Transformación del creyente en el Evangelio de Felipe


La transformación del creyente en el Evangelio de Felipe coincide con la experiencia del propio Jesús siguiendo el mito del salvador salvado. Esto quiere decir que el creyente tiene que hacer suya la experiencia salvadora que experimentó el propio Jesús. Éste se había sumido en el olvido y en el sin sentido propio de la dimensión material en la que vivimos hasta que en el momento de su bautismo recuerda y reconoce quién es en verdad, de donde ha venido, a donde está regresando, y a donde de verdad pertenece. Desde ese momento Jesús no sólo se salva sino que también se convierte en el salvador de los que, como él, pertenecen al mundo superior del pleroma, porque les muestra el camino a seguir. Esto se actualiza en una serie de ritos distintos que confluyen en una única iniciación. Así, en 69,14-70,4 la imagen del Templo se ocupa para hablar de la salvación en etapas, donde el santo representa el bautismo; el santo del santo a la redención; y el santo de los santos a la cámara nupcial, todos ritos que componen la iniciación del cristiano en las comunidades de Felipe : “Tres edificios había en Jerusalén dedicados a la ofrenda: uno, de cara al oeste, denominado “el santo”; otro de cara al sur, denominado “el santo del santo”; el tercero, de cara al este, denominado “el santo de los santos” es la cámara nupcial. El bautismo comporta la resurrección y la redención, (teniendo lugar) la redención en la cámara nupcial, pero la cámara nupcial está en lo superior a…Tú no encontrarás su…los que oran en espíritu y en verdad….Jerusalén. Hay algunos en Jerusalén que oran en Jerusalén, buscando el reino de los cielos, los que son denominados: “el santo de los santos”…el velo se rasgó…cámara nupcial, a no ser la imagen….de arriba. Por esto su velo se rasgó de arriba abajo. Pues era menester que algunos de abajo se dirigiesen arriba. Esta idea de progresión también se ve en otros dichos donde se agregan otros ritos, así en 67,28-30 se habla del bautismo, unción, eucaristía, redención y cámara nupcial; y en 70,34-71,3 donde se habla del renacimiento, unción, redención, la cámara nupcial. La redención y la cámara nupcial no han de verse como ritos distintos, pero como etapas en un mismo ritual de iniciación que incluye el bautismo y la unción para terminar con una eucaristía.

El bautismo, la unción, la eucaristía, la redención y la cámara nupcial, todos están relacionados con la encarnación del Salvador, como con su bautismo y crucifixión. En su bautismo el salvador se manifiesta salvado. Aunque conservado de manera fragmentaria esto parece decir el dicho 72,30-31: Los….descienden al agua… fuera, será salvado….los que recibieron el bautismo en su nombre. Pues él dijo: “Así cumpliremos toda justicia” (72,30-31). De manera más clara se dice lo mismo en 77,7-11: Al igual que Jesús perfeccionó el agua del bautismo, asi vació a la muerte. Por eso nosotros ciertamente bajamos al agua, pero no bajamos a la muerte para no ser vaciados en el espíritu del mundo; cuando el espíritu del mundo sopla, hace aparecer el invierno; cuando sopla el Espíritu Santo, hace aparecer el verano” (77,7-11). En el bautismo Jesús se desviste del mundo material y se reviste del inmaterial es analógico a sumergirse en las aguas (mundo material, muerte) y emerger al mundo invisible y espiritual. El bautismo del creyente se realiza, como el de Jesús, entrando y saliendo del agua. De esta manera realiza la experiencia salvadora del propio Jesús: Si uno se sumerge en el agua y sale sin haber recibido nada y dice “soy cristiano”, ha recibido el nombre en préstamo. Pero si recibe el Espíritu Santo, posee el nombre en calidad de regalo. A quien ha recibido un regalo no se le quita, pero a quien ha recibido un préstamo se le exige su restitución (64,22-30). Ver también 72,30-31; 75,23-24; 77,9-10. Respecto a la metáfora de la muerte a esta realidad material defectuosa que implica una inmersión profunda ver 61,12-18. Como sea, también cuando se celebra el bautismo en las comunidades de Felipe, se menciona una formula trinitaria (67,19-22).El desvestirse debió haber sido parte del ritual bautismal y es mencionado explícitamente: Es necesario que nos revistamos del hombre viviente. Por ello, cuando va a bajar al agua se desviste para revestirse de éste (75,23-25). Este desvestirse de la realidad corporal deficiente tal como la conocemos también se explica en el dicho 56,26-57,22: “Algunos temen resucitar desnudos. Por ello desean resucitar en la carne. Y no saben que los que portan la carne son los que están desnudos. Aquellos que son capaces de denudarse, son precisamente los que no están desnudos. “La carne y la sangre no heredarán el reino de Dios”. ¿Cuál es la que no heredará? La que portamos encima. ¿Y cuál en cambio, la que heredará? La perteneciente a Jesú y sangre. Por ello dijo: “El que no come mi carne y bebe mi sangre no tiene vida en él”. ¿Qué carne es esa? Su carne es la palabra, y su sangre es el Espíritu Santo. Quien ha recibido estas cosas tiene alimento, y tiene bebida y vestido. Por mi parte, yo repruebo a los otros que dicen que la carne resucitará. Así pues, ambos se equivocan. Tú dices: “La carne no resucitará”. Pero dime qué resucitará, para que podamos honrarte. Tú dices: “El espíritu que está en la carne” y también “Esta luz que está en la carne”. También es éste un logos que está en la carne, pues sea lo que sea lo que digas, nada nombras que esté fuera de la carne. Es menester resucitar en esta carne, ya que todo está en ella. En este mundo los que se ponen vestidos valen más que los vestidos; en el reino de los cielos los vestidos valen más que aquellos que se los han puesto.Otros textos que dicen relación con el desvestirse son: 57,8.19- 22; 58,15-17; 70,5-9; 76,27-30.

