La resurreción como entronización y unción sacerdotal


Una de las cosas que más me intrigan es tratar de imaginar qué es lo que entendieron las primeras generaciones de cristianos sobre la resurrección de Jesús. Uno está familiarizado con los relatos sinópticos donde Jesús se aparece a los discípulos, come con ellos, los acompaña por el camino, se deja tocar, etc. Hay algo demasiado fantástico en estas historias que me hace pensar que estamos en una etapa de la reflexión teológica donde se ha partido de la experiencia primera, y se está debatiendo con otras posturas más tardías. Para llegar a lo más primigenio respecto a la experiencia del resucitado creo que hay que reflexionar sobre algunos supuestos que he puesto en otras entradas: el martirio del justo y la exaltación o trasformación de éste cuando asciende a los cielos. Un claro ejemplo al respecto lo encontramos en el 2Enoc, escrito apocalíptico del siglo primero, que nos cuenta cómo este hombre justo es transformado o exaltado mientras sube a los cielos: Y Miguel, el más grande de los arcángeles del Señor, me elevó a los cielos y me llevó hasta ponerme delante del rostro de Dios ... Y Miguel me sacó de mis vestidos. Me ungió con un delicioso aceite cuya apariencia era más grande que la más grande de las luces, el ungüento era como un dulce rocío y su fragancia como la mirra, y su brillo como el sol. Y yo miré todo mi ser, había llegado a ser como uno de los gloriosos, no había aparente diferencia entre ellos y yo. Este texto es tremendamente revelador porque nos muestra cómo Enoc, el hombre justo, es exaltado-transformado en sacerdote-ángel del Templo celestial cuando asciende a los cielos dejando atrás nuestra existencia limitada y defectible. Creo que este tipo de entendimiento es la que está detrás de la primera noticia de la resurrección entre los primeros cristianos. ¡Jesús el mártir justo ha sido exaltado a la derecha del Padre! Y la verdad es que tenemos indicios de ello en las tradiciones más antiguas de los evangelios.

Un aspecto fundamental para explicar el desarrollo cristológico de la primera Iglesia es entender que la resurrección y ascensión de Jesús se vieron como un mismo acontecimiento siguiendo el modelo de un viaje celestial de algunos justos. El discurso de Esteban en Hch 7, 1-56 es buen ejemplo de ello. Se ubica en un contexto de polémica con el Templo (7,47-49) señalando explícitamente que la divinidad “no habita en templos hechos de mano,” (7,48) por cuanto Dios mismo dice “el cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies.” (7,49). Esta crítica al Templo es común en gran parte de la apocalíptica judía y señala que el verdadero culto es el celeste y que todo culto terreno es una mala copia de aquel. De hecho Esteban ve el cielo abierto, imagen también presente en el viaje celestial de Juan en Apoc 4, 1ss, y en el “ los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios” (7,56). Ese mismo Hijo del Hombre es Jesús de quien, utilizando la imagen de Moisés, se dice que “un profeta os levantará (aquí el verbo griego implica un juego entre levantar y resucitar) el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos” (7,37). La resurrección y/o ascensión viene a ser el viaje celestial de un Jesús transformado por medio de la entronización a la derecha del Padre. Lo mismo afirma Hch 2,22-36, que recurre a los salmos 16, 132 y 110 para explicar la identidad de Jesús. Dos veces se dice de Dios que “levantó” a Jesús (2,24.32), mientras que de David se dice que no “no subió a los cielos” (2,34). Existe un juego de palabra con el verbo “anestesw” que significa “levantar”, “resucitar”, “ascender”. La metáfora “exaltado por la diestra de Dios ” (2, 33) parece que relaciona la entronización de Jesús con la derecha del Padre, es decir, su metamorfosis haciéndolo “Señor y Cristo” (2,36) y haciendo que “todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo” (2,21). La misma dinámica se encuentra en Hch 5,30-31 con la idea que Dios levantó a Jesús (5, 30) y lo transforma como Príncipe y Salvador sentándolo a su derecha (Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador) (5,31). En este caso, la transformación de Jesús se relaciona no sólo con la entronización, sino el apelativo de nuevo Melquisedec porque provee a Israel del arrepentimiento y perdón divino (para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados) (5,31).

Creo que la resurrección se entendió en primer lugar como la exaltación-transformación del mártir y justo Jesús en un ser celestial de dimensiones increibles: el Hijo del Hombre, el Cristo, el que está a la derecha del Padre. Este entendimiento va dejar paso a otros relatos de resurrección que van a enfatizar otros aspectos como la corporalidad del Jesús resucitado. Como sea, todavía en el siglo II encontramos algunos textos cristianos que describen la resurrección de Jesús como un viaje celestial hacia las moradas de Padre donde se transformará. En las siguientes entradas nos detendremos en dos ejemplos de este tipo de relato, ambos dan cuenta del cristianismo de la región Siria: La ascensión de Isaías y el Evangelio de María Magdalena.