La Carta de Pedro a Felipe


La Carta de Pedro a Felipe es una paráfrasis gnóstica de Lc 24-Hch 8. En esta obra Pedro es el origen de la predicación llena del Espíritu Santo de los apóstoles y tiene como finalidad la lucha contra los arcontes. A pesar de ser llamada carta no guarda las características del género epistolar salvo los saludos y presentaciones. En verdad, lo que vemos es un conjunto de géneros: epistolar, narrativo, diálogos de revelación. Tras el título (132,10-11) y los prolegómenos del escrito (132,12-133,8) Felipe se reúne con el resto de los discípulos para rezar en el monte de los olivos respondiendo así al llamado de Pedro, el príncipe de los apóstoles. Mientras rezan ocupan varios términos propios de la tradición cristiana pero adaptados a la sensibilidad gnóstica: Entonces, cuando se congregaron los apóstoles y se postraron sobre sus rodillas rezaron de este modo: “Padre, Padre, Padre de la luz, el que posee la incorrupción, escúchanos como te has complacido en tu hijo santo Jesús el Cristo. Pues él ha sido para nosotros un iluminador en las tinieblas. Sí, ¡escúchanos! (133, 19-134,1). Luego se describe una primera aparición de Jesús como una gran luz: Entonces apareció una gran luz de modo que la montaña se iluminó con la visión del que apareció. Y una voz les gritó así: Escuchad mis palabras que voy a deciros. ¿Por qué me buscáis? Yo soy Jesús, el Cristo, que está con vosotros por siempre (134, 18-19). La ocasión es aprovechada por los discípulos que hacen una serie de preguntas. Señor, nos gustaría saber acerca de la deficiencia de los eones y su plenitud, y ¿cómo estamos detenidos en esta morada?. O ¿cómo hemos llegado a este lugar?. Y ¿de qué modo saldremos de él? O ¿cómo tenemos el poder para hablar libremente? O ¿por qué los poderes luchan contra nosotros? (134, 22-135, 4). Respecto a las respuestas, la primera dice relación al origen de la deficiencia con la generación del Dimiurgo que tiene su raíz en el mito gnóstico de la caída de la Sabiduría. Cuando la desobediencia y la locura de la Madre se hizo visible al faltar la orden de la majestad del Padre, ella quiso suscitar eones. Y cuando ella habló, emergió el Arrogante. Y cuando dejó una porción, el Arrogante se apoderó de ella y resultó la deficiencia. Ésta es la deficiencia de los eones. Cuando el Arrogante tomó la porción, la sembró y puso sobre ella poderes y autoridades…Pero ellos no conocen al Padre que preexiste, puesto que son extraños a Él…Mas el Arrogante se llenó de soberbia a causa de la alabanza de los poderes. Se hizo envidioso, y deseó crear una imagen en lugar de la imagen y una forma en lugar de la forma. Y ordenó a los poderes bajo su autoridad que moldearan cuerpos mortales. Y éstos llegaron a ser a partir de una falsa apariencia de la semejanza que se había producido” (135, 11-136,15).
La segunda respuesta tiene que ver con la plenitud del pleroma que reside en Jesús. “Y respecto al Pleroma: Yo soy. Y fui enviado a un cuerpo a causa de la semilla que ha caído. Y bajé a este modelo mortal. Pero ellos no me reconocieron (al descender Jesús toma la forma de los diferentes poderes para burlarlos y evitar que éstos intentasen impedir su descenso salvador) Y hablé con el que me pertenece y él me oyó del mismo modo que vosotros me oís hoy. Y le di poder para entrar en la heredad de su padre (136,15-29). La tercera respuesta tiene que ver con el encarcelamiento en este mundo de aquellos que participan de la luz y que se debe a la envidia y de la maldad de los arcontes que rigen este mundo. Y respecto a aquello de
que estáis detenidos en esta morada: es porque sois míos
. La cuarta respuesta tiene relación con los poderes que atacan a los espirituales porque estos pertenecen al Salvador y son pueblo de la luz. Si os despojáis a vosotros mismos de lo que es corruptible, entonces os convertiréis en iluminadores entre los mortales. Y ésta es la razón por la que vosotros lucharéis contra los
poderes, porque ellos no tienen reposo como vosotros, puesto que no quieren que seáis salvados
(137,5- 15). Luego viene una pregunta y una respuesta adicional. Señor, dinos cómo lucharemos contra los arcontes, puesto que los arcontes son superiores a nosotros (137, 15-17). La respuesta es mediante la unión de los hermanos en la predicación de la salvación y la plegaria que proporciona la fuerza de Dios: reuníos y ensañad en el mundo la salvación con una promesa. Y ceñíos con el poder de mi Padre y expresad vuestras plegarias. Y mi Padre os ayudará del modo como os ayudó enviándome (137,22-29). Luego Jesús asciende a los cielos, y de regreso a Jerusalén reflexionan sobre el sufrimiento padecido por el Salvador. Pedro dice: Sufrió a causa nuestra, y nos es necesario también sufrir a causa de nuestra pequeñez. Entonces vino a ellos una voz que les dijo: Os he dicho muchas veces: es necesario que sufráis (138, 20-27). La pequeñez se refiere a nuestra existencia mortal, inmersa en la deficiencia. Llegan finalmente a Jerusalén donde Pedro realiza un discurso ante el resto de los apóstoles donde proclama brevemente el camino y los padecimientos de Jesús, que desciende a la tierra en semejanza a los hombres y muere, mas luego resucita y sube al cielo. Los apóstoles invocan al Señor para que les dé el conocimiento y el poder de realizar milagros. Nuestro iluminado Jesús descendió y fue crucificado, y llevó una corona de espinas (139, 16-18)…Hermanos míos, Jesús es ajeno a estos sufrimientos (El Salvador es extraño al reino de la materia). Pero nosotros somos los que hemos sufrido a causa de la trasgresión de la Madre…(139,22-25)…Señor nuestro Jesucristo, autor de nuestro descanso, danos el espíritu de conocimiento, de modo que también nosotros realicemos obras poderosas (140,2-8). El texto termina con la partida de los discípulos a predicar y una nueva aparición de Jesús donde este les promete su paz, su gracia y su poder. Paz a vosotros y a todo aquel que cree en mi nombre. Y al marchar, ¡que la alegría, la gracia y el poder sea con vosotros! Y no tengáis miedo. He aquí que estoy con vosotros por siempre (140, 19-24).