¿Por qué acusan a Jesús de blasfemia?


   El comienzo del Ev. de Marcos revela la identidad de Jesús de manera inequívoca: Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías. [Hijo de Dios.]”. Ambos términos (Mesías e Hijo de Dios) están relacionados en un campo semántico rico y variado.  χριστοζ aparece en Mc 1,1; 8,29, 9,41, 12,35; 13,21; 14,61; 25,32.   οιου θεου  aparece  en 1,11; 9,7 (voz del cielo); 3,11; 5,7 (demonios); 13,22; 15,39 (perdonad la falta de acentos griegos).

Un texto interesante respecto a la identidad de Jesús como Hijo de Dios y Mesías aparece en el juicio ante el sumo sacerdote cuando éste le pregunta: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?” (14,61). Lo que el sumo sacerdote busca es una confesión formal de blasfemia para que así pueda el reo expiar a través de su muerte. Ahora bien, ¿en qué sentido reconocerse como Mesías o Hijo de Dios es una blasfemia? La legislación misnaica concede pena capital al delito de blasfemia (mSanh 4,2.5; 5,1-4; 6,1; 7,5). Eso es lo que tratan de sonsacar en el juicio ante los sacerdotes cuando Jesús confiesa su identidad mesiánica: ¿Qué falta nos hacen los testigos? 14,64: Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?   Todos sentenciaron que era reo de muerte (14,63-64). Ahora bien, ¿qué significa exactamente la acusación de blasfemia?  El texto de la misna se refiere a la blasfemia como el pronunciar el nombre de Dios, cosa que Jesús no realiza cuando afirma: “Yo soy (el Mesías). Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y llegando entre las nubes del cielo”. Entonces, ¿dónde radica la blasfemia que le costaría la vida a Jesús? Para entender dónde se encuentra la blasfemia tenemos que tener en cuenta dos cosas. La primera, a mediados del primer siglo, cuando Jesús fue juzgado,  no estaba del todo reglamentado los juicios sobre la blasfemia como da cuenta posteriormente la misná. Segundo, el término “blasfemia” tiene en el tiempo de Jesús un campo de significado mayor que el ofender a Dios. Implica, como vemos en la Biblia hebrea, también  חרף que significa “reproche”, “escarnio”, “menosprecio”, “burla”;  האג que significa “desdén”, “escarnio”, “desprecio”;  גדף que significa  “injuria”, “afrenta”.  El sujeto del verbo no es sólo Dios sino también el hombre. En Lv 24,10-23 se habla de blasfemia en el sentido de maldecir a otro hombre aludiendo directamente al nombre de Dios. Dicho delito es causal de muerte. El campo de significado amplio de “blasfemia” también se encuentra en la traducción griega “βλασφημειν” que en los LXX, en Josefo, y en Filón implica “burlarse”, “insultar”,  “injuriar” , teniendo como objeto no sólo a Dios sino que también a los hombres. En Legatio ad Gaium  (26 & 166-170) y De somniis (2.18& 130-132) Filón ocupa  también el término para significar el insultar a Dios  comprometiendo la afirmación de única divinidad del Dios de Israel cuando algún hombre se adjudica una autoridad superior que no le corresponde. Josefo, a su vez, cuando interpreta Lev 24,16 y Dt 21,22-23 define la “blasfemia” como el pronunciar el nombre de Dios, lo mismo que hace 1QS 6,27-7,2.  De todos estos ejemplos podemos concluir que en el momento en que se juzga a Jesús el delito de blasfemar no tenía una definición estricta y clara, como la tendría cuando se escribiese la misná de Sanhedrin.


Esto se confirma con las distintas acepciones del término “blasfemia” que encontramos en el mismo Evangelio de Marcos. En Mc 15,29 significaría “insultar”, “burlarse de”, “menospreciar”; en Mc 7,22 significaría “difamar”, “calumniar”; en Mc 3,28-29 sería “insultar” ,“jurar en falso”; en Mc 2,7 significaría “atribuirse una potestad divina”. Con este campo semántico de fondo podemos decir que la acusación de blasfemia contra Jesús en Mc  14,55-64 está relacionado con el insultar a Dios y a los hombres en el momento en que el acusado se está atribuyendo potestades divinas alusivas al Salmo 110,1 y a Dn 7,13. Los sacerdotes consideran culpable a Jesús de blasfemia, entendiendo ésta al modo como se hacía en el primer siglo, de una manera más amplia. Para más detalles: Adela Yabro Collins, “The Charge of Blasphemy in Mark 14,64”, JSNT, 26 (2004), p. 379.