La transformación del vidente en el Pensamiento Trimorfo


El pensamiento trimorfo o Las tres formas del primer pensamiento es un libro gnóstico barbelita con inclusiones setianas y cristianas. Data de mediados del siglo II, y guarda una fuerte influencia de la literatura joánica, especialmente el Prólogo del Evangelio y el Apócrifo de Juan. Como todo tratado gnóstico, el mundo material se entiende pervertido y caótico. Tenemos que liberarnos de él. Pero no podemos hacerlo sin la ayuda del conocimiento o revelaciones que vienen del mundo inmutable. A través de una serie de himnos Barbelo, o el primer pensamiento de Dios, narra cómo ha descendido tres veces al caos precisamente para despertarnos, para ayudarnos a reconocer quiénes somos en verdad, y así levantar nuestro pensamiento y actuar al mundo superior, ese mundo inmutable que no muda como el material. El primer descenso es como un Padre y una Voz (35,1-42,3) al modo como en el Apócrifo de Juan se escucha la voz revelando la imagen del Hombre sobre las aguas. El segundo descenso es como una Madre y se realiza al modo del sonido (44,4-46,4) que se manifiesta de diversas formas completando el Todo (42,3-10). El tercer descenso es al modo del Hijo que desciende como Palabra del primer pensamiento (46,5-50,21) para iluminar y despertar a los que están en la oscuridad (46,2-32).

Lo que me gustaría destacar de este tratado es el rito de los cinco cellos o ritual bautismal de la ascención que practicaba los miembros de esta comunidad y que los iniciaba en las realidades inmutables y eternas. Es la Palabra quien ha revelado este rito iniciatorio al hombre: le di del agua viviente que lo libera del caos que existe en la extrema oscuridad existente dentro del abismo total, es decir, el pensamiento de lo corporal y psíquico. Todo esto yo lo he revestido. Pero lo he despojado de él. Lo he revestido de una luz brillante, es decir el conocimiento del pensamiento de la paternidad. Y lo he entregado a los que dan la túnica –Yammon, Elaso, Amenai-y ellos lo cubrieron con una túnica de las túnicas de la luz; lo he entregado a los que bautizan, lo han bautizado- miqueo, Mijar, Mnesino- pero lo han sumergido en la fuente del agua de vida. Y lo he entregado a los que entronizan – Bariel, Nután, Sabenai-, ellos lo han entronizado con el trono de gloria. Y lo he entregado a los que glorifican- Arión, Elión, Farielellos lo han glorificado con la gloria de la Paternidad (48,1-30). Así, el bautismo setiano se entiende con diversos términos: inmersión, desvestirse, vestirse, ponerse ropa, unción ( 47,13-25). Todos implican una transformación mental, una abstracción del mundo físico y de la experiencia sensible, abstenerse de los disposiciones conductuales previas, desaprender lo antiguo para adoptar nuevas percepciones de uno mismo y del mundo para así entrar a un nivel de iluminación superior. Es también notable cómo en todo este proceso transformativo los seres angélicales tienen una importante participación en la experiencia del vidente.


Los cinco cellos son interpretados como cinco etapas de un ritual de ascensión que apunta a desvestir al espíritu del caótico mundo físico y material para revestirse de luz, ser coronado y bautizado por Micheus, Michar, y Mnesinous en la fuente de agua viva: El que posee los Cinco Sellos de estos nombres se ha despoado de la túnica de la ignorancia y revestido de una luz brillante….el pensamiento de la criatura que está dispersa presentará un solo aspecto y el caos oscuro se disolverá…Y les he proclamado los cinco sellos inefables para poder estar con ellos y que ellos estén en mí. Yo me he revestido de Jesús (49,15-50,12).