Experiencias religiosas y conflictos en el cuarto evangelio (I)



En Jn 3,13 se nos dice que nadie ha subido a los cielos, sino sólo quien ha descendido desde los cielos, el Hijo del Hombre. Esta frase se ubica en una unidad literaria que va desde 2,23 a 3, 21 y que tiene como protagonistas a Jesús y a Nicodemo. Más específicamente es parte del monólogo de tipo karigmático o confesión de fe que se proclama en los versículos 13-21. Ahora bien, esta no es la única parte del cuarto evangelio donde se nos enfatiza que Jesús ha descendido y/o ascendido a los cielos. En Jn 6,62, Jesús pregunta: ¿Y entonces, qué pasaría si vierais subir al Hijo del Hombre donde estaba primero? En Jn 20, 17 Jesús resucitado le dice a María Magdalena: ¡Suéltame!, porque aún no he subido a mi Padre (avnabebhka projton patera); pero ve a mis hermanos y diles: "Subo a mi Padre (avnabainw projton patera mou) y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios". En Jn 6,33 Jesús habla de si mismo como el pan de Dios que descendió del cielo (o` katabainwn evk tou ouvranou) y da vida al mundo. En el versículo 38 Jesús agrega: he descendido del cielo (katabebhka avpo tou ouvranou), no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Todos estos ejemplos tienen como denominador común el que se predique sólo de Jesús el que descienda o ascienda a los cielos. Ahora bien, ¿por qué en el cuarto evangelio se insiste una y otra vez en este punto? ¿Se puede conocer algo más respecto a la situación vital de las comunidades joánicas a través de estos textos?

Exégetas tales como J.H. Bernard , H. Odeberg , R. Brown , F. Moloney , W. Meeks , J. Dunn , P. Borgen , J. Kanagaraj , entre otros, han llamado la atención sobre la polémica en torno a los viajes celestiales como experiencia religiosa en el cuarto evangelio. Cada uno aportando al estudio exegético desde distintas disciplinas ha concluído que la razón que tiene el cuarto evangelio para insistir en la unicidad del descenso y ascenso de Jesús es precisamente cerrarle el paso a todos aquellos que emulaban y practicaban los viajes celestiales de conocidos héroes veterotestamentarios como Enoc, Abraham, Leví, Moisés, Isaías. En otras palabras, el cuarto evangelio estaría en abierta polémica con la temprana mística judía representada por los visionarios de la mercabá. Sólo Jesús, y nadie más que él, ha contemplado las realidades y los misterios celestiales (1, 18).

Además de estar de acuerdo con estos autores, me gustaría agregar el análisis de otros dos textos que refuerzan el punto anteriormente expuesto. Siguiendo el estudio realizado por A. DeConick estoy de acuerdo en que el discurso de despedida de Jesús en Jn 13,31-14,30 tiene varios elementos que hacen suponer un contexto de polémica con los viajes celestiales promovidos por Tomás, Judas y Felipe, a los que se les achaca no haber entendido el verdadero significado de la Revelación de Jesús. Por otra parte, también resulta iluminador el juicio de Jesús ante Pilato en Jn 18,28-19,16ª, que manifiesta un tenor sarcástico e irónico respecto a las visiones de la Mercabá. Este texto sobre el juicio a Jesús se sitúa en el climax de la obra donde se le revela en plenitud todo lo que hasta ahora sólo se podía entrever: la verdadera identidad y misión de Jesús como Mesías, Hijo del Hombre, Rey, Juez, Sacerdote, etc. La realeza y el sacerdocio de Jesús reflejan la gloria de Dios, pero, e irónicamente, en el despojo de la cruz y no en las cortes celestiales.

Creo que es importante dar un paso más en el estudio de la relación polémica de los viajes celestiales con el cuarto evangelio. Este paso viene dado por el esfuerzo de entender el problema desde un modelo que aplique el concepto de experiencia religiosa al estudio exegético de los textos en cuestión. Considero que entender las experiencias religiosas que están en juego es entrar en un mundo de significado simbólico y ético, siempre en dialogo con las creencias, de las comunidades joánicas y sus competidoras.