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La herejía católica en Siberia


Desde que entré en contacto con el oriente cristiano, hace ya más de 10 años, una nueva aproximación a lo sagrado se ha ido abriendo delante de mí. Es la liturgia oriental, con sus cantos, iconos, velas, sacerdotes de largas barbas…marcando un ritmo y un sentido de Dios muy distinto a nuestra tradición racional de corte escolástico. A pesar que me encantaría conocer más de la ortodoxia cristiana, y aparentemente estoy en el mejor lugar, uno se encuentra una y otra vez con el mismo problema. Los ortodoxos no quieren relacionarse con los católicos. Simplemente nos ignoran, o más aún, no existimos. El ecumenismo se desarrolla en Paris, Londres, o Roma…no en Rusia (salvo contadas ocasiones). Uno tiene contacto con unos pocos ortodoxos, el ala más liberal, la que está abierta a las ideas occidentales. El dialogo es interesantísimo, pero muy restringido. Incluso con aquellos sacerdotes y laicos ortodoxos se da algo que me llama la atención. El católico no deja de ser un hereje…somos miembros de una Iglesia hermana que equivocadamente fue definiendo el dogma (el filoque o procedencia del Hijo) de manera separada e independiente de los concilios primigenios y demás patriarcados. Uno es a los ojos ortodoxos un hereje que pertenece a una secta…grande, con poder y dinero, pero secta. Pero esto de la herejía es muy interesante. El fin de semana estuve en una ciudad llamada Kubyshev que se encuentra como a 400 kilómetros de mi ciudad. El sábado nos fuimos con el sacerdote a visitar algunos pueblos de alrededor...digamos, la Siberia profunda. Allí conversamos con algunas familias de ruso-alemanes, gente muy acogedora, de unos sufrimientos llamémoslos “dovstoyeskianos”. Me llamaba la atención como el sacerdote que yo acompañaba (un hombre por lo demás muy entregado) les advertía una y otra vez de las herejías protestantes y bautistas. ¡Ahora yo no me encontraba en el campo de la herejía! No quiero entrar en disquisiciones teológicas…sólo compartir el vértigo que sentí. La herejía se define desde un dogma o desde una verdad. Mal comienzo para el verdadero ecumenismo. Creo que el dialogo religioso (también con los judíos y musulmanes) se construye desde el reconocimiento de nuestra propia ignorancia. Después de todo, ¿qué podemos de verdad decir de Dios? Todo lo que digamos de Dios o de Cristo se queda corto…es insuficiente…sólo hace del misterio una caricatura que manejamos a nuestro antojo (y muchas veces a nuestro interés). El reconocimiento de esta noble ignorancia es la única base desde la cual podemos acercarnos para poder hablar de nuestras experiencias y teologías.