El seguimiento de Jesús y el seguimiento a un Rabí


Una de las características del seguimiento a Jesús propuesta en los evangelios es la radicalidad. El seguimiento a Jesús es lo más importante lo que hace que el discípulo no pueda despedirse de los de su casa (Lc 9,61) o enterrar a su padre (9,60). Al hombre rico de Lc 18 Jesús le exige dar todas sus riquezas a los pobres para poder seguirlo. Por otra parte, Jesús le dice a Pedro que aquel que ha dejado todo por el Reino recibirá una gran recompensa en este tiempo además de la vida eterna (Lc 18,28-30). También Jesús señala que no es posible seguirlo sino se ama menos a la familia (Lc 14,26-27). Aquí el verbo misew más que odiar significa amar menos siguiendo el sentido semítico como en Gn 29,31 y en Dt 21,15. Todos estos sacrificios no son idealizados en los evangelios. Así, les advierte que si bien las zorras tienen madrigueras y las aves nidos, el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza (Lc 9,57-58). Por eso Jesús invita a los suyos a calcular bien los costos antes de seguirlo para así no dejar la empresa a medio camino (Lc 14,28-33). Muchos exégetas ven en esta radicalidad una propuesta particularmente cristiana distinguiéndola de su matriz judía. Sin embargo yo creo que es precisamente lo contrario. Para entender este radical llamado al discipulado tenemos que entender cómo se circunscribe en el judaísmo de Jesús.

De acuerdo al Peah 1,1 el honrar al Padre y a la Madre es muy importante en este mundo, pero lo principal permanece para el sujeto en el mundo venidero. De acuerdo a este texto, el estudio de la Tora era más importante que el permanecer junto a los padres. Pero no sólo respecto a los padres, también se habla sobre las esposas e hijos. Muchos de los discípulos de Jesús pudieron ser casados (Lc 4,38) y con hijos puesto que la edad promedio para desposarse era los 18 años (Avot 5,21 en la Mishna). De acuerdo a la Mishna Ketubot 5,6 los judíos casados necesitaban la autorización de sus esposas para abandonar la casa e ir a estudiar la Toráh con un sabio por más de 30 días. Sin embargo, a pesar de las dificultades que implicaba el dejar a la familia, el estudiar la Toráh con un sabio rodeado de sus discípulos era más satisfactorio. En estas relaciones el maestro se convierte para el discípulo en un padre, y sus compañeros en una familia. En la Mishna Bava Metsi´a 2,11 leemos: Cuando una persona está buscando la propiedad perdida de su padre y de su maestro, la pérdida de su maestro es más importante que la de su padre por cuanto el segundo lo ha traído sólo a la vida en este mundo, mientras que el primero lo ha traído a la vida en el mundo venidero. Pero si el padre no es menos sabio que el maestro, entonces la pérdida del primero es más importante…Si su padre y su maestro están ambos en cautividad, él debe primero rescatar a su maestro, y solo después a su padre, salvo que su padre sea un sabio, en el caso que debe ser rescatado primero. Todo esto demuestra el tremendo amor y respeto que las escuelas rabínicas de discípulos sentían por sus maestros y sabios.
Algo similar pudo haber ocurrido con Jesús, maestro y sabio, en relación con sus discípulos. Estos lo dejaron todo para poder aprender de la interpretación radical de la Ley que Jesús proponía. Con el tiempo, y especialmente después de la resurrección, llegarían a descubrir que Jesús encarnaba esas enseñanzas que identificaban con el Reinado de Dios. Para más detalles: Bivin, David, First-century Discipleship.