El primer libro de Enoc...aspectos generales


El libro etíope de Enoc (1Enoc) es una obra compuesta por cinco libros diferentes que pueden datarse en distintas épocas. Son el Libro de los vigilantes (cap. 1-36), el Libro de las parábolas (cap. 37-71), el Libro astronómico (cap.72-82), el Libro de los sueños (cap. 83-90), y la Carta de Enoc (cap. 91-107) . Se conoció en occidente por primera vez de manera completa en 1773 cuando el viajero inglés James Bruce lo trajo desde la Etiopía donde es parte del Canón de la Iglesia abisinia. Fue publicado en Oxford en 1838. El problema de la datación de estos libros se ha resuelto considerablemente a partir de los descubrimientos de Qumrán (1Q317) donde aparecieron varios textos enóquicos. Los más antiguos de estos libros serían el Libro astronómico y el Libro de los vigilantes, ya que ninguno de los dos hacen mención al surgimiento del movimiento de los esenios, ni a la guerra de los Macabeos. También ambos libros mantienen la clásica distinción veterotestamentaria entre los “malvados” e “impíos” y los “justos” y “elegidos de Dios”, como en 1Enoc 1,7-9 ; 5, 4-9; 81,4.7-9; 82,4. En 10,16 se habla de la planta de los justos para referirse a Israel en su conjunto . Sólo en 82,4 parece que se identifica a los “justos” con una escuela particular, al señalarse que siguen el calendario correcto. En consecuencia, el Libro astronómico y el Libro de los vigilantes han de datarse antes del año 171 a.C. cuando los esenios emergen como un movimiento propio, poco antes de que surgiera Judas Macabeo. Ahora bien, ¿cuán anteriores son? La mayoría de los autores están de acuerdo en que el Libro astronómico es el más antiguo de estos dos, y lo datan entre los años 230-190 a.C. Por su parte, el Libro de los vigilantes habría sido compuesto entre 200-160 a.C. Ahora bien, que estos libros hayan sido compuestos en esos años no significa que las tradiciones que transmiten no sean mucho más antiguas. Por ejemplo, el mito de los ángeles caídos como el origen del mal; y la figura de Hijo del Hombre como agente divino en el juicio, bien pudieron haber sido relatos pre-exílicos a los cuales se le asociaría más tarde la figura de Enoc como héroe y representante de estas tradiciones.

El libro de los vigilantes debe su nombre a los ángeles que descendieron a la tierra y la corrumpieron. La parte más antigua de este libro, los capítulos 6-10, nos cuentan dos historias sobre la caída de los ángeles. Una nos cuenta como Asael corrumpió la tierra cuando descendió de los cielos para traer conocimiento, específicamente la metalurgía y los cosméticos como secretos eternos, y como finalmente el Arcángel Rafael le detuvo y le abandonó en el desierto bajo unas rocas hasta el día del juicio. La relación con la celebración del Yom Kippur es evidente. La otra nos cuenta como 200 ángeles liderados por Semihazah sellaron un juramento y descendieron a la tierra para unirse a las mujeres de los hombres. Sus descendencias fueron demonios temibles que infestaron y corrumpieron la tierra. Sus destinos, ser detenidos por el Arcángel Miguél por 70 generaciones en los valles de la tierra, para ser testigos cómo sus descendencias se destruyen unos a otros, para luego ser arrojados a los abismos de fuego en el juicio final. Ambas versiones sobre el origen del mal demuestran que la versión del Génesis sobre Adán y Eva no era la única explicación o relato que explicaba el problema. Por lo demás ambas historias prescinden de Enoc lo que podría apuntar a la antigüedad de estos mitos. Enoc aparece en escena sólo cuando los vigilantes le piden que interceda a su favor delante de Dios, motivo que originará el viaje celestial del heroe hasta el trono divino. En este viaje celestial Enoc aprenderá no sólo que los vigilantes no recibirán el perdón, también le será revelado los secretos de la creación, lo que acerca esta obra al libro de Job 38-39. También en este sentido El libro de los vigilantes se distingue del relato de Adán y Eva. Estos son castigados por comer del árbol del conocimiento, mientras que a Enoc se le recompensa precisamente dotándole de éste.

El libro astronómico (72-82) que hoy día conocemos son sólo fragmentos de lo que probablemente fue un tratado más extenso. En éste el ángel Uriel revela a Enoc todas las leyes que gobiernan los cuerpos celestiales. La importancia religiosa de este tratado no sólo se explica porque en esa época ciencia-religión estaban unidas, sino porque el conocimiento astronómico estaba a la base de los cálculos exactos para hacer coincider el calendario terrestre y celeste. Hoy sabemos que los grupos detrás de estos escritos defendían el uso del calendario solar en contraposición del calendario lunar aceptado por las autoridades. El tema no era menor, se trataba de coincidir el tiempo de Dios y el tiempo de los hombres.

