompieron por sus deseos con los ángeles, y no realizaron las obras de las potencias, sino que se mantuvieron en presencia de Él con un conocimiento de Dios semejante a una luz que ha surgido de fuego y sangre" (8, 4).

Por último mencionar que el mismo motivo de la perdida de la gloria de Adán se recoge en una interpolación cristiana a la versión griega del 3Baruc. Cuando el héroe se encuentra en el tercer cielo le pregunta al ángel que lo guía cómo la vid (en la obra la planta que tentó a Adán) es ahora de tanta utilidad. Entonces a través de un discurso donde la vid es una analogía para hablar también de Israel el ángel menciona: "Sábete, pues, Baruc, que así como Adán sufrió la condena por ese árbol y fue privado de la gloria de Dios, de igual modo los hombres de ahora, al beer sin mesura el vino por él producido, cometen una transgresión peor que la de Adán, se colocan lejos de la gloria de Dios y se hacen partícipes del fuego eterno.