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La correlación entre la Torá y la Razón (Aristeas, 4 Mac, y Filón)

En la Carta de Aristeas se menciona que la Torá, por su origen divino, está llena de sabiduría y libre de toda tacha (verso 27). No hay nada irracional en la Torá. El punto crítico de esta afirmación, sin embargo, es cómo justificar leyes aparentemente arbitrarias como pureza o impureza de ciertos alimentos, animales, o bebidas. La respuesta (128-131) se da en la afirmación de que la gran sabiduría de la Torá radica en el hecho de que busca inculcar la virtud no sólo a través  de principios o ejemplos virtuosos, sino también a través de hábitos de vida. Las leyes sobre pureza e impureza son, entonces, profundamente racionales, se basan en la justicia,  promueven la santa contemplación y perfeccionan el carácter. Y es que los animales que están prohibidos son salvajes y carnívoros y  con su fuerzas oprimen al resto y procuran su comida con injusticia a expensas de los animales domésticos...A través de estas criaturas, llamadas impuras, él ha simbolizado que todos aquellos que se rigen por la Ley deben practicar la justicia en el espíritu y no oprimir a nadie (143-147;150). Por naturaleza, todo alimento y todos los animales son iguales porque son gobernados por el mismo poder. Las categorías de puro e impuro son, sin embargo, aparentemente arbitrarias, porque son profundamente racionales, son símbolos (147) o indicaciones(148) alegóricas de una sabiduría y justicia perfecta (161 163, 168-169). 

En 4Mac se define a la Ley como una filosofía (5,11.22; 7,9) y sabiduría. La sabiduría se define como justicia, coraje, autocontrol, y sobre todo prudencia (1,18). Es el predominio de la razón sobre las pasiones. Así, las leyes sobre los alimentos no son irracionales, por el contrario, constituyen el ejercicio mismo de la racionalidad al controlar los apetitos y las pasiones, y temperar la mente y las emociones corporales (1, 33-35). 

Sobre Filón ya hemos puesto varias entradas (aquí, y aquí ). La idea general es la identificación entre la Torá y la Ley Natural. Así la primera posee todas las propiedades y cualidades de la ley natural tal como la entienden los griegos (Leyes Especiales 2,13). Esta afirmación, tal como vimos ya en una entrada, sería percibida por los estoicos como algo muy aventurado. Y sin embargo, es la afirmación central de Filón. La Tora es la ley natural, el logos universal de la cosmópolis. Así, el universo es una vasta polis que constituye, en último término la razón, con la cual la Torá está unida armónicamente (Vida de Moisés 2, 52). Seguir la Torá no es meramente seguir las leyes de un pueblo determinado (Israel), sino la de la cosmópolis porque ordenarse de acuerdo a la Torá es seguir el logos que gobierna el cosmos (De oficio 3). Filón vislumbra el futuro donde las naciones van a abandonar su modos particulares y desechando sus costumbres ancestrales, van a honrar sólo nuestras leyes (Vida de Moisés 2,44). En este sentido es interesante constatar que más que las leyes escritas (mosaicas), lo que mejor expresa está relación entre la Torá y la ley natural es la vida de los patriarcas (Vida de Moisés 2, 49-52). La Torá se identifica, además, con la verdad.  Ahora bien, si esto es así, ¿cómo explicar los errores o contradicciones textuales? Para Filón la divinidad del texto lo exonera del ámbito de la literatura. En todo aspecto, las Sagradas Escrituras son verdad (QA sobre l Gen 1,2). La Torá es también eterna e inmutable (Vida de Moisés 2, 14).  La Torá se mantiene firme y dura para siempre desde el día de su promulgación hasta el presente, es inmortal, nada la hace estremecer. La Torá es una instrucción sapiencial como se ve en el tono exhortativo de Moisés, siempre incluyendo admoniciones sabias y racionales  para que los hombres puedan elegir lo mejor, no involuntariamente, sino con un propósito deliberado, no por un miedo irracional, sino por el buen sentido de la razón como una consejera (Sobre el decálogo 177).  La Torá es una ley no escrita, y esto es importante por lo que veíamos más arriba, en cuanto a que para los estoicos toda ley positiva no puede hacerle justicia a la ley natural. Esto no es así para Filón, quien cree que la Ley mosaica es una copia perfecta de la la ley natural y al mismo tiempo expresión de la encarnación perfecta de esta última en la vida de los patriarcas (Sobre Abraham 1,3-6). La Torá, entonces, son copias de arquetipos no escritos que se encarnaron de manera perfecta en la vida de los patriarcas. Así, Abraham fue la ley dotada de vida y razón. ¿Y qué hacer, entonces, con el hecho que Jacob se haya casado con dos hermanas? ¿O qué hacer con el hecho que Jacob prefiriera los hijos de su segunda mujer sobre los de la primera?¿Dónde está la virtud? Bueno, aquí Filón despliega toda una artillería de técnicas exegéticas de carácter alegóricas para salvar la situación...(Migr 92b-93). Para más detalles: What´s Divine About Divine Law?   p.105-