Introducción a la Literatura de Hejalot


La temprana mística judía es conocida a través de la literatura de Hejalot. Este es el término para referirse a un amplio corpus de materiales, casi todos en estado fragmentario, de diversas épocas, que tiene como tema común un ascenso (a través de cielos o palacios celestiales) para conseguir principalmente dos objetivos (no siempre los dos): la contemplación de Dios y el conocimiento de algunos secretos. Los textos suelen ser de dos tipos: los que ponen especial interés en el conocimiento del mundo creado, o cosmología, que es lo que se conoce como “los tratados de la creación (Maasé Bereshit), que arrancan de comentarios más o menos esotéricos al libro del Gn; y los que se centran principalmente en el conocimiento de Dios, sus atributos, su corte celestial, etc. conocidos con el nombre de Maasé Mercaba, que surgen a partir de comentarios sobre la teofanía descrita en Ezequiel. En los tratados más antiguos (tanto de Bereshit como de Mercabá) el ascenso del místico tenía lugar a través de siete cielos; en los más tardíos, los cielos fueron sustituidos por palacios y a veces se combinaban los dos aspectos: palacio y cielos, preservando cada vez más la visión divina. Hejalot viene del hebreo hekhalot que es el plural de hekhal que significa no sólo “palacio” sino que también la sala que antecede al Santo de los Santos en la arquitectura del Templo. Éstos son precisamente los lugares por donde viajan los místicos de los que tratamos cuando ascienden a los cielos. Esta corriente mística-visionaria reflejada en la literatura de Hejalot se desarrolló desde el siglo II al siglo X. Hay consenso en fijar el inicio de esta literatura en el siglo II con Rabí Aquiba, del cual el Talmud dice que fue capaz de entrar y salir del Paraíso sano y salvo. Así, Rabí Aquiba se convierte en paradigma de este tipo de travesías.

Las siguientes son las obras que constituyen la literatura de Hejalot: Reuyot Yejezquel (Visiones de Ezequiel), Séfer ha-Razim (Libro de los misterios), Hejalot Zutarti (Hejalot o Palacios menores), Hejalot Rabati (Hejalot o Palacios mayores), Mercabá Rabbá (Gran Mercabá o Gran Carro), Maasé Mercabá (Obra de la Mercabá o del Carro), Séfer Hejalot (Libro de Hejalot, corresponde al libro hebreo de Henoc o 3Henoc), Masajet Hejalot (Tratado de Hejalot), Siúr Comá (Medida de la figura divina), Séfer Yetsirá (Libro de la Creación), Jarbá de-Mosé (La espada de Moisés) y Habdalá de-Rabí Aquiba (Despedida de Rabí Aquiba). Estas obras no se distinguen unas de otras de manera tan clara. Veamos las más importantes:

• Hejalot Zutarti (Los Palacios menores)
Dentro de estas obras, la más antigua es la llamada Hejalot Zutarti (Los Palacios menores) de la que el Rabí Aquiba es el protagonista. En ella se destaca el ascenso a la Mercabá o Carro de fuego y se le dan al viajero una serie de consejos y revelaciones que le serán de mucha utilidad en su trayecto. De hecho, el libro tiene un acentuado carácter técnico: aparecen en él un gran número de nombres y conjuros de indispensable ayuda para ir venciendo los obstáculos que se presentan en el ascenso y en el descenso. Además de este contenido práctico, proporciona otras fórmulas para la memorización y entendimiento de la Torá. Detrás de esta obra está la creencia de que Moisés en el Sinaí recibió no sólo la ley, sino un conjunto de enseñanzas esotéricas secretas, que ahora se pueden conocer gracias a estas fórmulas mágicas y a los viajes celestiales .
• Hejalot Rabati (Hejalot o Palacios mayores)
Otra obra importante es Hejalot Rabati (Hejalot o Palacios mayores) cuyo protagonistas son Rabí Ismael y Rabi Nehunya b. ha Qanah . La versión más antigua que se conserva de Hejalot Rabati data de finales de la Edad Media, sin embargo ésta contiene material, especialmente los capítulos 17-23, que podrían ser incluso del siglo II. El asunto central es el ascenso del alma al carro divino y su consiguiente descenso del mismo. Para ayudar al viajero, la obra ofrece diversos nombres divinos y angélicos que el sujeto debe recitar en forma de mantras y que le ayudarán a ascender por las distintas habitaciones custodiadas por arcángeles . Efectivamente, a medida que el viajero va pasando por las habitaciones y los palacios, le requieren los nombres divinos y de los ángeles que guardan cada estancia. Si falla, no puede seguir ascendiendo, o incluso pone su vida en peligro. Dios aparece sentado siempre en su trono en el Palacio divino. Incluso algunas veces el mismo trono se inclina ante Él y le pide que tome asiento. La Corte de Dios se encuentra en el séptimo cielo, allí sólo descansa Dios y toma asiento cuando el pueblo de Israel reza sus oraciones en la tierra. Este texto, a diferencia de los otros, habla de la existencia de un octavo cielo, el lugar propiamente divino . Los héroes de la mayoría de estos textos son Rabí Aquiba y Rabí Ismael. El tema central son las revelaciones que éstos han recibido en sus viajes celestiales, que abren la puerta a nuevas expediciones. Éste es también el caso del más reciente de estos textos, el Masajet Hejalot (Tratado de Hejalot).
• Masajet Hejalot (Tratado de Hejalot).
El Masajet Hejalot (Tratado de Hejalot) es un diálogo místico entre Rabí Ismael, Rabí Aquiba y Rabí Nejunia, donde se recogen una serie de oraciones, himnos, nombres divinos, combinación de palabras y fórmulas mágicas que no sólo describen la realidad celeste, sino que posibilitan el ascenso a ésta .
• Séfer Hejalot (Libro de Hejalot).
Un libro que merece un tratamiento especial es el Séfer Hejalot (Libro de Hejalot, que se corresponde con el texto hebreo de Henoc o 3Henoc). Su datación es muy discutida. Mientras que Hugo Odeberg la sitúa en el siglo III, G. Scholem lo hace en un período posterior a Hejalot Rabati en el siglo II. La obra es interesante porque combina el conocimiento propio de Hejalot y la Mercabá con una visión mesiánica de carácter apocalíptica y escatológica . Esta mezcla resulta de la incorporación al texto de varias fuentes selectas que se insertan, con mayor tino en algunas ocasiones que en otras, con un motivo principal: las revelaciones recibidas por Rabí Ismael de parte del ángel Metatrón que no es otro que el personaje bíblico Enoc. Esta obra es también peculiar pues no contiene contraseñas mágicas ni técnicas de ascenso para el viajero