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El encuentro erótico entre Dios y la Sekinah en el Zohar


El exilio de la Sekinah una vez destruido el templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 se convertirá en un pilar fundamental para el desarrollo de la mística judía. Pensemos, por ejemplo, en el zohar, esa joya literaria de la mística judía medieval. Según de León, cuando el Templo estaba en pie prevalecía una condición de perfecta armonía entre los aspectos femeninos y masculinos de Dios. El Santo, bendito sea, y su Sekina se amaban, besaban, y abrazaban constantemente produciendo un estado de estabilidad en la realidad. Esta perfección, sin embargo, acontecía en lo secreto, era un misterio desconocido por la gente. Todo cambió con la destrucción del Templo…el aspecto masculino de Dios ascendió a las alturas y la Sekina partió al exilio junto con sus hijos de Israel. Aquí hay una interpretación de Ezequiel –los cielos abiertos- como la separación de lo masculino y femenino en Dios. Ahora bien,  paradojalmente, esta separación es la que posibilita la visión de Dios.  En el Zohar encontramos que los protagonistas se encuentran en dos situaciones especiales que facilitan el acceso a lo divino: o están de camino, o bien en una especial relación con la Torá desde medianoche hasta el amanecer. Esta especial relación nocturna con la Torá  se explica a través del famoso texto del Talmud en Berakhot 3ª donde se habla de los distintos horarios de la noche:

Rabí Eli´ ezer dice: Existen tres vigilias durante la noche; y en cada una el Santo, bendito sea, se sienta y ruge como un león como está dicho: YHVH ruge desde lo alto; El hace que su voz sea escuchada desde su santo lugar; Él ruge fuerte desde las alturas (Jer 25,30). El signo es: en la primera vigilia los burros rebuznan; en la segunda, los perros ladran; en la tercera, el niño chupa el pecho de su madre y la mujer tiene relaciones con su marido…

Rabi Yitshak hijo de Shemu´ el dice en nombre de Rav: Existen tres vigilias en la noche; en cada una el Santo, bendito sea, ruge como león y dice:¡ Pobre de los hijos de aquellos que por causa de sus pecados Yo destruí mi Casa, incendié mi Santuario, y los exilié entre las naciones!

Lo que se nos está diciendo en este texto es que cada noche ocurre un drama que tiene por protagonistas a Dios y a los hombres. De acuerdo a la Zohar en la primera parte de la noche, hasta medianoche, es un tiempo peligroso, es cuando juicio y tinieblas cubren la tierra. Este es el tiempo cuando  Dios se queja rugiendo como un león por la destrucción de su Casa y la suerte de sus hijos. Este es el tiempo que los hombres destinan a dormir, y en este estado sus almas asciendes por las diferentes esferas celestiales. En este tiempo las almas de los justos pueden ascender hasta el Jardín del Edén.  Entonces llega la medianoche, el viento del norte se levanta, y los protagonistas se despiertan y van a estudiar la Torá hasta que despunte el alba. El estudio de los justos “despierta” a Dios quien se encamina hacia el Jardín del Edén atraído por  las almas de los justos alabándolo y cantándole. Al mismo tiempo, el mismo estudio de la Torá ha despertado al Jardín del Edén que comienza a cantar y alabar a Dios.  La figura que inspira a los rabinos es el Rey David, quien, como cuenta la leyenda, se levantaba a medianoche a recitar salmos a Dios.

Durante todos sus días, el Rey David alababa al Santo, bendito sea, se levantaba a medianoche, alababa y agradecía en himnos de alabanza que formaba su sitio en el reino de arriba. Porque cuando el viento del norte se levantaba a medianoche, él sabía que en ese mismo momento el Santo, bendito sea, se presentaba en el Jardín del Edén para deleite de los justos. Entonces David se levantaba y se animaba con canciones y alabanzas hasta que el alba despuntaba. Porque nosotros hemos establecido que cuando el Santo, bendito sea, aparece en el Jardín del Edén, Él y todos los justos del jardín escuchan su voz, como está escrito: “¡Compañeros, escuchad su voz, dejadme escuchar!” (Cant 8,13)….Más aún, aquellas palabras de la Torá que proclamáis ascienden para ser adornadas delante del Santo, bendito sea (Zohar I, 178b).

¿Qué tiene que ver todo esto con la Sekinah? Lo que hacen los justos al estudiar la Torah a medianoche es provocar que Dios entre en el Jardín del Edén, reúna a las almas de los mismos justos, los bese, inhale sus aromas.  El alma de los justos y el Jardín del Edén representan el elemento femenino, donde entra Dios como el aspecto masculino, con un claro tono erótico. El Jardín, como aspecto femenino, representa la Sekinah, y las almas de los justos, la asamblea de Israel. Esta última  posibilita la unión erótica entre la dimensión masculina y femenina de la divinidad dividida desde el drama de la destrucción del templo.  Las alabanzas y oraciones de los justos producen en la Sekinah fluidos femeninos de pasión, la adornan, la hacen deseable,  la preparan para el encuentro sexual con Dios que constituye el punto culmen de la experiencia nocturna. Esto hasta que la separación se hace inevitable, una vez más, cuando el alba despunta.  A nivel de las sefirot la unión de los elementos masculinos y femeninos de la divinidad  implica la unión del Hokhmah y la Binah. De manera más específica el río de plenitud hace penetrar el Yesod, simbolizado como el órgano genital masculino, desde la cabeza de los justos, pasando por su semilla (las bendiciones sobre las cabezas de los justos) , y entrando en lo femenino para desde allí esparcir la semilla a todos los mundos. Para más detalles: Melila Hellner-Eshed, A River Flows From Eden, p. 121-125.278. 333.