La práctica cabálistica del Hitbodedut

Personalmente creo que los relatos de viajes celestiales que nos llegan a través de la literatura apocalíptica no son sólo reflejo de un ejercicio exegético o teológico. La literatura de Hejalot no es sólo el producto de expresión de un deseo místico. Creo que lo que tenemos son diversas expresiones literarias de experiencias religiosas vivas que pueden variar de tiempo en tiempo, de lugar en lugar, y de cultura en cultura. En otra entrada he discutido este asunto aludiendo a la rica tradición cristiana-ortodoxa en relación al viaje hacia la interioridad de la persona (http://tomachosj.blogspot.com/2010/04/viajes-celestiales-desde-la.html). En esta entrada me gustaría ejemplificar el punto a través de la experiencia cabalística medieval conocida como hitbodedut. En palabras de M. Idel esta práctica, de clara influencia filosófica aristótelica, intentaba apartar el pensamiento de los objetos sensibles y elevarlos a los inteligibles, hasta los niveles más altos del mundo del Intelecto, para así unir el alma humana con Dios o para hacerla participe de la abundancia divina (Cábala y Eros, Ed. Siruela, p. 187). De una manera no muy distinta a como lo hubiese hecho Filón en la Antigüedad, R. Yitzhaq de Acre escribía en la Edad Media: “Cuando el hombre se separa de los objetos sensibles y se concentra y aleja de él todas las fuerzas de su alma intelectiva, y las eleva con fuerza con el objetivo de percibir a la divinidad, sus pensamientos atraerán la abundancia de lo alto hacia lo bajo, y ésta vendrá a residir en su alma. Y lo que está escrito: “Una vez al mes”, es una señal para aquel que practica la hitbodedut, ya que su separación de todos los objetos de los sentidos no debe ser absoluta, sino “mitad para Dios y mitad para vosotros”, que es también el secreto del medio shequel: “El rico no deberá agregar, y pobre no deberá sustraer, del medio shequel”, cuyo significado esotérico es “mitad del alma”, puesto que shequel indica el alma (Cábala y Eros, p. 187).



En otro texto leemos el comentario de R. Shem Tov ben Yosef ibn Falaquera (XIII): “Aristóteles dijo: “A veces me concentraba en mí mismo y alejaba mi cuerpo, y era como una sustancia espiritual, sin cuerpo. Y veía la belleza y el esplendor y me asombraba y me maravillaba. [En aquel momento] sabía que era parte de las partes del mundo superno, perfecto y sublime, y que era [también] una entidad [o animal] activa. Cuando esto ocurría, me elevaba con el pensamiento de este mundo a la Causa Divina y era como si estuviera en su interior, unido en ésta y unido a ésta; y estaba más arriba que todo el mundo intelectual y me veía a mí mismo como si me encontrase en el mundo del Intelecto Divino. Estaba como unido en éste y unido a éste, como si me encontrase en aquel estado supremo y divino” (Sefer ha-ma ´alot) (Cábala y Eros, p. 334).