Introducción a Hejalot Zutarti (Palacios menores)


Dentro de la temprana literatura mística de Hejalot, el documento conocido como Hejalot Zutarti (Los Palacios menores) es la más antigua. En esta Rabí Aquiba es el protagonista. En general se destaca el ascenso a la Mercabá o Carro de fuego y se le dan al viajero una serie de consejos y revelaciones que le serán de mucha utilidad en su trayecto. De hecho, el libro tiene un acentuado carácter técnico: aparecen en él un gran número de nombres y conjuros de indispensable ayuda para ir venciendo los obstáculos que se presentan en el ascenso y en el descenso. Además de este contenido práctico, proporciona otras fórmulas para la memorización y entendimiento de la Torá. Detrás de esta obra está la creencia de que Moisés en el Sinaí recibió no sólo la ley, sino un conjunto de enseñanzas esotéricas secretas, que ahora se pueden conocer gracias a estas fórmulas mágicas y a los viajes celestiales . Hejalot Zutarti ha llegado a nosotros a través de cinco manuscritos. A pesar de su aparente desorden, el material estaría compuesto de nueve partes: 1) La introducción (§ 335–337), que se encuentra en los cinco manuscritos relaciona el viaje celestial de Rabí Akiba con el de Moisés. Se introduce y se discute el poder del gran nombre que a ambos les fue revelado en sus experiencias. 2) Encontramos luego la historia de los cuatro que entraron en el pardes, la que se encuentra de manera completa sólo en el manuscrito de Nueva York y en el de Munich (§ 344–346//338–339). 3) Luego se presenta en todos los manuscritos una discusión que escuchó Akiba durante sus viajes celestiales sobre si es posible ver a Dios (§ 348–352). La visión de Dios, se dice, es posible a través de los nombres secretos de éste, los que se deben recitar y rezar sin inquirir en sus significados. Esto nos recuerda el himno del séptimo cielo que recita Abraham en el Apocalipsis de Abraham y las palabras secretas que Pablo escuchó en los cielos (2Cor 12,4). 4) A continuación vemos una descripción que hace Akiba de los hayyot, con el número de sus rostros y alas, y detrás de ellos la aparición del la gloria divina (§ 353–356). 5) Luego, en todos los manuscritos, aunque con más brevedad en el de N.Y. una discusión de los nombres secretos de Dios en Arameo y Hebreo(§ 357–367). El material, que se encuentra en mal estado, no es ni narrativo ni descriptivo, sino más bien se trataría de instrucciones para proclamar, repetir y manipular los diversos nombres divinos. El contexto adecuado para entender este material pareciera ser la liturgia. 6) Después encontramos un midrás del trono (§ 368–375) que es una elaboración de la visión de la mercabá de Ezekiel y que corre paralela a § 353–356. La mayor parte de este material lo encontramos sólo en el manuscrito de N.Y. y sólo § 368b y § 373b–374 se encuentran en los demás manuscritos. Este material combina dos tipos de formas para calcular el número de alas y rostros de los hayyot (§ 368b and § 371b). 7) A continuación viene el midrás del ascenso que se encuentra en todos los manuscritos y que es una combinación de tres midrasim de Ez 1,27 (§ 407–412). Este material incluye el conocido episodio de la visión del agua frente al trono de Dios, y que deriva de una antigua tradición exegética de Ez 1. 8) Encontramos después instrucciones, atribuibles a Akiba, para el ascenso a los cielos (§ 413–419). En estas se nos dan los nombres de los siete príncipes angelicales que guardan los palacios o hejalot, lo que nos lleva invariablemente a los Cánticos del sacrificio sabático del Qumran; además de los nombres divinos que el visionario tiene que presentar en cada puerta. Finalmente el visionario, cuando alcanza el séptimo cielo, es sentado en las rodillas de la entronizada gloria divina. Entonces le es permitido pedirle a Dios el poder sobre los ángeles. El manuscrito de N.Y. en este punto agrega un largo himno (§ 418c–g y § 419b), que es seguido por una oración del textos del Cantar 5,10-16 (abreviado en el manuscrito de N.Y.). 9) Por último vemos un final en todos los cinco manuscritos (§ 422–424), en donde se le promete a Akiba y a todos los que siguen las prácticas de los viajes celestiales una bendición celestial.
Para más detalle: The Mystery of God, p.265-273.