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La relación de Jesús con el templo

La relación de Jesús con el templo de Jerusalén es más ambigua de lo que aparece a simple vista. Así en Mc 14,1-2 se dice que los jefes de los sacerdotes y los escribas planeaban la forma de matar a Jesús, pero no se decidían hacerlo durante la Pascua por temor a un levantamiento popular. Los críticos no le conceden una relevante historicidad al hecho, sin embargo, si incluso así sucedió, el texto no dice nada respecto a una supuesta animosidad de Jesús respecto al templo. En Mc 11, 27-28 los jefes de los sacerdotes, los escribas y  los ancianos le preguntan a Jesús que con qué autoridad ha hecho el signo de la purificación del templo. De nuevo, la purificación del templo es un acto profético, no cabe duda al respecto, pero que no necesariamente va en contra del santuario por sí mismo. Es más bien una crítica contra la corrupción de los sacerdote, incluso del Sumo sacerdote, como otros textos rabínicos confirman (Minhot 13,21 [Tosefta] y Pesahim 57,1 [Talmud Babilonia]). Y es que después de todo Jesús enseñaba cada día en el templo (Mc 14, 48-49) durante su estadía en Jerusalén. El templo era el centro neurálgico de la actividad de Jesús en la capital (Mc 12, 35; 14,49; Mt 21,23; 26, 55; Lc 19,47; 20,1; 21, 37; Jn 7,14.28; 8,2; 18,20). En Lc se nos dice que Jesús cada día enseñaba en el templo, y que sólo en la noche se retiraba al monte de los Olivos donde se quedaba con sus discípulos. Esto la gente lo sabía, por ello se levantaban cada mañana para ir a escucharlo en el templo (Lc 21, 37-38). Entonces, ¿en qué consistió la purificación del templo? La exclamación de Jesús es fundamental: Está escrito: Mi casa será casa de oración para todas las naciones, mientras que ustedes la han convertido en cueva de asaltantes (Mc 11, 15-20). Es evidente que Jesús está solidarizando con aquellos que sienten y sufren la corrupción en las operaciones financieras del templo, posiblemente en el cambio del dinero. En el Testamento de Moisés  (7,6-10) leemos la crítica directa a los sacerdotes que consumen os bienes del pobre para llevar una vida de príncipes y justificando todo con supuestos actos de justicia. Más aún, se cuidan de  tocar cosas impuras, mientras sus labios y su mentes están llenas de ellas. Algo de esto tenemos cuando Jesús alaba a la viuda pobre quien da a través de su humilde ofrenda todo lo que tiene. En ese sentido Jesús enlaza con tradiciones proféticas clásicas como la de Jeremías 7,11. Éste proclamó la eminente destrucción del templo debido a los pecados de los israelitas (7,1-34), pero a pesar de sus profecías no se le puede considerar anti-judío. Más aún muchos estaban de acuerdo con sus advertencias respecto a las consecuencias del pecado del pueblo. Y no sólo se trataría de la crítica de Jesús contra  los cambistas que pululaban en el amplio atrio expandido por la reforma de Herodes y que engañaban a los pobres con medidas de cambio truculentas. También diría relación con las monedas que ocupaban para el cambio. Para los judíos piadosos, como Jesús, que se usasen  los shekels tirios eran un atentado contra el segundo mandamiento porque contenían la imagen del rey Melkart al modo de Hércules con la inscripción pertenece a la invencible y santa Tiro.  La problemática de estas monedas se refleja en la historia del impuesto al templo en Mat 17, 24-27 donde Jesús accede a pagar con una moneda de plata que encontró milagrosamente Pedro en el vientre de un pez. Como sea, es posible que el uso de estas monedas  en el templo, en vez de las de bronce  que evitaban cualquier representación humana o divina, enfureciese a Jesús como judío piadoso. Para más detalles: J. H. Charlesworth, Jesus and Temple, Textual and Archeological , p. 155-172