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El Joven como encarnación de la gloria divina en el Seder Maase Bereshit


Metatron en la literatura mística de Hejalot es quien revela las medidas divinas y los nombres de Dios a Rabí Ismael o a Rabí Akiva. A este ángel prominente se le conoce a través de varios nombres, el Príncipe del Rostro, el Gran Príncipe, el Gran Príncipe del Testimonio, el Jovén, el Siervo, etc. Aunque varias son las tradiciones que nos hablan de él, en esta entrada me detendré en un texto llamado Siddur Rabba di-Bereshit que es muy interesante porque probablemente es una fuente antigua del Shiur Koma que hablaba del Joven o del Siervo pero sin identificarlo todavía con Metatrón. La antigüedad de este texto se ilustra también porque en él se inspirarán otros textos como el Seder Maase Bereshit y el Sefer Raziel and Sefer Koma. Comencemos señalando que en este texto encontramos una descripción impresionante de la realeza de Dios: “Él habló, y el mundo llegó a ser, y su Nombre va a permanecer para siempre y durante la eternidad. Su gloria repleta la tierra. Ejércitos de cólera están a su derecha y a su izquierda, delante de Él están relámpagos de resplandor, obscuridad, nube, polvo y la arcilla primera, delante de Él existe un campo donde se siembran las estrellas…Y sobre Él están la Gracia, la Misericordia, la Gloria, el Esplendor, la Majestad, la Belleza, y la Excelencia, y el anillo de un león, el sello de un águila, la estampa de un buey y el sello de un hombre ”(A). En esta sobrecogedora descripción de Dios aparece la figura del Joven (como dijimos todavía no identificado con Metatrón): “Y su mano (de Dios) descansa sobre este alto, poderoso, santo y bendito Joven. Y ellos vienen y se detienen delante del Joven…Y los ángeles que sirven y el Jovén vienen, bendicen, y alaban su Grandeza, Altísimo, y Maravilloso Nombre. Y cada día, el Joven adora, tres veces cada día” (B). Es interesante que en este párrafo el Joven asume roles sumo sacerdotales. En ese sentido, y al igual que el sumo sacerdote del templo de Jerusalén, encarna de algún modo la gloria divina y media entre el pueblo de Israel y Dios. Más adelante, casi al final del Seder Maase Bereshit, vemos cómo continua desarrollando otros motivos sumos sacerdotales: “La corona que está sobre su cabeza tiene quinientos mil paransangs por quinientos mil parasangs. Israel es su nombre. La piedra preciosa que está entre sus cuernos es trescientos mil parasangs por trescientos mil parasangs. Mi pueblo es mío, es su nombre. Su cuerpo es como un arcoíris, y este arcoíris aparece como rodeado de fuego por todos lados (Ez 1,27-28)” (D). La figura del Joven va adquiriendo otras interesantes cualidades en el texto: “Y este Joven es el príncipe cuyo nombre está escrito con siete sonidos, con siete letras, con setenta, con seis sobre seis, y colocado entre los más escondidos secretos, entre las más intimas habitaciones, y entre las más maravillosas maravillas, y es quien sirve delante del fuego que no se consume. Y el Santo, bendito sea, no le dio permiso ni a Adán, ni a Shem, ni a Abraham, ni a Isaac, ni a Jacob, a hacer uso de éste, a excepción de Moisés. Y Moisés dijo delante del Señor de todo el mundo: ¡Si tu presencia no va con nosotros, no nos haga salir de aquí! (Ex23,21). Y el Santo, bendito sea, le advirtió a Moisés: Guardaos de él…porque mi Nombre está en él! (Ex 23,21). ¡Este es el nombre de mi Gloria!” (C). En otras palabras, y tal como desarrollarán las tradiciones relacionadas con Metatrón, el Jovén posee el nombre secreto, el cual no sólo es el más grande de los misterios celestiales, sino que además guarda poderes taumatúrgicos. El nombre del Joven, entonces, está relacionado con el nombre de Dios, y con la lista de nombres secretos que se encuentran en la literatura de Hejalot (ver por ejemplo lo que he escrito de Hejalot Zutarti). Lo que es bien interesante es que es el nombre del Joven el que le ha sido revelado sólo a Moisés en el episodio de la zarza ardiendo (Ex 3,14). Esta particularidad no es exclusiva de Seder Maase Bereshit, también en el manuscrito de Nueva York del Hejalot Zutarti encontramos que “el fuego que ardía en el arbusto. Y Metatrón, el gran príncipe del Señor, el príncipe de los ejércitos del Señor, se le reveló diciendo:¡ Moisés, Moisés!” (341b). El nombre divino revelado a Moisés (Yo soy el que soy) se identifica con el Joven, y al mismo tiempo manifiesta la distancia entre éste y Dios. Esto sería como admitir que la primera parte del nombre (Yo soy) se refiriese a Dios, y la segunda (el que soy) al Joven.

Todo esto implica que el Joven, como sumo sacerdote, es el líder de la liturgia celestial; es quien asumiendo la representatividad de Israel, encarna las alabanzas del pueblo en el templo celestial y hace así la Gloria de Dios visible; es quien encarna el Nombre de Dios haciendo de puente entre el Altísimo y su creación. Definitivamente muy místico, muy cristiano, muy judío. Para más detalles: The Mystery of God, pp. 519-524.