La unción no recapitula toda la acción salvadora de Jesús, sino sólo el momento cuando Jesús salé de las aguas del Jordán (70,34-71,3; 74,12-24) cuando recupera su estado previo a la encarnación. En ese momento el salvador es salvado. La unción provee al gnóstico de la resurrección, la libertad y la luz. Mas cuando se revele (el Espíritu Santo), entonces la luz perfecta se derramará sobre todos, y todos los que están en ella recibirán la unción. Entonces los esclavos serán libres y serán redimidos los cautivos (85,25-28).La transformación del iniciado se describe como vestirse de luz en la unción: Las potencias no ven a los que se revisten de luz perfecta, y no pueden afectarlos. Ahora bien: uno se revestirá de luz en el misterio, en la unción” (70,5- 9). Esta seguridad que nos proporciona la unción frente a los poderes malignos también la leemos en 76,22-30: No sólo no podrán aprehender al hombre perfecto, sino que no podrán verlo, ya que si lo ven lo aferrarán. No hay otro modo de obtener esta gracias más que revistiéndose de la luz perfecta y convirtiéndose uno mismo en luz perfecta. El que se revistió entrará…Ésta es la perfecta luz, y es necesario que nos convirtamos completamente en hombres perfectos antes que salgamos del mundo”. El que ha sido ungido posee todo: la luz, la resurrección, y la cruz (74,18-20). El crisma, como elemento fundamental de la unción, es una palabra muy usada en el evangelio (57,28; 67,5.28-29; 69,14; 73,17; 74,12.13.16). Muy probablemente el crisma había de ser de olivo (73,17-19) y de alguna manera con una fragancia especial (77,35-78,10). La asociación entre el crisma y el fuego pueden indicar que estaba caliente (57,22-28;67,2-9) y que era derramado en la cabeza del iniciado (85,26).

La unción se entiende como superior al bautismo porque rememora el ascenso de Jesús de las
aguas bautismales cuando renace: “La unción es superior al bautismo, pues es en virtud del crisma por el que fuimos llamados “cristianos”, no a causa del bautismo. Y Cristo fue llamado así a causa del “crisma”, pues el Padre ungió al Hijo, el Hijo ungió a los apóstoles, y los apóstoles nos ungieron a nosotros” (74,12- 15). Lo mismo se nos dice en otro dicho: “ La Verdad no vino al mundo desnuda, sino que vino es símbolos e imágenes; el mundo de otra forma, no podría recibirla. Hay un renacimiento y una imagen del renacimiento.... Tal es necesario para aquellos que adquieren no sólo el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, sino que los obtuvieron para sí mismos. Si uno no los obtiene para sí, también el nombre le será arrebatado. Se los recibe, empero, en la unción del….del poder de la cruz. A este poder lo denominan los apóstoles “la derecha y la izquierda”, pues tal individuo no es ya un cristiano, sino un Cristo (67,10-27). En otros textos se enfatiza la complementariedad de la unción y el bautismo como en 69,8-14; 67,2-6. Cuando se distingue entre el bautismo y la unción también se ocupa la imagen de recibir el nombre y la de recibir la realidad del significado del nombre dando al iniciado una nueva identidad. Esto es muy importante porque nos habla de la transformación del visionario. Éste se convierte en aquello que contempla o experimenta en el bautismo o unción. Esta transformación del creyente está bellamente expresada en 61,12-35: “Dios es un tintorero. Como los buenos tintes, denominados “auténticos”, sólo se desvanecen con las cosas teñidas con ellos, así ocurre con los que Dios ha teñido. Puesto que sus tintes son inmortales, ellos se vuelven inmortales gracias a sus colores. Por su parte, Dios bautiza, a quienes bautiza, en agua. No le es posible a nadie ver algo de las realidades estables a no ser que se haga como ellas. No ocurre así con el hombre que está en el mundo: él ve el sol, no siendo él sol; y ve el cielo y la tierra y todas las otras cosas, no siendo empero tales cosas. Pero así ocurre con la verdad: tú has contemplado algo de aquel lugar, te transformaste en ello; contemplaste el Espíritu, te transformaste en Espíritu; contemplaste a Cristo, te transformaste en Cristo; contemplaste al Padre, te transformarás en Padre. Por ello, aquí ves todas las cosas y no te ves a ti mismo, pero en aquel lugar te ves a ti mismo, pues lo que veas en eso mismo te transformarás. También el texto en 60,8-14 lo expresa bellamente: “Mediante el Espíritu Santo somos ciertamente engendrados, pero somos reengendrados mediante Cristo. En ambos casos somos ungidos mediante el Espíritu. Cuando fuimos engendrados fuimos reunidos. Nadie podrá, sin luz, verse a sí mismo ni en el agua ni en un espejo. Y tampoco podrás verte, a la luz, sin agua o espejo. Por ello es necesario bautizar en ambas: en la luz y en el agua. Ahora bien, la luz es la unción” ( 69,8-14). De manera estricta es la unción la que provee la luz y el fuego que produce el renacimiento y las visiones.

