La Perfecta Ley de la Libertad en Santiago



Dentro de la temprana tradición judeo-cristiana, que más adelante desembocaría en los ebionitas, además del Evangelio de Mateo, la Carta a Santiago es muy significativa. En ella la Ley se describe como “la perfecta ley de la libertad”: “Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho” (1,25). ¿A qué se refiere Santiago con la expresión la perfecta ley de la libertad? Es difícil decirlo porque no encontramos paralelos de esta expresión en otros escritos cristianos. Es muy probable que se esté refiriendo a la Ley mosaica a la manera como la interpretó Jesús. ¿Quiere decir esto que la perfecta ley de la libertad es la interpretación de la ley al modo como las comunidades mateanas lo entendían, esto es manteniendo básicamente su contenido? ¿O más bien se acercaría al concepto paulino de la Ley del Espíritu que nos libera de la Ley del pecado y de la muerte (Rm 8,2)? Pareciera que estaría más cerca de la interpretación mateana de la Ley. Miremos por ejemplo el siguiente texto de la misma Carta de Santiago:

Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme á la Escritura: Amarás á tu prójimo como á ti mismo, bien hacéis: Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores. Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no has cometido adulterio pero hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley (2, 8-11).

La idea es la aplicabilidad de toda la Ley y la radicalidad en su cumplimiento. Esto nos recuerda las palabras de Jesús en Mt 7,12/ Lc 6,31 y Mt 22,34-40/Mc 12,28-31/Lc 10,25-28 donde se define al amor al prójimo como la esencia de la Ley, el precepto que contiene toda la Torá, pero que no viene a desmantelar la obligación cristiana de la obediencia a todos los preceptos. Varios Rabís pudieron haber estado de acuerdo con este principio de Jesús. Rabí Aquiba también definía el amor al prójimo como a si mismo como el principal de los mandamientos de la Ley (Sifra 18,89b). Pero esto no niega importancia a las demás leyes. Hay que guardar hasta los más pequeños de los preceptos.

Ahora bien, fijémonos que la manera de argumentar de Santiago no es como Mateo quien ejemplifica la trasgresión de los más pequeños preceptos como causa inicial de la ruptura de los grandes mandamientos (Mt 5). De esta manera Mateo quiere enfatizar la necesidad de cumplir hasta los más pequeños mandamientos de la Torá. Santiago va por otro camino, ejemplificando, como hemos leído, con dos mandamientos fundamentales como el no matar y el no cometer adulterio. Lo que estaría enfatizando Santiago es, por una parte, la unidad de la Ley y por otra una concepción antropológica bien cercana a la que vemos en textos judíos de la época como “El testamento de los doce patriarcas”. Por ejemplo en el “Testamento de Asher” (2,5-7) leemos: “Otro roba, comete injusticia, explota y tiene piedad del pobre; él también tiene una doble cara, pero todo es malvado…Él mata a muchas personas y tiene piedad de algunos, aquel también tiene una doble cara, pero todo es malvado”. La idea fundamental es la de los dos caminos o dos espíritus que actúan en el hombre (como los esenios) y que lo mueven a actuar bien o mal. Es una idea más moralizante, menos ritualista (aunque no excluye esa dimensión), de entender la Ley. De hecho el acento de Santiago cuando vaya revisando las leyes del Decálogo y el Levítico (Stgo 19,12-18) va siempre por el lado moral. Las referencias rituales o de pureza son muy pocas. Pero, y de nuevo, esto no significa que la comunidad de Santiago, como la de Mateo, haya renunciado a los demás aspectos de la Ley. Y es que esta es una realidad que no se puede fragmentar. La ley de la perfecta libertad es entonces una reacción a la concepción paulina de la ley tal como este apóstol lo afirma en Gal 5,1: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez á ser presos en el yugo de servidumbre”. . Para más detalles: Bernheim, Pierre- Antoine, “James, Brother of Jesus”, SCM Press, 1996.