El templo celestial en el libro de los Jubileos

El Templo de Jerusalén en el tiempo de Jesús tenía clara connotaciones visionarias. Se relacionaba como espejo con el templo celestial y con el paraíso. Algunas notas al respecto sacadas del libro de los jubileos, apócrifo que data del siglo II a.c. Para el autor de este libro el Templo de Jerusalén y su ritual existen desde la creación y tienen un origen celestial. Los ángeles dicen que los descendientes de Leví sirven, como nosotros, delante de Dios siempre (30,18). Hablando de Noé en 8,19 dice que él sabía que el jardín del Edén era el Santo de los Santos y el lugar donde estaba Dios. Ya desde Adán se relaciona el jardín del Edén con el Templo: Y Él hizó para ellos vestidos de piel, los vistió, y los envió desde el jardín del Edén. Desde el día que salió del jardín, Adán ofrece agradables sacrificios- de incienso, galbano, y especias- cuando despunta el sol en la mañana y así cubre su vergüenza con su sombra. Así Adán es constituido en el primer sacerdote del cual saldrá Leví, Aarón, y sus hijos. Es más, en cuanto al relato de la creación, jubileos presenta dos momentos: el primero es la creación propiamente y tiene lugar la primera semana; el segundo es la presentación de los animales y de la mujer. Ambos, Adán y Evan, son creados fuera del Jardín y tendrán que esperar 40 y 80 días respectivamente para poder entrar. Esto quiere significar que las relaciones sexuales tuvieron lugar fuera del Jardín-Templo y que es necesario un tiempo para su purificación. El Templo de Jerusalén está en plena continuidad con el Templo celestial, y hace las veces de espejo.