La cámara nupcial simboliza a su vez la recepción y unificación con Espiritu Santo (Sofia) y con el Padre una vez que sale del agua. En la cámara nupcial y en la unción de fuego se produce la unión entre el Salvador y la sabiduría (no la madre) aludiendo al bautizo y a la muerte de Jesús cuando él reconoce quién es y cuál es su verdadera naturaleza. Es posible que en esta parte del rito el iniciado llevase lámparas: Todo aquel que ente en la cámara nupcial encenderá la luz, pues….como los matrimonios que …acontece de noche, el fuego ilumina de noche y se extingue, pero en cambio los misterios de este matrimonio se consuman durante el día y a la luz; ni ese día ni su luz se apagan” (85,32-86,5).

La eucaristía se relaciona con la cruz en 63, 21-24: “La eucaristía es Jesús. Pues él es denominado en siriaco “Pharisatha”, es decir, “el extendido”, pues Jesús vino a crucificar el mundo. También se relaciona la eucaristía con la encarnación: Antes de que Cristo viniese no había pan en el mundo; al igual que en el Paraíso, el lugar donde Adán estaba- había muchos árboles para alimento de los animales, no había trigo para alimento del hombre. El hombre se nutría como los animales, pero cuando vino Cristo, el hombre perfecto, trajo pan del cielo a fin de que el hombre se alimentase con alimento de hombre (55,6-14). También la eucaristía es relacionada con la resurrección cuando se come la carne y se bebe la sangre de Cristo y el redimido adquiere un nuevo vestido al modo de Jesús (56,26-57,19). Una oración eucarística se ofrece en 58,10-14: Aquel día dijo en la acción de gracias: Tú que has unido la luz perfecta con el Espíritu Santo, une también a los ángeles con nosotros, con las imágenes. La eucaristía no es ofrecida como parte del proceso de iniciación, pero no por ello pierde su carácter soteriológico: “El cáliz de la oración contiene vino y contiene agua, figurando como símbolo de la sangre
sobre la que se da gracias; y se llena con el Espíritu Santo y lo que pertenece al hombre totalmente perfecto. Cuando bebamos esto recibiremos al hombre perfecto. El agua viviente es un cuerpo. Es necesario que nos revistamos del hombre viviente. Por ello, cuando va a bajar al agua se desviste para revestirse de éste (75,14-21
). La eucaristía simboliza lo que ya se había realizado en el momento del bautismo, unción y cámara nupcial (58,10-14; 63,21-24). La eucaristía consistía de pan y vino (75,1; 77,3-4). El vino se mesclaba con agua (75,14-16). Asociada con la eucaristía estaba el beso santo, aunque también era parte de la felicitación al neófito: Por ello nos besamos unos a otros, recibiendo la concepción por la gracia mutua que hay entre nosotros (59,2-6).
La redención que implica que el salvador sea re-nacido; re-ungido; y redimido en las aguas del Jordan (70,37-71,3).

Al parecer todos estos sacramentos eran parte de un mismo acto iniciatorio por cuanto refieren a la vida de Jesús, vista en su totalidad, como el re-vivir el mito del salvador salvado y, aunque parezca contradictorio, señalando la imagen de Cristo como salvador (67,26-27; 61,20-35). Y es que el Salvador salva sometiéndose a sí mismo a las mismas condiciones de las que él salva. La eucaristía, si bien podía ser parte del rito de iniciación, se repetiría posteriormente de manera regular.