¿Qué tiene que ver el pecado con la impureza? Mt 15,10-20


Mt 13,53-18,35 es una larga sección que trata sobre la relación entre el Mesías y la Iglesia. En esta sección vemos que 13,53- 17,27 trata especialmente de algunos signos, controversias y enseñanzas; y también de cómo Jesús alimenta a la multitud y predice su pasión. En este contexto, especificamente en Mt 15,10-20 Jesús establece una enseñanza que personalmente no entiendo...o más exactamente, no logro entender la lógica del razonamiento. Creo que éste pierde el sentido confundiendo dos elementos que en gran parte del judaísmo de Jesús se distinguían con suficiente claridad: falta de pureza-pecado; virtud-pureza. Esta confusión es particularmente llamativa en el Evangelio de Mateo porque éste se caracteriza por presentar a Jesús como un maestro de la Ley.

El argumento de Jesús en Mt 15, 11 dice así: No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de la boca del hombre es lo que lo contamina. Luego explicará que lo que sale de la boca brota del corazón, como las malas intenciones, asesinatos, adulterios, fornicación, etc. Termina diciendo: Esto es lo que hace impuro al hombre y no el comer sin lavarse las manos (Mt, 15,20). Aunque no lo declara abiertamente, el Evangelio de Mateo, siguiendo a Mc 7,19, insinua que todos los alimentos son puros, y al mismo tiempo que la tradición farisaica de lavarse las manos no tiene sentido. El problema no está en que la comunidad cristiana haya derogado esas prácticas legales (escritas y orales), sino en cómo fundamenta el paso que está dando al señalar que para los fariseos pecado-impureza son analogables.

La expresión hebrea tohoRAH (pureza) y tumAH (impureza) son términos técnicos que no tienen una connotación moral positiva o negativa. La pureza dice relación con la división entre la esfera humana y la divina, entre la esfera de la santidad del Templo y la realidad cotidiana, no en relación con lo bueno o lo malo moralmente hablando. Es como vemos en la fotos: los musulmanes antes de entrar a la mezquita a orar, se purifican o lavan partes del cuerpo para poder prepararse a entrar en la presencia de lo Santo. En otras palabras, los fariseos nunca argumentarían que alguien que no siguiese estas leyes estuviese pecando. La pureza no tiene que ver con pecado en el judaísmo farisaico (sí lo podríamos discutir en algunos casos para los esenios). Desde el punto de vista bíblico toda persona se ubica en una situación de pureza o impureza, o lo que es lo mismo, en una situación apta o no para estar delante de la santidad de Dios en el Templo (Lev11,47). Existen reglas de pureza que conciernen a los hombres, otras a las mujeres, la mayoría a ambos; gran parte dice relación con la experiencia cotidiana de la vida. Estas reglas, más que restringir el acceso a la experiencia religiosa, la prepara haciendo al hombre y a la mujer aptos para, pasando de la realidad humana, entrar en la esfera divina. La mujer que ha dado a luz va a ofrecer sacrificios a Jerusalén no porque crea que ha pecado o se sienta culpable de su impureza, sino porque quiere celebrar una experiencia femenina única. O cuando José de Arimatea en Lc 23,53 toma el cuerpo de Jesús de la cruz para enterrarlo queda impuro por el contacto con el cadáver, pero nadie le podría reprochar que hubiese pecado. Lo mismo podríamos decir de Jesús, quien muy probablemente, participó del entierro de su padre José, quedando incapacitado para participar temporalmente del Templo. Nadie diría que Jesús hizo algo injusto.

Es verdad que existen textos bíblicos que equiparan impureza con pecado, como por ejemplo, Ezekiel 36,25 o Sal 51,4. Incluso es probable que Lev 18, cuando habla sobre la impureza de ciertas relaciones sexuales, esté dotándolas de contenido ético. Pero no es lo común. Es más bien un lenguaje metafórico que escapa de la experiencia cotidiana de la pureza e impureza de los israelitas.

No es casualidad que muchos exégetas judíos del Nuevo Testamento se sientan sorprendidos por el argumento de Mt 15, 10-20. Yo tampoco puedo entender bien por qué Mateo, siguiendo a Marcos, no le corrige en este argumento defectuoso. Por qué después de todo, ¿qué tiene que ver la impureza con el pecado?