Un nuevo año académico en Novosibirsk

Hemos comenzado un nuevo año académico en Novosibirsk...en el seminario entraron seis nuevos candidatos que suman ocho con los de segundo año. La casa esta llena, lo que es una gran alegría. Por lo demás, es la primera vez que tenemos candidatos de todas las diocesis de Rusia lo que enriquece el ambiente. Todavía reina una especie de silencio o tensión en la casa...los jóvenes se observan unos a otros, se miden, se prueban. Requiere tiempo para ir relajándose e ir entrando en esta nueva vida que comienzan. Para los formadores también es demandante, tenemos que estar especialmente atentos a las características de cada uno para ir asi armando una hoja de ruta personal para su futura formación al sacerdocio. Junto con el pre-seminario hemos comenzado el segundo año de nuestro Centro Cultural Inigo. Por a ahora estamos ofreciendo Ejercicios Espirituales de San Ignacio en la vida diaria, clases de Latín, cine-arte...y preparamos nuestra primera mesa redonda en Octubre dedicada a la Situación Actual de la Historiografía de la Iglesia Católica en Siberia. Entre estos y otros muchos proyectos (especialmente sacar adelante el Archivo Histórico de la Iglesia Católica en Siberia), la verdad es que llego rendido a dormir en la noche...a diferencias de años anteriores me siento mucho más situado desde la frontera. Sólo somos tres jesuitas en la ciudad, con mucho trabajo, y bien dispersos. Reconozco que al monje que llevo dentro le gusta la soledad, especialmente esos momentos para rezar, estudiar y pintar,  pero al trabajólico que también ocupa una habitación le incomoda tener que  trabajar sólo. Como sea, esto depende de Dios...asi es que es asunto suyo. Todo ira bien. Además que siempre lo único importante permanece, todo lo demás va cambiando sus formas...no hay que tomárselo muy en serio. Por último contento también porque ya se esta acercando, para este año o principios del próximo, mi libro sobre la Carta a los Hebreos y las Teologías del Templo (Editorial Sígueme)...ha significado mucho trabajo, dedicación, y una gran gozada el imaginar las experiencias religiosas de los primeros cristianos entendidas desde el transfondo cultural del templo de Jerusalén. Para todos los que creen que la temprana mística cristiana y judía son herramientas fundamentales para entender el cristianismo primitivo, este libro les ayudara a  profundizar mucho más en nuestra humanidad en proceso de transfiguración o divinización... paciencia, como dice el gran rabino Pablo, nos vamos haciendo a Cristo.