La transformación de Moisés en las fuentes samaritanas



La transformación de Moisés cuando sube al Sinaí es uno de los antecedentes básicos para entender la del propio Jesús cuando sube a los cielos en su resurrección. La literatura samaritana desarrolló mucho la idea de Moisés transformado, además de mediador entre el cielo y la tierra. Tres son las fuentes de la religiosidad samaritana: la Torá, cuya versión es distinta a la judía; la traducción de la Torá a la lengua samaritana y la Memar Merqah, compuesta entre el siglo III y IV. Ésta última es un midrás de la Tora, en seis libros, que empieza con el relato de la Zarza ardiente y termina con la muerte de Moisés. Se centra, pues, en la figura de Moisés, el único profeta que ha existido de acuerdo con la tradición samaritana. En las tradiciones samaritanas, los viajes celestiales de Moisés tienen su máxima expresión en la ascensión al monte Sinaí en el que Moisés sufre una metamorfosis que se simboliza por los nuevos vestidos y por el hecho de que es coronado en gloria. Es frecuente en el Memar Marqah la expresión Moisés fue vestido con luz, expresión paralela a la de ser vestido o coronado con el nombre de Dios , que da a entender la metamorfosis a un estado divino . Moisés es nombrado príncipe o ayudante de Dios, se le encomienda una misión en la Tierra y se le confían secretos divinos que son vida para los hombres. En la teofanía del Sinaí, y de acuerdo con las tradiciones samaritanas , la nube en la cumbre de la montaña no era de naturaleza gaseosa sino un velo que, en verdad, separaba el mundo visible del invisible. Cuando Moisés penetra en la nube, en realidad está entrando en el mundo celestial en el cual la realidad no se muestra ya de manera defectuosa como en la tierra . Al acceder a esta nueva realidad, Moisés sufre una serie de metamorfosis que se expresan de distintas maneras, por ejemplo, su forma humana cambia a la de un ángel que coincide con la de Adán , como en Memar Marqah, 5.4: Fue vestido con la forma que tenía Adán en el Jardín del Edén. Su rostro resplandeció hasta el día de su muerte. Esta asociación entre Adán y Moisés refleja la idea de que éste es descendiente y representativo del primer hombre. En otras palabras, existe un paralelismo entre la corona y la luz que viste Moisés en los cielos y la imagen de Adán de la que se reviste Moisés .

La imagen de Dios queda de alguna manera grabada en Moisés cuando éste desciende de los cielos , como se nos asevera en Memar Marqah 6,3: Su imagen (la de Dios) habitaba en él. ¡Qué terrible para todos aquellos que la contemplaban, nadie mirarla de frente. En el mismo texto se menciona que en los cielos se le dio comida propia de ángeles: Se le suministró alimento de ángeles. Lo sentaron a la mesa de los ángeles y comió de su pan. Todas estas experiencias confieren a Moisés el papel de intercesor en el mismo texto: El gran profeta Moisés ascendió al monte Nebo con gran majestad, coronado de luz; y una gran cantidad de ángeles se reunieron para conocerlo. De hecho, mientras Moisés asciende por el Nebo mira en ocasiones al pueblo que queda atrás como una madre preocupada que ha dejado a sus hijos. Cuando Moisés entra en la nube los ángeles se alegran mientras los israelitas se entristecen .

La muerte de Moisés también es entendida en algunos textos samaritanos como un viaje celestial: ¡Qué grande la hora en la que el gran profeta Moisés se detuvo en la cima del monte Nebo y todos los ángeles celestiales le honraban (…) Grande era el júbilo que sentía el corazón de Moisés cuando vio a los ángeles que le rodeaban, a derecha y a izquierda, delante y detrás de él. La Gran Gloria lo tomó de la mano derecha y caminó delante de él. (Memar Merqah 5, 3) . No está claro si se afirma o no la muerte de Moisés. En la versión A de Aboth de R. Nathan, un tratado escrito entre el siglo III y el IV, Dios le dice a Moisés que ya ha tenido suficiente de esta tierra, que un nuevo mundo le espera, lugares preparados desde el sexto día de la creación para él (Capt. 12). Entonces el texto dice que el alma de Moisés fue elevada a los cielos para ser puesta en un lugar seguro bajo la protección del trono de Dios. En la versión B de la misma obra se afirma que Moisés, nuestro maestro, fue como un hombre, pero ya no más, ahora es como los ángeles que sirven a Dios (1,123). En otro texto samaritano conocido como Yalqut Shimoni se lee que Dios le dice a Moisés: Todas las criaturas descienden al Seol, como está dicho «todos descienden al silencio» (Sal. 115, 17), pero tú asciendes como está dicho «Sube a la montaña de Abarim» (Nm 27,2). En otro texto conocido como el libro de Joshua, obra árabe que recopila varias fuentes hebreas, se lee que el alma de Moisés es trasladada a los cielos .

Todos estos ejemplos, tomados de distintas fuentes judías y samaritanas, confirman que Moisés es todo un referente en los viajes celestiales y en las consecuentes transformaciones. La resurrección de Jesús se puede entender a la luz de estas experiencias. De lo que, sin embargo, tenemos que tener cuidado es el cómo fechar estos documentos samaritanos. No hay una rigurosidad exegética al momento de datarlos.