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Heracleon comenta el cuarto evangelio


El primer comentario al cuarto evangelio es del gnóstico Heracleón. Lamentablemente no tenemos ninguna copía de este libro. Lo que conocemos de él lo debemos a las referencias que hace Origen en su posterior comentario al evangelio donde rebate a Heracleón. De allí sabemos que el gnóstico pensaba que la verdadera naturaleza de Jesús es la del salvador, quien es ajeno a la materia, al mundo movible y perecedero de la carne. Esto se expresa en 2,12 cuando Jesús desciende a Cafarnaún una vez que ha asistido a las bodas en Caná. Según Heracleón lo que se dice es que Jesús desciende al mundo material en su encarnación. La materia, por lo tanto, es ajena a él. Esto se complementa con el comentario que hace Heracleón de Jn 1,27 cuando Juan dice que no es capaz de atar las sandalias a Jesús. Para el comentarista esto refiere a la reacción del demiurgo cuando Jesús desciende a esta tierra. El demiurgo no entiende cómo el salvador tiene que asumir algo denigrante como la carne. Este asumir la carne por parte de Jesús implica una nueva etapa en el plan de salvación de Dios, esto es cuando el salvador desciende y asume algo que le es extraño como el cuerpo humano. Esta encarnación también se explica en el comentario de Jn 1,29 donde Heracleón distingue el cordero que significa el cuerpo y que quita el pecado del mundo, es decir aquel que está en el cuerpo. El primero es imperfecto, mientras que el segundo es el salvador. Esto se explica también en la interpretación de Jn 2,18-22 donde el número 46 (años que demoró la construcción del Templo) es también simbólico: 40 implica el elemento puro (1+2+3+4 x 10) mientras que el 6 implica la fabricación , plasma o materia donde se aloja lo puro. La interpretación del número 6 como lo material o bajo también está presente en el número de maridos que ha tenido la mujer samaritana (Jn 4, 18) que representa a la Iglesia espiritual que el Salvador ha venido a redimir. Lo que dice en este caso es que la iglesia espiritual se ha unido con la materia, produciendo su perdición. Sin embargo, ese no es el caso de la encarnación de Jesús, quien, ha pesar de estar en contacto con la carne, no se ha visto perjudicado.

En el comentario a Jn 2,12-22 (la purificación del templo), Heracleón le da el mismo significado a los tres acontecimientos que ocurren: la entrada de Jesús y la purificación del templo (2,12-17);
el dicho sobre destrucción y reconstrucción del templo (2,19-20); y la interpretación de este dicho en relación a su cuerpo, muerte y resurrección (2,21-22). Todo referiría a la acción salvadora de Jesús en este mundo: luego que Jesús desciende a Cafarnaún, sube a Jerusalén representando la subida del mundo material al mundo físico. En Jerusalén Jesús se dirigirá al Templo, que representaria el lugar donde habitan los espirituales, es decir, aquellos gnósticos que pertenecen a la comunidad cristiana. Lo que está diciendo Heracleón aquí es que Jesús no sólo vino a salvar a los físicos sino que también a los espirituales que habitan en el Templo (este es un punto que divide a los valentinianos: ¿necesitan salvación los espirituales o sólo los físicos?). Los espirituales necesitan de la salvación porque se encuentran afectados por pasiones representadas por los mercadistas del templo. La salvación, por lo tanto, depende de dos elementos: el salvador asume la carne, y el salvador no se deja llevar por las pasiones. Ambos aspectos se representan en el látigo con el que castiga Jesús a cambistas. Este látigo representa el Espíritu que es el mismo Jesús y al mismo tiempo su instrumento de castigo a la materia. Es a través de esta acción y la pasión (representada en la madera) que el salvador transforma el Templo en su Iglesia. De hecho la interpretación de Jn 2,19-22 respecto a la resurrección la
referirá a la resurrección de la iglesia y pasa llanamente por alto la alusión que hace el evangelista al cuerpo de Jesús.

Una de las características de Heracleón es la ausencia del cuerpo espiritual-iglesia de Jesús común en otros escritos valentinianos. La ausencia de una iglesia espiritual pre-existente y fruto de la sabiduría (no la madre) que sirva de cuerpo espiritual a Jesús cuando desciende es característico de Heracleón. La interpretación de Jn 4,37 simplifica el mito valentiniano que decía: 1) El Salvador y sus ángeles se muestran a Sofia, 2) entonces ella emita su fruto espiritual, la iglesia en la imagen del Salvador y sus ángeles, 3) parte de esa semilla es sembrada en los primeros hombres, 4) el Salvador desciende a la tierra vistiendo el cuerpo espiritual que es la Iglesia, 5) los miembros de la Iglesia están sufriendo en el mundo, 6) en el ritual de la
redención ellos son unificados con los ángeles. La versión de Heracleón es más simple: 1) el Hijo del Hombre siembra las semillas espirituales en los bebes, 2) esta semilla crece y madura en el mundo, 3) el Salvador cosecha el fruto maduro descendiendo al mundo con los ángeles y uniéndose con los espirituales. Como sea, Heracleón es parte del gnosticismo que sí le da un valor redentor a la encarnación y pasión, una soteriología de una mutua participación. La salvación es para los espirituales, mientras que los físicos se salvan participando de la salvación de los primeros (Jn 4,28).