Adán, Enoc, y Jesús: la idea de los dos adanes.



En el 1Enoc la figura de Adán ocupa un lugar marginal. Esto se explica porque, según este texto, el origen del mal se encuentra en las relaciones sexuales de los ángeles caídos con las mujeres, y en las revelaciones prohíbidas que transmitieron. La desobediencia de Adán y Eva no juegan ningún papel relevante. De allí que sorprenda que no así en el 2Enoc donde es una figura prominente que aparece en 30,8-32,2 en el contexto del sexto día de la creación cuando éste es creado de siete consistencias y con la capacidad de discernir, para luego de su costilla crear a la mujer, y en el mismo día, el pecado de ambos relacionado con la ignorancia y la expulsión del jardín del Edén. En 41,1 Enoc menciona que ha llorado porque ha sido testigo del deshonor de Adán y Eva. En 44,1 se menciona que Dios ha creado al hombre con sus manos, a semejanza de su propio rostro, el Señor lo hizó grande y pequeño. En 58,1-3 Enoc instruye a sus hijos sobre cómo Dios bajó a la tierra cuando visitó a todas las creaturas que había hecho para después crear a Adán, luego llamó a todas las creaturas y las reunió delante del rostro de Adán, quien le dio nombre a todas los seres vivientes en la tierra. Estos son algunos ejemplos de cómo Adán aparece en este escrito. En la versión larga de esta obra son aún más abundantes. Ahora bien, ¿cómo se explica esta mayor relevancia de Adán en el 2Enoc? A. Orlov señala que la representación de Enoc en esta obra explica este fenómeno. Enoc en el 2Enoc no es sólamente el héroe antidiluviano que es ascendido a los cielos y transformado en un ángel como en el 1Enoc, sino que aparece ya desde el inicio como un ser exaltado preconfigurando de manera clara a Metatrón o el Ángel de la Presencia del 3Enoc. En otras palabras, en el 2Enoc el héroe aparece como la luminosa contraparte de Adán que ha perdido su glorioso estatus después de su trasgresión. Adán pierde su luminosidad, su sabiduría, y su especial rol como rey y administrador de la creación, todo lo cual es asumido por la figura de Enoc quien se sienta a la cerca del Trono de Dios, llega a ser el encargado de las cosas terrestres, y escribe todo cuanto sucede en ella. Cuando Enoc es llevado al séptimo cielo es invitado por el ángel Gabriel a ponerse frente al rostro de Dios (21,4-6; 22,1-7), lo que precisamente pierde Adán después de su desobediencia de acuerdo a la misma obra, o lo que según La vida de Adán y Eva caracteriza la gloria de Adán. Y es que Enoc se ha perfeccionado a sí mismo ascendiendo a los cielos, siendo tranformado y ocupando el lugar más exelso sobre los ángeles, en contraste con Adán quien habiendo pecado pierde la gloria que le era propia en la creación. Adán había sido creado pequeño en grandeza, pero grande dentro de su pequeñez, y había sido puesto sobre la tierra como un segundo ángel, con honor, grande, y glorioso y yo (Dios) lo había designado como gobernador de toda la tierra, y le había dado mi sabiduría (30,12). Dios había hecho los cielos abiertos para él (Adán) para que pudiese ver a los ángeles cantando la canción de la victoria y la luz que no paraba de brillas (31,2). Todo esto se pierde con su desobediencia. Por el contario, y en el caso de Enoc, éste es ungido, vestido y la apariencia del ungüento era más grande que la gran luz y dulce como el rocío, su aroma era suave, brillaba como los rayos del sol, y al mirarme era como uno de los gloriosos (22,9). Enoc se convierte en una figura redentora, un segundo Adán, en quien la humanidad se restaura. Para más detalles: Orlov, Andrei, "From Patriarch to the Youth: Angelic Veneration of Enoch and His Title Youth in 2Enoch".

La figura de Enoc como un segundo Adán nos llevan de inmediato a pensar en la misma imagen respecto a Jesús según Pablo. Para éste, Cristo es el último, definitivo, y espiritual Adán (1Cor 15,21-22; 45-49).El apóstol también distingue dos adanes (Rom 5,12-21) pero, y esta es su peculiaridad, lo hace desde la perspectiva de la historia de salvación. Esto quiere decir, en primer lugar, que Pablo también reconoce una suerte de deficiencia en la creación, especialmente la muerte y el pecado, pero como consecuencia de la trasgreción del primer Adán. Segundo, Pablo cree que Dios responde a esa deficiencia a través de la muerte y resurrección de Jesús, que precisamente inaugura un nuevo tiempo, una nueva creación, mediante su exaltación y transformación en el segundo Adán. A nivel soteriológico, todos los cristianos estamos llamados a hacernos a la imagen de este segundo Adan para reflejarla al mundo. Esto lo logramos compartiendo su muerte y su gloria. La resurrección de Jesús, que lo confirma como segundo Adán, se inscribe en la esperanza apocalíptica de una nueva creación, y no en algún otro tipo de mitos que lo lleven al origen de la creación o a una especulación acerca del hombre arquetípico.

El reconocimiento de Jesús como el segundo Adán lo ubica en un escenario de carácter cósmico y pre-existente. En 2 Cor 4, por ejemplo, encontramos fuertes ecos de Gen 1. En ambos textos encontramos la distinción entre la luz que brilla y las tinieblas (Gen 1,3/2Cor 4,4.6; Gen1,1; 4,5/2Cor 4,6); en ambos textos Dios habla de su actividad creativa (Gen 1,3/2Cor 4,6); en ambos textos la imagen de Dios se refleja en el hombre ya sea Adán o Jesús (Gen 1,26-27/2Cor 2Cor 4,4). Esto no significa que Jesús sea Dios, pero sin duda va en camino de ese reconocimiento. En ese sentido la perspectiva paulina se relaciona con otros textos de la época que reconocían una condición tan elevada a Adán que casí tocaban en lo que posteriormente el judaísmo rabínico del siglo II llamará la herejía de los dos poderes en el cielo. En 2Enoc 30,11-12 se identifica a Adán como el principal ángel de Dios que tiene poder sobre la creación; en la Vida de Adán y Eva 14,2 el arcángel Miguel le ordena a Satán adorar a Adán quien es la imagen de Dios; en el Testamento de Abraham 11,4 el arcángel Miguel le presenta al patriarca en el cielo a un hombre de extraordinaria presencia, como la del más exelso rey celestial, sentado en un trono de oro, y que porsupuesto resulta ser Adán, la imagén del primer hombre. Que Jesús sea reconocido como el segundo Adán tiene enormes implicancias en el reconocimiento de su divinidad.