La transformación del vidente en Allogenes


Allogenes es un tratado gnóstico setiano con una fuerte influencia platónica. Es un libro complejo que presenta, simplificando, la siguiente estructura divina descendente:

Primero, Dios aparece como el Espíritu Invisible; el desconocido; el no-ser; el silencio; el perfecto; la fuente de todo; no hay divinidad más allá de él; inmaterial material; número innumerable; forma sin forma; sustancia insustancial; poderoso sin poder; activo sin actividad; es Vida, es existente, es mente; existen antes de todas las glorias, antes de toda existencia. No cede a ninguna forma cuando acrisola o cuando purifica, cuando recibe o cuando da (62,1- 5); él es absolutamente otro, superior a la beatitud y a la divinidad, y a la perfección: Pues no es perfecto, sino otra cosa (62, 30-35); no es un número, no es una producción (63,9); es una revelación primordial y un autoconocimiento, sólo él se conoce a sí mismo; es superior a las realidades superiores y esto de manera que ni participa en lo suyo ni deja de participar en lo suyo (63, 20-35); pero tanto si uno ve de qué manera es incognoscible…o si uno lo expresa como una realidad parecida a un conocimiento, se ha mostrado impío respecto a él y es criticable porque no conoció a Dios (63,18-24). Todo esto nos habla de una aproximación negativa a la divinidad...nada se puede decir, porque si predicamos algo de ella, eso ya sería un sacrilegio. Tan inimaginable es la divinidad. Aún así, Allogenes reconoce una especie de trinidad de atributos o actos (no como cualidades o sustancias) en este Espíritu Invisible: el existe sin existencia, vive sin vida, y conoce sin intelecto (61, 32-39). Esta triada es presentada como pura e infinita indeterminación: existiendo, viviendo, pensando.

Segundo, del Espíritu Invisible deriva, como Primer Pensamiento, Barbelo, quien se caracterizá por ser incorpóreo; sin tiempo (Allogenes XI 45,8- 51,10-11); conteniendo las cosas, tipos e imágenes que realmente existen (las Ideas). De Barbelo emanan, a su vez, otra trinidad de aspectos personalizados: Primero, Kalyptos (45,32-33) o el Uno Escondido (46,32-34; 51,12-21) que,como el Intelecto de Plotino, preside sobre los auténticos existentes, es decir sobre las Ideas. Tiene que ver con el ser, y es el primer manifestado: y ella vino a ser el Oculto, la que obró en los que ella conoce. Es un Protomanifestado, intelecto perfecto e invisible (45,32-33). Segundo, Protophanes (58,17-18; 46, 26-30) que preside el dominio de aquellos que están unificados es decir hace inteligible a las Ideas y es como el Alma Cósmica Plotino. Tiene que ver con el Intelecto, el gran varón , el Intelecto, la procesión de ellos. Cuando contempla a la Intelección, contempla también a los que existen realmente y la procesión de los que constituyen una unidad (46,20-30). Tercero, Autogenes (46,14-16; ) o el Uno Autogenerado preside sobre los individuos perfectos o almas individuales. El rol de Autogenes es actuar como el intelecto que desciende a las almas y las naturaleza, cuando ella conoció su propia existencia, y una vez se hubo erguido, produjo a aquel que contempló a todos aquellos que existen individualmente del mismo modo como él existe (46,10-20).

Tercero, entre el Espíritu Invisible y Barbelo existe una trinidad intermediaria llamada el Triponte que es la que limita la infinitud del Espíritu Invisible haciendo que este se autoconozca
(XI 48, 6-49,37): Puesto que es imposible para los individuos comprender el Todo que se halla en el lugar superior a la perfección, ellos comprenden por medio de una primera intelección (48,1-15). Entonces el Triponte es la potencia o actividad del Espíritu Invisible que hace que este se abra al mundo del ser y del intelecto (45, 22-27).


Lo que me interesa subrayar es la actividad visionaria o mística que vislumbramos en este tratado respecto a la divinidad. Ya el mismo nombre Allogenes significa extraño, lo que indicaría que el prototipo del visionario es un hombre al que este mundo material y mutable le es ajeno. Este visionario, al modo de Set (Gn 4,25), no pertenece al mundo lo que lo hace capaz de recibir la visión del ángel Youel. A pesar de estar cubierto de carne siente que una gran luz le rodea y que el Bien está con él, con el resultado de una progresiva divinización que se da en un doble movimiento: en cuanto se conoce a sí mismo y en la medida que va ascendiendo por los cielos. En la primera parte de la obra el vidente señala que conocí al que existe en el interior (61,1-10); la revelación primordial del primer principio…del Dios más sublime que la perfección (61,10-20); que el que pretenda conocerlo tiene que ignorarlo absolutamente (61,19-22); y tiene que guardar silencio respecto a la revelación del Triponte porque no es revelado sino a los fuertes. En la segunda parte de la obra, Allogenes es elevado a los cielos donde contempla a Kalyptos, Protophanes, y Autogenes, de ahí a Barbelo, (59, 9-60,12) y de ahí el Triponte. Cuando Allogenes contempla a éste último accede al ideal moral: la apatía, la ausencia total de deseos y de actividad alguna. Entonces ve a la Vida moverse (59,14-18; 60,19-24), a la Existencia fija en reposo (59,18-26; 60,28- 37), y a la Mente que verdaderamente está en reposo y que abraza todo el silencio y la inactividad (59,22). Allogenes conoce y desconoce a la divinidad porque se presenta corporal e incorporal, porque está más allá de toda perfección, superior a lo superlativo, descrito sólo a través de la teología negativa (XI 61,25-67,38). Y es que el Espíritu Invisible está más allá del tiempo (el mundo físico) y la eternidad (el mundo intelectual) (63, 21- 23; 65,22_23), es caracterizado por el no ser (62, 23; 65,32), por el silencio (61,21;62, 24-25; 65,19) y es completamente incognoscible (61,22; 63, 9-11; 63,28-32; 64, 10-12; 64,14-23; 66,23). Al final de estas visiones Allogenes, como representante de los místicos, siente un gran gozo. Ha alcanzado la visión de Dios y en consecuencia ha alcanzado el verdedero conocimiento.