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La muerte del justo y profeta (II)


Una de las maneras cómo se entendió la muerte de Jesús en las primeras comunidades fue a través de la imagen del martirio del justo o del profeta de acuerdo a la literatura bíblica y apócrifa del tiempo. Uno de los antecedentes a los que echaron mano las primeras comunidades lo encontramos en el ejemplo de los macabeos. Durante la dominación griega algunos judíos, entre los cuales destacaba Jason (2Mac 4,7), se comprometieron con las reformas promulgadas por Antíoco Epífanes en el sentido de "gentilizar" Judea y así integrarla más a la cultura helenista dominante.Esto fue lo que desató el movimiento macabeo por la independencia (1Mac 1, 1-15). Una de las primeras acciones de Antíoco fue tomar algunos objetos sagrados del Templo (1Mac 20,28; Dn 9,24-27), poner a prueba el sistema cultual en general, y prohibir la circuncisión (1Mac 44,1-61). En una ocación, un sacerdote llamado Matatías con sus cinco hijos, quienes se lamentaban y oraban por la situación de Israel (1Mac 2,6-14), fueron obligados, junto a otras personas, a renunciar a su fe y así ser amigos del rey (1Mac 2,18). Mientras Matatías veía como un judío apostataba, el celo de Dios le inundó y le mató (1Mac 2,23-26) para luego llamar a la rebelión a todos los fieles de Dios quienes escaparón a las cuevas para prepararse a la guerra santa (1Mac 2,27-28). El llamado que hace Matatías a la rebelión es a través del ejemplo de un listado de justos en la historia de Israel que habían sido probados en su fe y luego recompensados o exaltados: Abraham, José, Fineas, Josue, Caleb, David, Hananías, Azarías, Mishael, y Daniel (1Mac 2,51-60). Ahora bien, las mismas tradiciones que nos cuentan sobre la rebelión de los macabeos contienen relatos de justos que han muerto a causa de su fe y cómo ese martirio ha resultado en beneficio del pueblo de Israel. Este es otro elemento importante al momento de interpretar la muerte de Jesús. Por ejemplo en 2Mac 7,37-38 uno de los siete hijos que fue martirizado en frente de su madre dice: yo, como mis hermanos, he dado mi vida y mi cuerpo por la Ley de nuestros antepasados, apelando a que la misericordia de Dios se muestre sobre nuestro pueblo y que a través de dificultades y plagas te haga confesar que sólo Él es Dios, y así a través de mí y mis hermanos apresurar el juicio de Dios sobre nuestra nación. En 4Mac 6,27-29 leemos la oración de Eleazar: Tú sabes, oh Dios, que a pesar que me puedo salvar, estoy muriendo y sufriendo estos espantosos tormentos por tu Ley. Se misericordioso con tu pueblo y haz que nuestros sufrimientos sean suficientes por ellos. Haz que mi sangre se derrame por la purificación de tu pueblo y toma mi vida a cambio de ellos. El carácter vicario de la muerte de los mártires se refuerza en el mismo libro en otras dos ocaciones: 17,22; 18,4.

Estas tradiciones acerca del carácter vicario del martirio de los macabeos no son los únicos antecedentes que iluminaron la interpretación cristiana de la muerte de Jesús. También en la literatura del Qumran encontramos notable ejemplos de cómo los sacrificios de los miembros de la comunidad tienen una naturaleza expiatoria. En 1QS V,6 leemos: Que expíen por todos los que se ofrecen voluntarios para la santidad en Aarón y por la casa de la verdad en Israel, y por los que se les unen para la comunidad, para el proceso y para el juicio. En III 6 leemos: Porque por el espíritu del consejo verdadero sobre los caminos del hombre son expiadas todas sus iniquidades para que pueda contemplar la luz de la vida. En VIII 6: testigos verdaderos para el juicio y escogidos de la voluntad de Dios para expiar por la tierra y para devolver a los impíos su retribución. En IX 4-5: para expiar por la culpa de la trasgresión y por la infidelidad del pecado, y por el beneplácito para la tierra sin la carne de los holocaustos y sin las grasas del sacrificio- la ofrenda de los labios según el precepto será como el olor agradable de justicia, y la perfección de la conducta será como la ofrenda voluntaria aceptable. En la literatura Para-Bíblica presente en el Qumran encontramos el siguiente fragmento del Testamento de Leví para referirse a su naturaleza sacerdotal: Y expiará por todos los hijos de su generación y será enviado a todos los hijos de su pueblo (4Q451 Frag 9 Col I 2-3). Existen otros ejemplos en la literatura del Qumran donde se menciona el carácter expiatorio de los sacrificios, como 1QM II, 5; 4Q159 1 II, 2; 1Q34bis 3 I, 5; 4Q508 I, 1; 4Q513 2 II, 4; 11Q10 (TgJob) XXXVIII, 2 (=Job 42:9-12).

También en el Pseudo Filón leemos cómo el sacrificio del justo es interpretado de manera vicaria y cómo éste es exaltado : Y Abraham tomó a Isaac para ponerlo en el altar, pero Yo (Dios) se lo devolví a su padre, y por cuanto él no me negó a su hijo, su sacrificio fue aceptable para mí, y en consideración a su sangre yo le elegí (Bib. Ant. 18,5). Por último, dos veces en el Sipre Deutoronomio aparece la pregunta sobre la naturaleza vicaria de la muerte de los israelitas por las naciones y el descenso de los malvados al Gehenna en relación a Israel (Psiqa 333.5).

Podemos decir entonces que la idea del sacrificio o muerte del justo en beneficio del pueblo estaba ya presente en el tiempo de Jesús. Esto se refuerza con lo que sabemos del sistema sacrificial del Templo, especialmente de la celebración del Yonkipur ” (Lev 16; Num 29:7-11; cf. Sir. 50:14-21; 1Q34 I-II, 6; perhaps 4Q504 1-2 VI, 5; 4Q508 2; 11Q19 [Temple] XXV, 10-16; m. Yoma). Todo esto apunta a que los primeros cristianos entendieron la muerte de Jesús como la del justo (o profeta) que muere en benefeficio del pueblo de Israel y que es exaltado por Dios a modo de justicia. Por supuesto, esta suposición hay que contrastarla con lo que nos dicen los evangelios.