¿Cómo Jesús, un profeta de galilea, llegó a ser considerado Dios? (V)



¿Cómo Dios, que es grande, soberano y poderoso, puede intervenir en asuntillos tan insignificantes como los nuestros? Esta pregunta no sólo era de interés para los griegos en el mundo antiguo, también lo era para los judíos. Una de las maneras que la teología judía antigua salvaba la absoluta trascendencia de Dios era a través del logos. Dios era considerado absolutamente trascendente y como tal sólo se contactaba con este mundo material y cambiante a través de un agente especial, el logos, que se constituía en algo así como "la mano derecha de Dios". Filón de Alejandría desarrolla desde distintas perspectivas esta idea del logos como el intermediario entre el mundo y Dios. En De Querubim 27-28 este autor nos dice que el logos unifica dos atributos de Dios, su bondad y su soberanía, revelando así a Dios como un gobernante bueno. En Sobre los sueños 1,241 y en De agricultura 51, nos dice que Dios sostiene el universo para que descanse sobre su poderoso logos que es su viceregente. En De confusione linguarum 137 dice que el logos es el poder de Dios mediante el cual el hizó y ordenó todas las cosas. En De migratione Abrahami 47-48 interpreta Ex 20,18 conectando intimamente logos, palabra y luz (como hace Jn 1, 1-5) diciendo que el pueblo pudo ver el logos de Dios como resplandor y luz. En De Somniis II, 242-245 interpreta el Salmo 65,10 diciendo que el logos es como un río divino lleno de agua, es decir de sabiduría, que se divide en cuatro fuentes, es decir en cuatro virtudes cardinales. Estos ejemplos nos indican que la idea del logos como un segundo dios (deuthoros theos) no es del todo ajena al filósofo. Así indica en De somniis I que el logos es Dios, y en Quaestiones et solutiones in Genesim 2,62 que el logos es el segundo dios. Por paradojal que suene, este teólogo nunca pensó estar poniendo en cuestión el monoteísmo judío.Tampoco lo pensaban todos aquellos que como él afirmaban la existencia de un asistente divino para Dios.

Por lo tanto, la idea del logos como "mano derecha" de Dios, o como un segudo dios, no era extraña en el judaísmo del tiempo de Jesús. Al menos en cierto judaísmo de influencia helénica como el que representa Filón de Alejandría. Pero no solamente. También vemos un tipo de argumentación muy similar respecto al término memra (davar o logos) en círculos semíticos del tiempo de Jesús. La palabra memra es el arámeo del hebreo davar o del griego logos. En el Targum Onkelos se dice que el memra tiene un lugar sobre todos los ángeles como el agente de Dios que sostiene el curso de la naturaleza y que personifica a la Ley. Memra trabaja como el logos en los siguientes textos del Targum Onkelos: creando en Gn 1,3; hablando con los hombres en Gn 3,8ss; revelándose a si misma en Gn 18,1; castigando al malvado en Gn 19,24; salvando en Ex 17,21; redimiendo en Dt 32,39. En Ex 3,14 del Targum Palistinense el nombre de Yavé se identifica con la memra.

Desde esta perspectiva es perfectamente imaginable afirmar que Jn 1,1-5 era en su origen un comentario judío al libro del Génesis, al que una comunidad cristiana interpretó y agregó un comentario cristiano desde el versículo 6 al 18. La perspectiva y originalidad cristiana se daría especialmente cuando se dice que ese logos (o memra) se encarna para habitar en medio de los hombres (Jn 1,14) y cuando se le identifica con Jesús el Cristo (Jn 1, 17). Sin embargo, una perspectiva cercana a un binateismo ya estaba presente en el tiempo de Jesús.