A diferencia del libro astronómico y el libro de los vigilantes, el Libro de los sueños y la Carta de Enoc sí hacen referencia al nacimiento de los esenios y a la guerra de los Macabeos (90, 9-10; 93, 9-10; 91,11). Hablan desde la perspectiva de los años que han pasado después de esos acontecimientos. La mayoría de los autores sitúa el Libro de los sueños entre 161-125 a.C. y la Carta de Enoc entre 110-60 a.C. De nuevo, el que los libros se hayan compuesto en esas fechas no significa que no recojan tradiciones que pudieron transmitirse oralmente desde hace mucho tiempo. El libro de los sueños (83-90) versa sobre dos sueños o visiones que Enoc cuenta a su hijo Methuselah. El primero de los sueños es sobre la destrucción de la tierra; el segundo, sobre la historia de Israel. Éste último se narra a través de las imágenes de animales: Adán es un búfalo blanco; los doce hijos de Jacob son corderos; los enemigos de Israel son águilas, buitres, y cuervos; los ángeles son hombres o hombres vestidos de blanco (ver la transfiguración de Jesús en el NT; Ap 4,4; 1Cor 15,53); tres hombres (Noe, Moisés y Elías) nacen como animales y llegan a ser hombres (ángeles). La carta de Enoc (91-104), por su parte, es similar al estilo de los profetas anunciando el juicio de Dios y llamando a la conversión a los pecadores. Es interesante constatar que en las secciones más antiguas de la carta la recompensa del justo es una vida larga y prospera, mientras que en otras partes, presumiblemente más nuevas, se nos dice que el justo vivirá entre los seres celestiales al estilo del sabio de Daniel 12,3.

Por último, el Libro de las parábolas (37-71) es el único que no se ha encontrado en las cuevas de Qumrán, lo que hace que los autores lo daten a finales del siglo I a.C. Sin embargo, este no es criterio definitivo. Que el libro no se haya encontrado en Qumran no significa necesariamente que sea posterior. Por lo demás las tradiciones que refleja bien pueden ser muy anteriores a cuando se pusieron por escrito. En todo caso es probable que los capítulos 70 y 71 sean adiciones posteriores al texto original que no identificaba a Enoc con el Hijo del Hombre mesiánico. El libro consiste en tres visiones sobre el gran juicio a los reyes y poderosos, que representan a los ángeles caídos, y que es precedido por una figura angelical llamada Hijo del Hombre o el Elegido, quien al final se identificará con la contrapartida celestial de Enoc. En ese sentido el juicio en la tierra es un reflejo del juicio celestial, ambas realidades se miran y se proyectan al modo de Is 21,21; Sal 89; Odas de Salomón 34. Esta correspondencia la constatamos también en 43,4 donde que las las estrellas en el cielo son como los santos en la tierra que creen en el nombre del Señor de los Espíritus. Algo análogo encontramos en Dn 12,3 donde los justos van a brillar para siempre como las estrellas; o Job 38, 33 donde el Señor le pregunta a Job si es que conoce las leyes celestiales o los gobiernos de la tierra. Ambas realidades, en este caso juicios, se reflejan el uno en el otro, al modo como Enoc tiene su contrapartida celestial en el Hijo del hombre (o Abraham en el ángel Yaoel en el Apocalipsis de Abraham; o Jacob en su rostro grabado en el Trono de Dios en La escalera de Jacob). En el primer juicio se describe un tiempo de gran tribulación cuando los justos aparecen. Además comparecen delante del Trono de Dios los reyes y poderosos. A Enoc le son revelados los secretos de los cielos, como los reinos se dividen entre sí, y como son pesadas las acciones de los hombres al modo de Dn 5,26-28. En el segundo juicio el Elegido está sentado en el Trono de Gloria para comenzar el gran juicio. A éste le es dado el espíritu de sabiduría. Los cielos y la tierra son transformados. Enoc tiene la visión del Hijo del Hombre y del Anciano de días al modo de Dn 7,13. Entonces las montañas parecen desfallecer delante del rostro del Señor de los Espíritus (en ellas habitaban los demonios: Jer 51,25, Ap 8,8, 1Enoc 18,13). Asael es jusgado por el Elegido. En el tercer juicio Enoc es portador de aún más secretos como los nombres de los 21 ángeles caídos antes de que los reyes y poderosos comparescan en el juicio delante del Elegido. El Trono aparece rodeado de ángeles y justos . La visión termina con la revelación del gran juramento y la identificación de Enoc como el Hijo del Hombre o Elegido.

El 1Enoc guarda tradiciones muy antiguas, muchas de ellas relacionadas con el Templo de Jerusalén y el Yom kippur. En el NT hay numerosos episodios que se explican a través de estos textos. La Carta de Judas menciona explicitamente a este libro como revelado para esa comunidad.