El Apócrifo de Juan y la Neuroteología


El estudio de las experiencias religiosas a través de los textos antiguos es muy importante para entender el surgimiento del cristianismo. Después de todo, se cree no a partir de convicciones intelectuales, sino a partir de experiencias religiosas. Además existe una dialogo virtuoso entre estas experiencias religiosas y las creencias en las primeras comunidades. La experiencia religiosa no sólo va respondiendo muchas preguntas del grupo configurando las creencias de éste, al mismo tiempo va confirmándo y profundizando las mismas creencias que se van acomulando. Una de las aproximaciones que considero importante al momento de entender las experiencias religiosas es desde la neuroteología porque ésta da cuenta de qué es lo que se produce en el cerebro cuando sentimos lo propio del encuentro con Dios.

Veamos un ejemplo. En el Apócrifo de Juan, escrito gnóstico del siglo II, se plantean una serie de preguntas: ¿Por qué fue elegido un salvador?¿Por qué fue enviado al mundo? ¿Quién es el Padre que lo envió? ¿Qué significa que vayamos al eón incorruptible? (1, 22-30). Todas estas preguntas nacen y se responden a través de un dialogo virtuoso entre la construcción de un mito y las experiencias religiosas que lo van confirmando y enriqueciendo. A través del texto se vislumbra que los cristianos relacionados con el texto se entendían como perteneciendo a la raza inamovible de Set (25,26-27,30), sobre los cuales el Espíritu de Vida ha descendido, y que van a tener vida eterna. Estos son perfectos y dignos de la grandeza, se purifican de toda maldad y de los deseos, sólo se preocupan de la incorruptibilidad en la cual meditan constantemente. ¿Cómo podrían meditar en la incorruptibilidad? Es perfectamente imaginable que practicasen algún tipo de meditación que los acercase a la idea que tenían de Dios. Ellos contemplaban a un Dios que desde el punto de vista platónico contenía todo lo que verdaderamente existe. Lo veían como el Padre de Todo o Espíritu Invisible, Sin límites, Escondido, Inmensurable, Inefable, Imperecedero, más grande que un dios, Eterno, No carente de nada, Insondable, Inexpresable, incomprensible; ni grande ni pequeño, corpóreo o incorpóreo; Luz, Dador de vida, Gracia, felicidad, divinidad, perfección (2,28-4,10); la fuente de todo, y por lo tanto Padre, Luz, Vida, y Bondad; la eternidad que genera eternidad, luz que genera luz, vida que genera vida, gracia que genera gracia, conocimiento que genera conocimiento (4,37-38).

El meditar sobre la incorruptibilidad implica tomar distancia de todos los defectos del mundo material que caracterizan en la figura del demiurgo Yaldabaoth. A diferencia de Dios que es conocimiento y fuente de todo conocimiento, Yaldabaoth es arrogante (11,19-21; 14,15-16). A diferencia de Dios que es único gobernante, Yaldabaoth genera doce arcontes; más 84 potencias (siete por cada arconte); más siete poderes o reyes para cada uno de los cielos; más los cinco elementos; en total suman 36 ángeles, o sea el año zodiacal astrológico. A diferencia de Dios que es Santo, invisible, incorpóreo; Yaldabaoth es visible, puede ser descrito, es multiforme. En definitiva, Yaldaboath como gobernante de nuestro mundo es una mala parodia de Dios de la cual la raza inamovible de Set prescinde. Se trata por lo tanto de alcanzar un control efectivo sobre las pasiones para alcanzar un estado de apatía. La raza inamovible de Set vive sin envidia, sin celos, sin apetencia, sin insatisfacción. No son afectados por nada, salvo por la carne que hayan consumido (25, 20-35). Esto se logra, entre otros medios, a través de la meditación sobre la incorruptibilidad o atributos de Dios.

¿Qué sucede cuando el cristiano setiano medita sobre las cualidades de Dios? Lamentablemente no tenemos una descripción sobre el cómo se ejercitaban estos cristianos. Sin embargo, el cómo entienden la divinidad hace posible imaginar, desde la neurología, el siguiente escenario conducente a una sensación unitaria de la realidad que ellos identifican con Dios. Resumiendo, y siguiendo la terminología de A. Newberg, la meditación pudo haber comenzado inhibiendo la parte derecha del área de atención asociativa (relacionada con la generación de un sentido de espacio y orientación) a través del ir clarificando o limpiando la mente de pensamientos y palabras hasta llegar a la perdida del sentido del espacio. Lo que conduce hacia este estado unitario de la realidad es la progresiva inhibición del área de orientación asociativa, ubicada en el lóbulo parietal superior-posterior, mediante el bloqueo de los imputs que recibe desde los sentidos, lo que hace que la persona vaya gradualmente perdiendo la habilidad de orientarse corporalmente. En la medida que el bloqueo del área de orientación asociativa aumenta, se va percibiendo una mayor unión con el resto del mundo y una pérdida del sentido del “yo” y del “otro”. Y es que si, por ejemplo, escuchamos un ritmo lento y repetitivo, como sucede en la liturgia católica o en el Shinto, podemos eventualmente sentirnos absorbidos en este sonido hasta eventualmente “perdernos” en éste haciéndonos “uno” con éste. Esta experiencia, afectivamente muy fuerte, se suele reflejar en la sensación oceánica, unión mística con Dios, etc. que resuelve las polaridades de bien-mal, vida-muerte, Dios-humanidad.

¿Por qué es importante entender esta experiencia religiosa desde la neurología? No sólo porque entendiendo su mecanismo se podría eventualmente reproducir en el laboratorio, sino porque también sitúa la experiencia religiosa desde su función biológica. Esta se podría resumir groseramente señalando que la resolución holística se produce de manera comunitaria, es decir al unísono con el grupo, ayudando a reducir o controlar la agresividad en las comunidades humanas, confirmando las creencias y los valores dominantes del grupo, y acotando la angustia que produce el desconocimiento y la finitud humana. En otras palabras, entender la experiencia religiosa desde la neuroteología nos ayuda a configurar la función biológica de la misma conducente a explicar el por qué del éxito de nuestra especie desde el punto de vista evolutivo.